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La Nodriza: El Regalo Especial Que Desea El CEO

La Nodriza: El Regalo Especial Que Desea El CEO

Status: Terminada
Genre:CEO / Niñero / Padre soltero / Completas
Popularitas:1M
Nilai: 5
nombre de autor: your grace

Lara es una joven de veinte años proveniente de Sucamajé, un pueblito humilde del interior. Cuando la familia enfrenta deudas y su novio la abandona, ella acepta la única oferta que aparece: convertirse en nodriza del bebé de un hombre que ni siquiera conoce. El bebé se llama Miguel. El padre se llama Rafael Cavalcanti.

Rafael es CEO del Grupo Cavalcanti, uno de los mayores conglomerados empresariales de São Paulo. Frío, controlador, acostumbrado a dictar reglas sin justificación, Rafael carga con un pasado de aislamiento emocional que Sofía — la mujer que lo crió como madre — construyó meticulosamente para mantenerlo preso. Cuando Lara entra en la Mansión Cavalcanti con sus ojos asustados y su leche que no deja de producirse sin motivo médico aparente, Rafael intenta mantener la distancia. Intenta.

Lo que comienza como una relación estrictamente profesional —jefe y empleada— va cediendo, poco a poco, al peso de una atracción que ninguno de los dos sabe cómo nombrar. Rafael descubre que la dulzura de Lara no es debilidad, sino una fuerza extraña que atraviesa toda la armadura que él pasó décadas construyendo. Lara descubre que detrás de la frialdad del jefe existe un hombre que nunca supo lo que era ser realmente amado.

NovelToon tiene autorización de your grace para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: La Primera Lección del Señor

El primer contacto hizo que Lara temblara como si hubiera recibido una descarga eléctrica. La piel de la masculinidad de Rafael —caliente, palpitante, dura como piedra bajo sus dedos— le cortó la respiración aún más. Quería retirar la mano, pero Rafael le sujetó la muñeca con firmeza y le guio los dedos finos para que envolvieran el miembro enorme.

— Aprieta con fuerza, Lara —susurró Rafael entre un momento y otro de succionar el pezón de ella—. Igual a como sostienes el biberón de Miguel, pero esta vez más suave... y más firme.

Lara cerró los ojos con fuerza, el rostro ardiéndole como brasa. — Señor... no puedo... es demasiado grande —gimió ella.

Rafael soltó la succión por un instante y miró a Lara con ojos que se habían oscurecido de deseo. — Sí puedes. Escucha, Lara... ¿no es justo? Yo te ayudé a vaciar el pecho para que no tuvieras dolor, ahora es tu turno de ayudarme a aliviar esta tensión que me tortura. Mueve la mano... sube y baja... despacio.

Con la mano de Rafael guiando la de ella, Lara comenzó a mover la palma a lo largo del miembro del hombre. Sentía las venas salientes bajo la piel, una textura extraña que, de forma perturbadora, despertó algo prohibido en las profundidades de su propio vientre.

— Ahhh... así, Lara... sigue... —Rafael gimió bajo, la cabeza cayéndole hacia atrás al sentir la presión pequeñita pero cálida de la mano de ella.

Al ver la reacción de Rafael —lo mucho que claramente estaba disfrutando de lo que ella hacía—, el miedo de Lara fue cediendo poco a poco a una curiosidad ingenua. Observaba cómo cada movimiento suyo hacía que Rafael cerrara los ojos y gruñera de placer.

— Eso... ¿eso también duele como mi pecho cuando no se vacía, señor? —preguntó Lara con la inocencia desconcertante de quien realmente quería entender, los ojos fijos en el movimiento de su propia mano.

Rafael soltó una risa ronca en medio de un gemido. — Sí duele, Lara... se pone muy apretado y caliente. Solo tú puedes aliviarlo.

Rafael atacó los senos de Lara de nuevo —esta vez con succiones más vigorosas—, mientras la mano de ella comenzaba a encontrar un ritmo propio. El sonido húmedo de los labios de él se mezclaba con las respiraciones cada vez más agitadas de los dos.

Lara fue tomando valor y aumentó el ritmo. Sintió un líquido transparente comenzar a escurrir de la punta de la masculinidad de Rafael, mojándole los dedos. — Señor... está saliendo algo... ¿está haciendo pipí? —preguntó ella con los ojos desorbitados.

Rafael rio bajo —una risa llena de virilidad contenida—. — No, cariño... es señal de que estoy llegando al límite. Sigue, no pares... un poquito más rápido...

El clímax por fin llegó. Rafael gimió profundo, enterrando el rostro en el escote del pecho grande de Lara mientras se derramaba —un líquido espeso y caliente— sobre la mano de ella. El cuerpo robusto se puso rígido por un instante antes de soltar todo el peso sobre Lara.

El silencio volvió a cubrir la habitación del bebé. Lara respiraba con dificultad, mirando la mano cubierta por el líquido blanco y denso del patrón, mezclado con las salpicaduras de leche que todavía quedaban ahí.

Rafael levantó la cabeza y besó la frente de Lara con suavidad —un gesto mucho más íntimo que cualquier deseo carnal—. — Muy bien, Lara. Primera lección concluida. Ahora ve a limpiarte... y prepárate, porque de ahora en adelante quiero que hagas esto cada vez que yo lo necesite.

Después de que Rafael la soltó y la dejó ir, Lara casi se tropezó al apresurarse hacia su propia habitación. Cerró la puerta de madera con llave y se quedó recargada en ella, el corazón todavía sonándole como tambor de guerra. El cuerpo entero le ardía, como si la temperatura de la habitación hubiera subido decenas de grados.

Con pasos tambaleantes, entró al baño. Frente al espejo grande y brillante, Lara se quedó paralizada contemplando su propio reflejo. El cabello estaba deshecho, y el uniforme arrugado cargaba las marcas de la leche y del líquido denso de Rafael.

— ¿Qué acabo de hacer? —susurró para sí misma, la respiración todavía entrecortada.

Pero en medio de la culpa, había una sensación extraña que no podía ignorar. El bajo vientre tenía una contracción a la vez dolorosa y agradable, y una incomodidad muy inusual pulsaba entre sus muslos. Ese latido la dejaba inquieta. Con las manos temblorosas, Lara se bajó despacio la pantaleta de algodón.

Los ojos se le abrieron enormes al ver una mancha húmeda, transparente y pegajosa ahí. Curiosa y al mismo tiempo asustada, se atrevió a tocar su propia feminidad todavía cubierta por el vello fino.

— Dios mío... —Lara soltó un gritito ahogado. Los dedos sintieron un líquido abundante y resbaloso, como si hubiera llovido ahí abajo—. ¿Qué me está pasando? ¿Por qué está tan mojado aquí? ¿Será que me enfermé por haber tocado el del señor?

Ella no sabía que aquello era la señal de que su propio cuerpo había alcanzado un pico de excitación que nunca antes había experimentado. La inocencia de Lara la hizo imaginar que había algo mal con ella, cuando en realidad era la respuesta natural de la carne a la "lección" que Rafael le había impartido.

Mientras tanto, en la habitación del bebé, el ambiente había cambiado por completo. Rafael Cavalcanti parecía una persona diferente. Ya no quedaba señal alguna de la tensión y del semblante cerrado que había traído de la oficina más temprano. Estaba de pie frente a la cuna, abotonándose el pantalón con movimientos tranquilos y satisfechos.

Miró a Miguel, que había estado ahí todo el tiempo observando al padre con atención mientras se chupaba el propio pulgar. El bebé soltó un "euee" bajito y pateó las piernas al aire, como si compartiera el buen humor del padre.

— ¿Qué pasa, campeón? ¿Estás contento de ver a papá satisfecho? —Rafael soltó una risa baja y genuina, una risa poco común en él.

Se agachó, tomó a Miguel en brazos y le besó la mejilla regordeta. Desde la partida de la exesposa —que había dejado heridas y un vacío dentro de él—, era la primera vez que Rafael sentía que la vida volvía a tener color. Y sabía de dónde venía ese color: de la niñera del interior que en ese momento estaba confundida en el baño de al lado.

— Tu cuidadora... es muy especial, Miguel —murmuró Rafael, meciendo a su hijo—. No solo logra amamantarte, sino que también logra hacer que papá se sienta el hombre más poderoso del mundo con apenas un gesto de su manita.

Rafael caminó hasta la ventana y contempló el jardín que empezaba a oscurecer, con una sonrisa llena de planes. La sed había sido saciada por hoy, pero sabía que mañana ya extrañaría esa sensación. Y se aseguraría de garantizar que Lara no tuviera adónde huir.

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Amparo Casas
LARA PUEDES DESCANSAR UNAS HORITAS MIENTRAS RAFAEL LLEGA, PORQUÉ DESPUÉS NO TE VA A DAR TIEMPO A DESCANSAR.
Amparo Casas
QUE BUENO SERÍA QUE A RAFAEL LE SALIERA COMPETENCIA, QUE SU REINO SE VEA TAMBALEANDO A NIVEL PERSONAL
Amina Benitez
que pasó con las cámaras?
Azul Tito
excelente novela
Jenny Zuñiga Carvajal
y cuanto es la paga por tanta humillación del idiota este🤭
Amparo Casas
LARA, SANTIAGO POR FAVOR RESPETEN EL SUEÑO DEL BEBÉ, USTEDES TIENEN MAS OPORTUNIDADES.
Amparo Casas
ASÍ TE DUELA EN EL FONDO DE TÚ CORAZÓN ES MEJOR QUE PONGAS DISTANCIA, YA TE HA DADO A ENTENDER QUE ERES SOLO UNA SIRVIENTA PARA EL EXCLUSIVAMENTE . TU NO VALES NADA; SI PUEDES OCUPA LA ALCOBA DE ANTES CON O SIN SU PERMISO, LO DE MIGUEL PUEDEN SER LOS DIENTES QUE LE ESTÁN BROTANDO Y POR ESO LA FIEBRE.
Amparo Casas
MIENTRAS QUE HA LARA LE GUSTE LO DEMÁS NO DEBE IMPORTARLE A LOS DEMÁS. 👍👍👍
Amparo Casas
RAFAEL TE VOLVISTE ADICTO A ELLA, PERO CON TAL QUE NO LE HAGAS DAÑO YA ES SUFICIENTE .
Amparo Casas
RAFAEL YA HICISTE TÚ MUJER A LARA, Y MIGUEL YA TIENE UNA MADRE.
Susana Martínez Hernández
me gustó mucho la historia tiene un final de feliz el amor fue más fuerte que el odio 🫶🩷😘
Yaneth Zapata Pantoja
es linda la novela es para adultos al que no le guste puede seguir de largo para eso hay variedad de novelas y gratis 🥰
Cliente anónimo
Y dejaron a la mamá y sus hermanos con la víbora
Amparo Casas
ASÍ ES, NO HAY NADA MAS MOLESTO QUE LA CRITICADERA.
Mony Ortiz G.
oh la vieja pesada y mala. no ve la felicidad de su nieto e hijo.
Amparo Casas
¿ Y QUE PASO CON EL INTERIOR DE LARA, CON TAL DE QUE NO LO HAYAN DEJADO TIRADO EN EL PISO DE LA COCINA TODO ESTÁ BIEN.
Graciela PeMar
Es una novela , si no es de su agrado , dejen de leerla, agradezco a la
a escritora , además es gratis.
Amparo Casas
Rafael ves con calma, explícale lo que pasa , la diferencia entre un niño y un adulto, los cambios hormonales que tienen, ella es virgen y hasta es que ha tenido contacto alguno con un hombre mayor.
Amparo Casas
ERES GOLOSO RAFAEL DEJA ALGO PARA TÚ BEBÉ EL NECESITA DE SU ALIMENTO, ALIMENTO QUE LE ESTÁ PROPORCIONANDO A MUGUEL.
Amparo Casas
POR LO VISTO COMO QUE HAY COMPETENCIA ENTRE PADRE E HIJO.
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