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Imperio De Mentiras.

Imperio De Mentiras.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Atracción entre enemigos
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

El imperio más codiciado de Italia que no le pertenece a nadie… excepto a él.

Ella heredó algo que no le pertenecía y él está dispuesto a quitárselo.

Entre pasiones calculadas y verdades que amenazan con destruirlos a ambos, la pregunta no es quién ganará… sino quién caerá primero en su propia trampa.

NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Fabiola dio dos pasos hacia atrás, fuera del alcance del abrazo de Alejandro. Sus labios, teñidos del rojo oscuro del *Barolo* y aún tibios por el fuego del beso, dibujaron una curva provocadora. La respiración de ambos era agitada, un ritmo acelerado que contrastaba con la calma sepulcral de la noche sobre Turín.

Alejandro permaneció inmóvil junto a la balaustrada. Sus ojos, oscuros como el carbón, no se apartaban de ella ni un solo milímetro. En su rostro no quedaba rastro del frío inversionista ni del calculador líder de los consejos de administración: era la mirada de un cazador que acababa de probar la sangre y no pensaba regresar a la jaula.

—Este lugar se nos quedó pequeño, Santamaría —dijo Fabiola, abrochándose lentamente el abrigo mientras sostenía esa mirada magnética—. Demasiados ojos, demasiada etiqueta.

—Conozco un lugar —respondió Alejandro. Su voz era un murmullo grave, raspado por la tensión—. Sin camareros, sin guardias, sin nadie que interrumpa lo que estamos a punto de empezar.

Fabiola caminó hacia él hasta quedar a escasos centímetros. Extendió una mano, ajustó el cuello de la camisa de Alejandro con una lentitud fingida y rozó con sus nudillos la línea dura de su mandíbula.

—Tú conduces —murmuró ella, desprendiéndose de las llaves de su deportivo y dejándolas caer sobre la mano de él—. Pero te advierto algo, Alejandro: una vez que crucemos esa puerta, no hay marcha atrás.

Alejandro cerró los dedos alrededor de las llaves con un chasquido seco.

—Nunca doy un paso atrás, Fabiola —sentenció él.

Quince minutos más tarde, el deportivo negro devoraba las avenidas desiertas que serpenteaban hacia la ladera este de Turín, alejándose del centro urbano. Las luces de la ciudad se convirtieron en un mar de luciérnagas doradas a medida que ascendían por la colina.

El destino era una villa privada de arquitectura vanguardista, oculta tras muros de piedra volcánica y un frondoso bosque de pinos. Era el refugio personal de Alejandro, un lugar cuya ubicación no figuraba en ningún registro comercial y donde solo su círculo más íntimo —aquellos que sabían exactamente quién era el *Don*— conocía su existencia.

Alejandro detuvo el auto frente al portón de hierro macizo, que se abrió de forma automática al detectar el código de proximidad. Avanzó por el sendero de gravilla hasta la entrada principal, una estructura de hormigón pulido y enormes ventanales de cristal ahumado que se asomaban directamente al abismo de la colina.

Apagó el motor. El silencio en el interior del habitáculo se volvió de nuevo denso, cargado de una expectativa eléctrica.

Fabiola no esperó a que él le abriera la puerta. Bajó del auto con elegancia implacable, taconando sobre la piedra mientras miraba la imponente fachada. Sabía perfectamente que entrar ahí significaba adentrarse en el corazón mismo del territorio del enemigo; un territorio donde las leyes de la calle y de la mafia mandaban sobre cualquier norma escrita. Pero la adrenalina le quemaba las venas.

Alejandro abrió la pesada puerta de madera maciza y la dejó pasar.

El interior era una obra de arte sobria y oscura: suelos de mármol negro pulido, una chimenea de vapor encendida que proyectaba sombras danzantes sobre las paredes de piedra y una tenue iluminación tenue que apenas rasgaba la penumbra.

Fabiola avanzó hacia el centro del salón, dejando caer su abrigo negro sobre el respaldo de un sofás de cuero. Llevaba un vestido de seda borgoña que se ajustaba a su figura como una segunda piel, dejando al descubierto sus hombros pálidos y la curva delicada de su espalda.

Se giró hacia Alejandro, quien acababa de cerrar la puerta con un golpe sordo. Él se quitó el abrigo con parsimonia, lo arrojó sobre una consola de madera y comenzó a desabrocharse los puños de la camisa, avanzando hacia ella con pasos lentos, seguros, devorándola con la mirada.

—Bienvenida a mi territorio, Fabiola —dijo él, deteniéndose a solo un paso de distancia—. Aquí no hay juntas directivas, no hay abogados, ni tampoco hay acuerdos que proteger. Solo estamos tú y yo.

Fabiola esbozó una sonrisa helada, manteniendo la cabeza en alto a pesar de que el pulso le retumbaba en los oídos.

—Me gusta tu territorio, Santamaría —dijo ella en un susurro, cruzando los brazos sobre el pecho en un gesto de falso desinterés—. Aunque huele demasiado a peligro.

—Tú no le tienes miedo al peligro —repuso Alejandro, acortando la última distancia hasta que el calor de su cuerpo envolvió al de ella—. Te alimenta. Lo busques en la pista a trescientos kilómetros por hora o lo busques en mí.

Alejandro extendió la mano y sujetó a Fabiola por la cintura con una firmeza que no admitía réplica, pegándola brutalmente contra su pecho. Con la otra mano, le sujetó el mentón, obligándola a alzar el rostro para mirarlo directamente a los ojos.

—Dime la verdad, Fabiola —murmuró él, rozando sus labios contra la piel de su cuello, haciendo que un estremecimiento inevitable recorriera la columna de la heredera—. ¿Viniste aquí para vencerme, o porque estás cansada de fingir que no deseas esto tanto como yo?

Fabiola enredó sus dedos en el cabello oscuro de Alejandro, tirando ligeramente hacia atrás para obligarlo a mirarla de frente. Sus ojos oscuros brillaban con una mezcla peligrosa de triunfo, deseo y ambición pura.

—Vine porque me gusta jugar con fuego, Alejandro —respondió ella con la voz entrecortada por la cercanía—. Y porque quiero ver qué pasa cuando el gran *Don* pierde el control por completo.

Alejandro soltó una risa baja, oscura y feroz antes de volver a apoderarse de sus labios en un beso infinitamente más salvaje, hambriento e imponente que el de la terraza, arrastrándola hacia la penumbra del sofocante salón donde las mentiras, las traiciones y la sed de poder finalmente iban a consumirse juntas.

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Isis Vargas Pinzon
Querida Escritora, nos tiene en ascuas 🤣😂 estamos esperando sus capítulos finales, ya hay que desenmascarar a los implicados y que salga a luz la traición y maldad de los verdaderos culpables, Fabiola es una mujer dura y completamente desconfiada al grado de no creer en quién verdaderamente la ama, ya se está poniendo tediosa la historia.
Isis Vargas Pinzon
Lo sabía, Fabiola le tiene una confianza tan grande a Koala que tenía que volver a la historia, no me equivoqué 👏👏👏, ahora Alejandro va a tener que estar agradecido con Koala y confíar más en las demandas de Fabiola.
Isis Vargas Pinzon
Ya me cayó mal Fabiola, porque es tan terca y orgullosa, porque no deja que el le explique lo que realmente pasó en el balcón...
Isis Vargas Pinzon
😜🤣😂 jajajaja jajajaja jajajaja jajajaja, que chinga te pusieron Stefano, jajajaja jajajaja, muero de risa 😂🤣😃 olvídate de tus locuras con Fabiola, Alejandro te chingó gacho jajajaja jajajaja
Isis Vargas Pinzon
Noooo, pero que perro es Alejandro, si Koala solo la cuidó y protegió, era para que lo perdonara 😡😡😡
Isis Vargas Pinzon
Qué CABRONES 🤬😡
Isis Vargas Pinzon
👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
Ándele pendeja Vieja 😡 le ganó la ambición y le va a costar caro por traidora 😡🤬
Isis Vargas Pinzon
Woow, que buen capítulo 👍 muy emocionante y tenso a la vez.!
Isis Vargas Pinzon
Yo solo sé, que cuándo Alejandro encuentre a Fabiola sana y salva, no va hacerle nada a Koala, porque cuidó de ella embarazada de su hijo, ya que Koala estará protegido por Fabiola por su fidelidad y protección.
Isis Vargas Pinzon
Yujuuu... eso es todo Alejandro, tienes que encontrarla 👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
👏👏👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
No creó que lo haga, yo pienso que al contrario , Alejandro se lo va agradecer por cuidarla.
Isis Vargas Pinzon
¡¡¡ Lo sabía.!!! Koala se tiene que quedar a cuidarla como su fiel guardián.
Isis Vargas Pinzon
jajajaja jajajaja si que le va a costar encontrarla, y en lugar de castigarlo o matarlo le va a tener que agradecer a Koala por cuidarla a salir del país con un embarazo en riesgo. Pobre Alejandro, anda como león enjaulado 🤣😜
Isis Vargas Pinzon
No imagino que pasará cuándo se de cuenta Alejandro que Fabiola y Koala desaparecieron al mismo tiempo.
Isis Vargas Pinzon
Que tonta Fabiola, tiene a Alejandro que es el padre de su hijo para que la proteja, pero su orgullo, arrogancia y soberbia no la dejan actuar con inteligencia... ay mujer, que pinche necesidad de huir, cuando tienes al "Don" a tus pies.
Dalia H: Deja que la agarre 🤭🤭🤭🤭
total 1 replies
Isis Vargas Pinzon
🤣😂 jajaja jajajaja está embarazada y ahí se va a enterar Alejandro y Stefano quedará más encabronado porque Alejandro es el padre, jajajaja me encantó el final del capítulo 👏👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
😡😡😡😡
Isis Vargas Pinzon
Qué estupido Alejandro, cayó en la trampa de la manera más tonta con esa confesion absurda y Fabiola no se da cuenta que todo es un ardiz para que se decepcionara de Alejandro, que fácil le salió la jugada a los perversos.😡🤬
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