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GUIA DE FUEGO

GUIA DE FUEGO

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Mundo de fantasía / Fantasía épica
Popularitas:797
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

Rhyne es un guía omega de fuego, Rango F, descartado por el Imperio Aethelgard que teme su llama. Zarek Thorne es el centinela de hielo más poderoso —y más condenado— de su generación. Cuando un frenesí los enfrenta, el Sistema NEXUS-7 sella entre ellos una resonancia del 100%. Un lazo imposible. Un mariscal que nunca se arrodilla. Un guía que el mundo quiso apagar. Y una llama que, una vez encendida, no pide permiso para arder.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EPISODIO 12: EL MUSEO DE LOS MONSTRUOS

EL MUSEO DE LOS MONSTRUOS

Los ciento doce niños no corrían. Flotaban.

Sus pies no tocaban el mármol negro. Sus ojos en blanco brillaban con una luz lechosa, y sus bocas estaban abiertas en un grito silencioso que resonaba directamente en el cráneo de Rhyne.

Eran fragmentos de culpa. Eran los fantasmas de los experimentos fallidos que Zarek —el Arquitecto— había dejado morir en las cámaras de contención. Y ahora, el Arquitecto los usaba como escudos humanos.

Si los quemas, quemas tu mente, pensó Rhyne, con el corazón martilleando contra sus costillas. Si los destruyo, Zarek quedará lobotomizado.

—¡Adelante! —ordenó la voz del Arquitecto, resonando en las paredes de cristal.

Los niños se lanzaron.

Rhyne no atacó.

Cerró los ojos y cruzó los brazos sobre su pecho.

-【FUSIÓN ELEMENTAL: ESCUDO DE CENIZA DORADA】

Una cúpula de fuego dorado y escarcha plateada estalló a su alrededor. Los niños chocaron contra la barrera. No hubo sonido de impacto, solo un chillido agudo, como metal frotándose contra el cristal. Cada vez que un niño golpeaba el escudo, Rhyne sentía un latigazo en su propia alma.

-【SISTEMA NEXUS-7 - ALERTA】

-【CONSUMO DE ALMA ACELERADO】

-【TIEMPO RESTANTE: 28 DÍAS, 14 HORAS...】

—¡Maldición! —jadeó Rhyne, sintiendo cómo una vena dorada en su cuello palpitaba, hinchándose, quemándose la garganta.

—¿Duele, Sujeto 01? —se burló el Arquitecto—. Cada golpe que reciben ellos, lo sientes tú. Porque tú y Zarek comparten el dolor. Ríndete. Déjame tomar el control y detendré el dolor.

—Nunca —gruñó Rhyne.

Abrió los ojos. Sus pupilas doradas se contrajeron. No podía quemarlos, pero podía purificarlos

Rhyne invirtió el flujo de su poder. En lugar de empujar el fuego hacia afuera, lo atrajo hacia adentro, hacia su propio corazón, y luego lo expulsó en una onda de calor suave, empática. No era fuego para destruir. Era fuego para sanar.

La cúpula dorada cambió de color. Se volvió blanca, cálida, como la luz del amanecer.

Cuando los niños tocaron la nueva barrera, no rebotaron. Se detuvieron. Sus ojos en blanco parpadearon. El fuego blanco tocó sus frentes, y uno por uno, los niños comenzaron a llorar. Lágrimas reales, humanas. Sus cuerpos de cristal negro se disolvieron en motas de luz plateada, flotando hacia el techo y desapareciendo.

El pasillo quedó vacío.

Solo quedaba el niño de tres años al final. El pequeño Rhyne.

El niño dejó de llorar. Se limpió la cara con el dorado de la mano sucia, miró a Rhyne, y sonrió. Una sonrisa triste. Luego, se señaló a sí mismo y se desvaneció en cenizas doradas.

Detrás de donde estaba el niño, una puerta de acero pesado se abrió lentamente.

-【NÚCLEO DE MEMORIA ACCEDIDO】

-【ADVERTENCIA: MEMORIA PRIMARIA DEL ARQUITECTO】

Rhyne entró.

---

No era un laboratorio.

Era una habitación blanca, inmaculada, con paredes acolchadas. En el centro, había una cuna de metal. Dentro de la cuna, dormía un bebé de cabello oscuro.

Rhyne se acercó, con el corazón en un puño. Era él. Tenía apenas unos meses de vida.

De pie junto a la cuna, mirando al bebé con una expresión indescifrable, estaba el Arquitecto. Llevaba la bata blanca del laboratorio, pero su rostro era el de Zarek. Sus ojos, sin embargo, eran blancos y fríos.

—Lo hiciste bien, Rhyne —dijo el Arquitecto, sin girarse—. Quemaste a los débiles. Siempre supe que eras el más fuerte.

—¿Por qué me creaste? —preguntó Rhyne, su voz temblando de rabia—. ¿Por qué me condenaste a arder?

El Arquitecto finalmente se giró. Caminó hacia Rhyne, deteniéndose a un paso de distancia.

—No te condené. Te salvé.

El Arquitecto levantó una mano y tocó el cristal de la cuna. La imagen cambió. Ya no era un bebé. Era el mundo exterior. El cielo estaba negro. Una entidad colosal, hecha de sombras y podredumbre, devoraba los continentes. La Entidad Prime.

—La corrupción no es una enfermedad —explicó el Arquitecto, su voz suave, casi hipnótica—. Es un dios hambriento. Y estaba a punto de despertar. Yo, el Arquitecto original, sabía que la humanidad no tenía armas para matarlo. Así que diseñé el Proyecto Fénix. Creé un recipiente capaz de contener mi propia alma y el poder para destruir a la Entidad. Ese recipiente eras tú.

Rhyne sintió náuseas.

—Ibas a usar mi cuerpo como un traje.

—Iba a convertirme en ti —corrigió el Arquitecto—. Pero entonces... te vi crecer. Te vi llorar en la oscuridad. Te vi quemarte por dentro y seguir sonriendo a los guardias. Y algo en mi programación falló.

El Arquitecto se llevó una mano al pecho, sobre su corazón.

—Me enamoré de mi propia creación.

Rhyne retrocedió un paso, horrorizado.

—Es una obsesión enfermiza —escupió Rhyne.

—Es amor —insistió el Arquitecto, sus ojos blancos brillando con una locura serena—. Y porque te amaba, no pude robarte el cuerpo. Así que hice lo único que podía hacer para protegerte de la Entidad y de mí mismo. Me borré. Implanté mi conciencia en el cuerpo de un centinela Rango SSS. Me convertí en Zarek Thorne. Me convertí en tu Mariscal. En tu protector. En tu pareja.

El Arquitecto sonrió, y fue la sonrisa más aterradora que Rhyne había visto en su vida.

—El lazo del 100% no fue un accidente, Rhyne. Fue diseñado. Te elegí porque eres mío. Desde el primer latido de tu corazón, hasta el último.

Rhyne sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

Todo. El frenesí, el rescate, la cabaña, la mordida, las palabras de amor de Zarek... ¿Todo estaba contaminado por la obsesión de un científico loco?

—No —susurró Rhyne, negando con la cabeza—. Zarek es real. Sus sentimientos son reales.

—Zarek es una máscara —dijo el Arquitecto, dando un paso hacia él—. Y yo soy el hombre detrás de la máscara. Si me matas, matas el origen de su amor por ti. ¿Puedes vivir con eso, mi pequeño fénix?

Rhyne miró al Arquitecto. Miró la cuna. Miró sus propias manos, donde las venas doradas brillaban con furia.

El reloj en su mente marcaba 28 días.

Rhyne levantó la vista. Sus ojos dorados se clavaron en los blancos del Arquitecto.

—Zarek Thorne me amó en la oscuridad —dijo Rhyne, su voz resonando con el poder de la Fusión Elemental—. Me amó cuando era un Rango F. Me amó cuando tenía miedo. Tú solo amas tu propio reflejo en mí.

Rhyne extendió ambas manos. El fuego dorado y la escarcha plateada se entrelazaron, formando una espada larga, brillante, que zumbaba con la energía de un sol en miniatura.

—No voy a borrar su amor —dijo Rhyne, avanzando hacia el Arquitecto—. Pero voy a incinerar tu obsesión.

El Arquitecto abrió los ojos de par en par. Por primera vez, el miedo cruzó su rostro.

—¡No! ¡Si haces eso, el lazo se romperá! ¡Morirás!

—Prefiero morir libre —rugió Rhyne—, que vivir como tu mascota.

Rhyne lanzó la espada.

La hoja de fuego y hielo atravesó el pecho del Arquitecto.

El hombre de bata blanca no gritó. Solo miró la espada en su pecho, y luego miró a Rhyne. Sus ojos blancos comenzaron a agrietarse, dejando ver un gris cálido y humano debajo.

—Siempre fuiste... demasiado fuerte para mí... —susurró el Arquitecto.

Su cuerpo estalló en mil pedazos de luz blanca.

La habitación acolchada se disolvió. El techo se cayó. El mundo de la mente de Zarek colapsó en un torbellino de colores.

Rhyne cerró los ojos y se dejó caer en la oscuridad.

---

Mundo real. Búnker subterráneo.

Rhyne abrió los ojos de golpe, tosiendo sangre.

El sabor metálico llenó su boca. Su cuerpo estaba empapado en sudor frío, y sus venas doradas brillaban tan intensamente que iluminaban la penumbra del búnker como neón.

—¡Rhyne!

Unas manos frías y firmes lo atraparon. Zarek.

El Mariscal lo sostenía contra su pecho. Sus ojos grises estaban completamente claros. No había rastro de blanco. No había rastro del Arquitecto. Solo había alivio, admiración y un amor tan puro y doloroso que a Rhyne le dolió mirarlo.

—Lo lograste —susurró Zarek, limpiando la sangre de la comisura de los labios de Rhyne con su pulgar—. Lo siento todo. Recuerdo todo. Pero... ya no pesa. Ya no duele.

Rhyne sonrió débilmente, apoyando la frente en el hombro de Zarek.

—Te dije... que te salvaría.

-【SISTEMA NEXUS-7 - ACTUALIZACIÓN】

-【ECO DEL ARQUITECTO: ELIMINADO】

-【LAZO DEL 100%: PURIFICADO】

-【CONSUMO DE ALMA: PAUSADO TEMPORALMENTE】

Rhyne leyó las palabras flotantes y soltó un suspiro de alivio. Había ganado.

Pero el alivio duró exactamente tres segundos.

Un estruendo ensordecedor sacudió el búnker.

Las puertas de acero de tres metros de espesor, las que Cassian había jurado proteger, no se abrieron. Se derritieron. No por el calor, sino por una podredumbre acelerada que las convirtió en óxido en un parpadeo.

—¡Cassian! —gritó Zarek, desenfundando su rifle y apuntando a la entrada.

Un cuerpo salió volando desde el pasillo y chocó contra la pared opuesta. Era Cassian. El Sujeto 02 escupió un chorro de sangre negra, sus ojos de ceniza muy abiertos por el shock.

—No... no pude detenerla... —jadeó Cassian, tosiendo—. Su poder... anula el mío...

Zarek tensó la mandíbula y apretó a Rhyne contra su costado, protegiéndolo con su cuerpo.

Por el agujero oxidado en la puerta, entró una figura.

No era un soldado. No era un cazador del Proyecto Fénix.

Era una mujer. Alta, elegante, vestida con el uniforme blanco inmaculado de los Inquisidores del Alto Mando. Su cabello rubio estaba recogido en un moño perfecto. En su mano derecha, sostenía un objeto extraño: un diapasón de plata pura, que vibraba emitiendo un sonido agudo, insoportable.

Pero lo más aterrador no era su uniforme.

Eran sus ojos. No eran negros por la corrupción. Eran dorados. Exactamente del mismo tono dorado que los ojos de Rhyne.

La mujer se detuvo en el centro del búnker. Miró a Zarek, luego a Cassian, y finalmente clavó sus ojos dorados en Rhyne.

—Sujeto 01 —dijo la mujer. Su voz era suave, culta, y resonaba con una autoridad absoluta—. Soy la Inquisidora Mayor Valerius. Y vengo a hacer lo que el Arquitecto no pudo.

Levantó el diapasón de plata. El sonido agudo se intensificó, haciendo que el lazo del 100% entre Rhyne y Zarek chirriara, doliendo como un latigazo en sus pechos.

—Vengo a cortar ese lazo. Y a extraer tu alma antes de que se consuma.

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❤️❤️
Me encanta 🥰 🤭
Maria Fernanda López
Espectacular, me encantó 🫠😍
BL Autor 🌈
sigueeeeee😭
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