Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Vesta 3
Pasaron algunos días desde aquella visita al ducado Reed.
Sarah había vuelto por completo a su rutina.
Las mañanas estaban dedicadas a estudiar.
Las tardes a revisar documentos del ducado junto a su padre.
Y por las noches respondía la correspondencia que mantenía con Vesta.
Aquella mañana...
Una doncella llamó suavemente a la puerta de su despacho.
—Lady Sarah.
—¿Sí?
—Ha llegado un mensajero del ducado Reed.
Sarah levantó inmediatamente la vista.
—¿De Vesta?
—Sí, mi lady.
La sonrisa apareció sola.
—Hazlo pasar.
Minutos después, sobre su escritorio descansaban dos objetos.
Una elegante caja de madera.
Y una carta.
Sarah abrió primero la carta.
Reconoció inmediatamente la alegre caligrafía de Vesta.
Comenzó a leer.
"Querida Sarah..."
Las primeras líneas eran exactamente como esperaba.
Vesta le preguntaba cómo seguía su brazo.
Le agradecía nuevamente haber evitado que se golpeara al caer.
Y después...
Llegó una frase que hizo que Sarah dejara de leer durante unos segundos.
"¡Estoy embarazada!"
Sarah sonrió ampliamente.
—¡Qué buena noticia!
Continuó leyendo.
"Y no de uno..."
Sarah inclinó un poco la cabeza.
"Ni de dos..."
Parpadeó.
"Ni de tres..."
Sarah frunció ligeramente el ceño.
"¡Serán cuatro bebés!"
La joven cerró lentamente la carta.
Permaneció varios segundos completamente inmóvil.
La volvió a abrir.
Leyó nuevamente aquella parte.
Después una tercera vez.
Finalmente levantó la vista hacia la ventana.
—¿Cuatro?
No pudo evitar decirlo en voz alta.
[¿Cuatro?]
Recordó inmediatamente una de sus clases de historia y magia.
Cuando uno de los padres poseía una gran cantidad de maná...
No era extraño que nacieran gemelos.
Incluso trillizos, en familias excepcionalmente poderosas.
El motivo era sencillo.
El maná tendía a repartirse entre varios hijos para mantener cierto equilibrio.
Pero...
Cuatro...
Sarah apoyó lentamente una mano sobre la carta.
[Eso solo lo había leído en registros de familias imperiales.]
Los Reed realmente eran una casa extraordinaria.
Volvió a leer la carta.
Vesta escribía emocionada.
Que estaba feliz.
Que también tenía mucho miedo.
Que Joel prácticamente no la dejaba caminar sola desde que conoció la noticia.
Y al final...
Había añadido otra parte.
"También quiero agradecerte nuevamente por haberme sostenido aquel día."
"Y pedirte disculpas por la reacción de mi esposo."
"Sé que él no quiso ignorarte. Simplemente entró en pánico."
Sarah sonrió con ternura.
[Lo imaginaba.]
La carta terminaba diciendo..
"Espero que aceptes un pequeño regalo."
Sarah dejó la hoja sobre el escritorio.
Y abrió la elegante caja.
Dentro descansaba un precioso collar.
Era delicado.
Con pequeñas piedras verdes que brillaban suavemente bajo la luz.
Sarah abrió apenas los ojos.
—Es hermoso...
Debajo del collar había otro sobre.
Lo abrió con curiosidad.
Y entonces...
Sus ojos comenzaron a recorrer rápidamente varias hojas selladas.
Contratos.
Firmas.
Condiciones comerciales.
Volvió a leer la primera página.
Después la segunda.
Y finalmente dejó escapar un pequeño jadeo.
—¿Qué...?
Aquellos documentos otorgaban oficialmente a la casa Ivanov la administración y coordinación del suministro de materiales para la construcción de las escuelas impulsadas por la casa Reed.
No era un pequeño negocio.
Era un proyecto enorme.
Sarah respiró profundamente.
[Vesta... esto es muchísimo más que un regalo.]
Cuando el duque Ivanov revisó los contratos...
Le costó mantener la compostura.
Terminó de leer la última página.
La dejó cuidadosamente sobre el escritorio.
Y miró a su hija.
—Sarah.
Ella esperaba algún comentario técnico.
En cambio...
Su padre sonrió con un orgullo imposible de ocultar.
—Has hecho un excelente trabajo.
La duquesa también observaba los documentos.
—La confianza de la casa Reed no se obtiene fácilmente.
El duque asintió.
—Conozco bien a esa familia.
Apoyó una mano sobre el contrato.
—Son una de las casas más importantes del reino.
Miró nuevamente a Sarah.
—Y han decidido confiar en ti.
Sarah sonrió con modestia.
—Solo intenté ayudar.
El duque soltó una pequeña risa.
—Precisamente por eso llegaste tan lejos.
No todos compartían aquella felicidad.
Desde el pasillo...
Sienna había escuchado prácticamente toda la conversación.
Sus manos comenzaron a temblar.
[¿Por qué...?]
[¿Por qué siempre ella...?]
Sarah tenía el cariño de sus padres.
Ahora también la amistad de la duquesa Reed.
Un importante contrato comercial.
Y hasta regalos de una de las familias más influyentes del reino.
Sentía que la distancia entre ambas era cada vez mayor.
Días después...
Archibald Smith volvió a visitar la mansión Ivanov.
Como ya era costumbre...
Sarah desapareció educadamente antes de que pudiera iniciar una larga conversación.
Y, como también era costumbre...
Sienna apareció casi de inmediato.
—Lord Smith.
Él respondió con una sonrisa correcta.
—Sienna.
Ella aprovechó inmediatamente la oportunidad.
—¿Supo lo que ocurrió hace unos días?
Archibald la miró.
—¿Qué sucedió?
Sienna sonrió.
Sabía perfectamente cuál era la mejor forma de captar toda su atención.
Hablar de Sarah.
—Mi prima volvió del ducado Reed.
Archibald dejó inmediatamente la taza de té sobre la mesa.
—¿Del ducado Reed?
—Sí.
Sienna continuó.
Le contó sobre el desmayo de Vesta.
Sobre el embarazo.
Sobre los cuatro bebés.
Sobre el collar.
Y, finalmente...
Sobre el enorme contrato firmado entre los Reed y los Ivanov.
Mientras hablaba...
Archibald escuchaba con una atención absoluta.
Sienna creyó que finalmente estaba mirándola a ella.
Así que decidió rematar.
—Aunque...
Suspiró teatralmente.
—Sinceramente creo que Sarah jamás será una buena esposa.
Archibald la observó.
—¿Por qué dice eso?
—Porque solo piensa en documentos.
Negó con la cabeza.
—Siempre está estudiando administración. Negocios. Contratos. Leyes. Jamás habla de vestidos. Ni de bailes. Ni de cosas propias de una dama.
Sonrió con aparente preocupación.
—A veces pienso que olvida cuál debería ser su verdadero papel.
Archibald permaneció en silencio.
Sienna interpretó aquel silencio como interés.
No entendía que...
Mientras ella hablaba intentando disminuir a Sarah...
Él estaba pensando en otra cosa completamente distinta.
[La casa Reed...]
Él apenas conocía el nombre de aquella familia por referencias.
Nunca había sido recibido en su mansión.
Jamás había conversado con ellos.
Y Sarah...
Con solo diecisiete años.
Los visitaba.
Hacía negocios con ellos.
Intercambiaba cartas con la duquesa.
Recibía regalos personales.
Y además había conseguido un acuerdo comercial que muchos nobles adultos habrían envidiado.
Todo eso...
Antes siquiera de alcanzar la mayoría de edad.
Archibald sintió una mezcla de admiración y frustración.
[Cada vez está más lejos de mi alcance.]
Pero aquello jamás lo diría en voz alta.
Sienna continuaba hablando.
Intentando convencerlo de que Sarah era una joven poco adecuada para el matrimonio.
Archibald apenas respondía con alguna frase breve.
Ella interpretaba aquellas respuestas como interés hacia su persona.
No comprendía la realidad.
Porque Archibald sabía perfectamente que Sienna intentaba seducirlo.
Lo notaba en las sonrisas.
En las miradas.
En las conversaciones que siempre buscaban prolongarse.
Pero nunca correspondió a ninguna de ellas.
Porque, para él...
Sienna jamás había sido algo más que una sirvienta de la casa Ivanov.
La única razón por la que seguía mostrándose educado con ella...
Era mucho más simple.
Era el único puente que todavía tenía hacia Sarah.
Mientras Sienna creyera que podía conquistarlo...
Seguiría contándole todo lo relacionado con la heredera Ivanov.
Y él podría saber cómo avanzaban sus estudios.
Con quién se reunía.
Qué proyectos desarrollaba.
Qué familias comenzaban a acercarse a ella.
Cuando la conversación terminó...
Archibald observó unos segundos la ventana del salón.
Desde allí podía verse, a lo lejos, la biblioteca del ala oeste.
Sabía perfectamente dónde estaba Sarah.
Probablemente rodeada de libros y documentos.
Sin siquiera recordar que él había llegado de visita.
Y, por primera vez en mucho tiempo...
Sintió que la historia que había imaginado para sí mismo ya no dependía de él.
Porque Sarah Ivanov avanzaba tan rápido que empezaba a moverse en un círculo de personas al que él todavía ni siquiera había logrado entrar.
Pero que gracias a ella entraría y despues cuando ya tuviera asegurado su lugar, Sarah le daría hermosos hijos, sus herederos.. su fortuna.. y su belleza..
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶