Mateo Rinaldi es el titán tecnológico: frío, metódico y controlador, con un secreto que desentona con su fachada de piedra: unos celos posesivos e invisibles que lo consumen cada vez que alguien osa mirar de más a su esposa.
Valeria Cienfuegos es la reina de la moda y los bienes raíces: brillante, desinhibida y dueña de un humor ácido capaz de dinamitar la seriedad de Mateo en segundos.
Con dos décadas de matrimonio, tres hijos caóticos y las dos empresas más poderosas del país sobre sus hombros, su vida es una guerra constante entre las altas finanzas y la convivencia indomable. Cuando las presiones del mercado amenacen con destruirlos, descubrirán que tras veinte años de rivalidad y pasión, los polos opuestos no solo se atraen: se vuelven indispensables.
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GUERRA COMERCIAL EN EL PISO CINCUENTA
El ascensor privado del edificio de Rinaldi Tech parecía moverse a cámara lenta. Valeria cruzó los brazos, con el traje fucsia impecable y una sonrisa desafiante dibujada en los labios, mientras observaba cómo los números digitales ascendían de forma implacable hasta el piso cincuenta.
—Ese hombre ha perdido totalmente la cabeza —murmuró para sí misma, aunque por dentro sentía una mezcla embriagadora de adrenalina y diversión—.
¿Comprar acciones de mi empresa para "proteger activos sentimentales"? Si creía que con eso iba a intimidarme, es que no me conoce después de veinte años de matrimonio.
Cuando las puertas de metal se abrieron con un suave suspiro neumático, Valeria salió pisando fuerte por el pasillo. La secretaria personal de Mateo intentó detenerla con un gesto de pánico institucional.
—S-señora Cienfuegos, el señor Rinaldi está en medio de una videoconferencia con los socios de Frankfurt, no puede pasar así nada más... —balbució la asistente, levantándose de su escritorio.
—Tranquila, preciosa. Dile a los alemanes que un asunto de seguridad nacional conyugal requiere atención prioritaria —respondió Valeria guiñándole un ojo con simpatía, antes de empujar la imponente puerta de caoba de la oficina principal sin molestarse en tocar.
Dentro del despacho, Mateo estaba de pie frente a los ventanales panorámicos, con los auriculares puestos y una expresión gélida mientras escuchaba los reportes bursátiles en su pantalla principal. Al ver entrar a su esposa como una exhalación de color fucsia, se quedó congelado a mitad de una frase corporativa.
—Disculpen, señores, receso de cinco minutos —soltó Mateo con voz cortante a través del micrófono, cerrando la transmisión de golpe antes de girarse lentamente hacia ella.
Cruzó los brazos sobre su pecho, adoptando su postura más imponente, aunque un brillo de innegable fascinación delató su fachada de piedra.
—¿Se puede saber qué haces aquí, Valeria? Se supone que estabas liderando tu junta directiva y no invadiendo jurisdicciones ajenas con una OPA hostil pendiente de revisión legal —espetó Mateo con falsa severidad.
Valeria acortó la distancia entre ambos a zancadas firmes, hasta quedar a escasos centímetros de su pecho.
Levantó la barbilla para mirarlo directamente a los ojos oscuros, apoyando una mano enguantada en la solapa de su traje gris.
—¿Una OPA hostil, Mateo? ¿En serio? —se burló ella con un tono ácido y divertido—.
¿Gastaste millones de dólares de nuestro patrimonio común para comprar acciones de mi empresa solo porque un hotelero se subió a un avión con destino a los Alpes suizos? Estás oficialmente enfermo de celos, mi amor. Deberían internarte en una clínica de rehabilitación para magnates inseguros.
Mateo no se inmutó. Al contrario, bajó la mirada hacia los labios de su esposa y estiró los brazos para rodarla con fuerza por la cintura, pegándola a su cuerpo con una posesividad feroz que desafiaba cualquier protocolo de oficina.
—No son celos, es estrategia macroeconómica de defensa territorial —murmuró él con voz ronca, muy cerca de su boca, rozando su piel con una intensidad peligrosa—. Y si tengo que comprar cada maldita acción de tu compañía para asegurarme de que ningún idiota se atreva a mirarte dos veces en una junta directiva, lo haré sin dudar ni un segundo.
Valeria soltó una risa ahogada, completamente rendida al magnetismo de ese hombre terco, posesivo y profundamente enamorado que, tras veinte años, seguía perdiendo los papeles por ella.
—Eres un imbécil adorable, Mateo Rinaldi —susurró Valeria antes de morderle suavemente el labio inferior—. Pero si crees que vas a controlarme comprando mi empresa, te equivocas... Porque la única OPA que me importa en este momento es la que vas a hacerme en nuestra cama esta misma noche.
Mateo gruñó por lo bajo, perdiendo toda la paciencia corporativa que le quedaba, y atrapó su boca en un beso hambriento y profundo que hizo temblar hasta los rascacielos de la competencia.
pensé que iba hacer una novela aburrida, Pero me callo la boca Escritora🫥...
Buena redacción.
Buenas ortografía.
Buen balance.
50 y 50 de cada uno.
mismo poder, mismo liderazgo y mismo Lealtismo..
10/10.
es como el vino, estre más viejo, más bueno sabe.