Valeria solo quería encajar. Por eso aceptó ir a esa fiesta con sus compañeras de universidad, sin sospechar que su presencia molestaba más de lo que creía. Su brillante expediente académico y la atención involuntaria del chico más codiciado del campus la habían convertido en el blanco de una envidia silenciosa. Esa noche, una trampa meticulosamente diseñada destruyó su reputación en cuestión de horas y alteró el curso de su vida para siempre.
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Capítulo XVI Un paso para el amor
El ambiente cálido que se había creado entre Dante y Valeria daba paso a que entre ellos hubiera un acercamiento más allá de un contrato tan complejo como el que ellos habian firmado.
Dante inclinó la cabeza despacio, dándole tiempo a ella de alejarse si así lo deseaba. Al ver que Valeria solo cerraba los ojos y suspiraba, depositó un beso suave y prolongado en su frente, sosteniéndola contra su pecho en un abrazo protector que no buscaba nada más que brindarle refugio.
Valeria se aferró a la espalda de su esposo, escondiendo el rostro en su cuello y dejando que el latido firme del corazón de Dante se convirtiera en su único ancla en medio de la incertidumbre.
A las seis de la mañana del día siguiente, la camioneta de los Salazar ya cruzaba las puertas del centro médico. El ambiente en el piso de cirugía era tenso y estéril.
En la habitación de preparación, Alejandro ya consciente y vistiendo la bata azul de quirófano sonrió al ver entrar a su hermana.
—Vale… —murmuró el joven con voz débil pero optimista.
—Hola, mi amor —dijo Valeria, acercándose rápidamente a la cama para tomar su mano y besar su frente—. Llegó el día. Hoy vas a dar el paso más importante para sanar.
—Tengo un poco de miedo, no te voy a mentir —admitió el chico, mirando los monitores a su alrededor.
—Es normal tener miedo, campeón —intervino Dante, dando un paso al frente con actitud imponente pero cercana.
Alejandro miró al magnate con curiosidad. Era la primera vez que lo veía en persona, aunque Valeria le había contado brevemente el día anterior que Dante era el hombre que había asegurado su custodia y pagado los mejores especialistas.
—Tú debes ser el famoso Dante del que me habló mi hermana —dijo Alejandro, intentando esbozar una sonrisa—. Gracias por ayudar a Vale. Ella siempre ha llevado todo el peso de la casa sola.
Dante sonrió de lado, inclinándose levemente hacia el muchacho para darle un apretón de manos firme.
—Tu hermana es la mujer más valiente que he conocido, Alejandro. Ahora me toca a mí cuidar de los dos. Entra a ese quirófano con la cabeza en alto y lucha, que afuera te vamos a estar esperando.
Las puertas dobles del pabellón quirúrgico se abrieron y el equipo médico, encabezado por el doctor Ignacio y los especialistas importados por Dante, indicó que era hora de trasladar al paciente.
—Te amo, hermanito. Nos vemos en unas horas —susurró Valeria, apretando la mano de Alejandro hasta el último segundo antes de que la camilla cruzara el umbral restringido.
Las puertas automáticas se cerraron con un sonido seco, dejando la luz roja de "En Quirófano" encendida en la pared.
Valeria se quedó inmóvil en medio del pasillo, sintiendo que las piernas le temblaban. Sintió la mano cálida de Dante entrelazarse con la suya con fuerza. La prueba de fuego había comenzado.
Mientras ellos esperaban fuera del quirófano, en otro lado se encontraba Mateo Salazar, quien iniciaba los preparativos para su compromiso, pero invadido por una sombra de nostalgia al pensarse en Valeria.
—¿Dónde estás, Valeria? Desde hace dias no te apareces por el campus —susurró para sí mismo mientras movía con lentitud un vaso de wisky que tenía entre sus dedos.
La puerta de su oficina se abrió, Diana pasó por el umbral de esta manteniendo una postura firme y aristocrática.
—Daría todo lo que poseo por saber que estás pensando —comentó dando pasos firmes hacia su prometido.
—Si lo supieras te arrepentirías de saberlo —respondió Mateo con frialdad —. Sigues pensando en una mujer que se fue con un desconocido… realmente eres patético.
La relación entre Mateo y Diana era un acuerdo entre sus familias, entre ellos no había amor, solo una desmedida ambición por ser los dueños de todo lo que al apellido Salazar se refería.
—Ella no es así, algo debió pasárle —defendió Mateo con preocupación.
—Eres un idiota, ella es una muerta de hambre y seguramente se dio cuenta que su única manera de subir en la sociedad era meterse en la cama de un viejo verde —el veneno salía en cada palabra que Diana emitía.
—¡Cállate, no te permito hables así de ella! —rugió Mateo perdiendo la paciencia.
Diana soltó una risa burlona sabiendo que seguramente Valeria ya no estaba en este plano terrenal, pues los hombres que contrataron ella y Elena dijeron que la muy estúpida se había ido con un desconocido.
—Piensa lo que quieras, ahora olvidemos a esa don nadie y hablemos de nuestro compromiso, ya es en una semana y aún faltan detalles por atender —ordenó Diana sabiendo cuál era la prioridad.
Mateo guardó sus pensamientos para sentarse a hablar con Diana sobre sus planes una vez consignan la fortuna Salazar, aunque su corazón seguía añorando ver a Valeria.
se me hizo tan corta y muy buena 👍😍