Un matrimonio que ninguno eligió. Un hombre que no la ama. Y un secreto que cambiará sus vidas para siempre.
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CAPÍTULO 5 Una mentira suficiente
Cuando Aitana regresó a la mansión aquella tarde, intentó dejar atrás lo ocurrido en la universidad. Había sido demasiado para un solo día: las miradas, los murmullos y las palabras de Gael todavía daban vueltas en su cabeza. A pesar de todo, una pequeña parte de ella seguía aferrándose al recuerdo del niño que había conocido años atrás. No quería creer que aquel Gael pudiera convertirse en alguien capaz de hacerle daño.
Al entrar a la casa, escuchó unas voces provenientes de la sala. Se detuvo al reconocer una de ellas.
Valentina.
Aitana caminó lentamente hasta la entrada y la encontró conversando con Gael. Él parecía sorprendido de verla allí, mientras Valentina tenía una expresión completamente diferente. Al verla, la joven sonrió con una mezcla de superioridad y desprecio.
—Así que finalmente llegaste —dijo Valentina.
Aitana sostuvo su mirada.
—Sí.
Valentina recorrió con los ojos su ropa y después miró el anillo que llevaba en la mano.
—Todavía no puedo creer que estés casada con Gael.
—Yo tampoco imaginé que terminaría así.
Gael permaneció en silencio, observándolas.
Valentina se acercó a Aitana.
—Quiero hablar contigo.
—No tenemos nada que hablar.
—Claro que tenemos. Tú entraste en mi vida de un día para otro y ahora estás viviendo en mi lugar.
Aitana negó lentamente.
—Yo no te quité nada.
—¿Ah, no? —Valentina soltó una pequeña risa—. Entonces explícame por qué estás usando su apellido.
Aitana respiró profundamente.
—Porque fue una decisión que tomó su abuelo.
Valentina miró hacia Gael y luego volvió a fijarse en ella.
—No te confundas, Aitana. Que tengas un anillo no significa que Gael te quiera.
Aquella frase le dolió, aunque Aitana intentó ocultarlo.
—Eso ya lo sé.
Valentina pareció disfrutar de su reacción.
—Entonces deberías saber también que él siempre va a elegirme a mí.
Aitana no respondió. Simplemente intentó pasar junto a ella, pero Valentina volvió a detenerla.
—¿Sabes qué es lo peor? Que ahora actúas como si fueras la dueña de esta casa.
Aitana frunció el ceño.
—Nunca he dicho eso.
—Sí lo dijiste.
—No.
Valentina se acercó un poco más y bajó la voz.
—Ya veremos si Gael te cree a ti o a mí.
Aitana la miró sin entender.
Valentina esperó hasta que Gael estuviera cerca y entonces cambió completamente su expresión. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Gael...
Él inmediatamente se acercó.
—¿Qué pasó?
Valentina miró a Aitana.
—No quería decírtelo, pero no puedo seguir fingiendo que todo está bien.
Aitana sintió un escalofrío.
—Valentina...
—Ella me dijo que ahora mandaba en esta casa —continuó Valentina—. Me dijo que tú ya no eras necesario aquí y que yo no tenía derecho a venir.
Aitana abrió los ojos.
—Eso es mentira.
Valentina continuó antes de que Gael pudiera preguntarle nada.
—Intenté hablar con ella, pero se puso agresiva y me empujó.
Gael giró lentamente hacia Aitana.
—¿La empujaste?
—No. Gael, te juro que no hice nada.
—¡Valentina jamás inventaría algo así!
Aitana sintió cómo se le quebraba la voz.
—Tienes que creerme.
Gael estaba cegado por la rabia.
—¡Ya basta!
Aitana retrocedió un paso.
—Gael...
En un impulso de ira, Gael le dio una cachetada.
Todo quedó en silencio.
Aitana permaneció inmóvil, incapaz de comprender lo que acababa de suceder. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras miraba al hombre que había amado desde niña.
Gael respiró agitado. Incluso él pareció sorprenderse de su propia reacción.
Aitana no dijo nada.
Solo bajó lentamente la mirada.
En ese instante, algo dentro de ella se rompió un poco.
No dejó de quererlo.
Todavía no.
Pero por primera vez comenzó a preguntarse si el Gael que había guardado durante tantos años en su corazón realmente existía.
Y mientras Aitana se alejaba en silencio, Valentina tomó la mano de Gael.
Ella había conseguido exactamente lo que quería.
Que él eligiera creerle a ella.