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Bajo El Cielo De Aquella Infancia

Bajo El Cielo De Aquella Infancia

Status: Terminada
Genre:CEO / Amor de la infancia / Romance de oficina / Completas
Popularitas:7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

Sinopsis
​Atrapada durante una década en un matrimonio marcado por el maltrato psicológico y el control asfixiante de su esposo Esteban, Sofía ha visto cómo su brillante formación y su autoestima se consumían en el silencio. Su vida da un vuelco inesperado cuando un viaje de trabajo la reencuentra con Mateo, un amigo de la infancia convertido en un poderoso líder corporativo que jamás olvidó la promesa de protegerla.
​Con el apoyo inquebrantable de Mateo y la firmeza de la justicia, Sofía logra romper sus cadenas, enfrentar a su agresor en los tribunales y transformar su dolor en un faro de esperanza al fundar un centro de apoyo para mujeres víctimas de violencia. Entre batallas legales, la reconstrucción de su propia identidad y un amor maduro que desafía las sombras del pasado, Sofía redescubre su libertad y aprende que ningún infierno es eterno cuando se decide volver a empezar bajo el mismo cielo.

NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: El cierre de un ciclo

​Un mes exacto después de la inolvidable gala de inauguración de la Fundación "Bajo el Cielo", cuando las rutinas institucionales ya marchaban con la precisión de un relojero y el equipo multidisciplinario atendía con éxito a las primeras decenas de mujeres en situación de vulnerabilidad, Mateo irrumpió una madrugada en el estudio con una propuesta que no figuraba en ningún calendario corporativo ni en las apretadas agendas ejecutivas que solían regir nuestras semanas.

​—Prepárate y deja todo en orden —anunció con una sonrisa traviesa y un brillo de complicidad traviesa en la mirada, mientras cargaba un par de maletas ligeras y prácticas en el maletero de su auto deportivo—. Nos vamos al norte, directo hacia el pasado. Es hora de cerrar definitivamente los círculos que quedaron dolorosamente abiertos hace exactamente diez años.

​El trayecto por la carretera asfaltada que serpenteaba a través de las montañas hasta descender hacia la costa pacífica se convirtió en un viaje de descompresión absoluta. A medida que dejábamos atrás el bullicio denso, el tráfico incesante y el estrés crónico de la capital, el paisaje iba transformándose de manera radical: los grandes edificios de cristal y acero dieron paso a colinas verdes, extensiones interminables de campos cultivados y, finalmente, al característico aroma salado del mar que impregnaba la brisa tropical.

​Nos hospedamos en la misma posada rústica, de paredes blancas y techos de tejas de barro, donde nos habíamos alojado durante aquel primer viaje de inspección profesional que marcó nuestro reencuentro. Sin embargo, la atmósfera ambiental y emocional no guardaba relación alguna con la tensión del pasado. Ya no existían las miradas recelosas, las prisas agobiantes, el peso de los secretos corporativos ni las llamadas intimidatorias de Esteban esperando al otro lado de la línea telefónica para recordarme una pesadilla de la que ya me había liberado por completo. Éramos simplemente Mateo y yo, habitando el presente con la ligereza de dos almas que por fin se sabían dueñas de su propio destino.

​Por la tarde, cuando el sol comenzaba su descenso lento hacia el horizonte marítimo, decidimos caminar juntos por la playa desierta. La arena húmeda se hundía ligeramente bajo nuestros pasos mientras avanzábamos hacia el viejo muelle de madera, aquella estructura vetusta y carcomida por el tiempo y la salinidad donde, en una época ya lejana, habíamos intercambiado promesas infantiles que el tiempo se encargó de poner a prueba de la forma más cruel. El cielo comenzó a teñirse de un espectáculo magnético de tonos dorados, naranjas intensos y púrpuras profundos, exactamente la misma paleta cromática que recordábamos de nuestras tardes de adolescencia.

​—¿Te acuerdas exactamente de este lugar, Sofía? —preguntó Mateo con una voz suave y pausada, deteniéndose junto a uno de los pilares principales de madera agrietada por las olas—. Fue aquí mismo, justo en este rincón, donde nos despedimos antes de que yo tomara aquel avión rumbo al extranjero becado por el consorcio. Me dijiste algo que jamás he podido borrar de mi memoria, ni en los días de mayor éxito ni en las noches más solitarias.

​Me detuve a su lado, apoyando mis manos sobre la barandilla áspera y desgastada por el clima mientras sentía cómo el viento marino mecía mis mechones de cabello.

​—Te dije que las estrellas siempre estarían ahí, brillando en el mismo firmamento, para recordarnos dónde estábamos y quiénes éramos, sin importar cuán lejos viajáramos geográficamente el uno del otro —respondí con una sonrisa nostálgica pero serena, girando el rostro para mirarlo a los ojos.

​—Nunca dejé de mirar al cielo buscando esas estrellas, Sofía —murmuró él, dando un paso al frente para acortar la distancia que nos separaba y rodear mi cintura con la firmeza protectora de sus brazos—. Incluso en las etapas más oscuras de mi vida en el extranjero, cuando sentía que el mundo corporativo me exigía una frialdad absoluta, alzaba la vista hacia el firmamento y recordaba que en algún lugar de este planeta tú estabas bajo el mismo cielo, esperando el momento de volver a encontrarnos.

​Mateo se giró con una lentitud deliberada, quedando completamente frente a mí. Tomó mis manos entre las suyas con una solemnidad y una ternura infinitas, acariciando con sus pulgares la piel de mis nudillos. En sus ojos oscuros, el reflejo de las primeras estrellas que comenzaban a encenderse en el cielo crepuscular brillaba con una intensidad deslumbrante.

​—Aquella promesa que hicimos siendo apenas unos niños quedó trunca, incompleta y fracturada por culpa de las circunstancias, la distancia y las malas decisiones —continuó hablando con la voz ligeramente temblorosa por la emoción contenida, doblando lentamente una de sus rodillas hasta apoyarla de manera firme sobre la arena húmeda de la playa—. Pero hoy, bajo este mismo cielo testigo de nuestra infancia y de nuestra lucha, quiero hacerte la pregunta más importante, definitiva y hermosa de toda mi existencia.

​El tiempo pareció detenerse por completo a nuestro alrededor. El rumor constante y rítmico de las olas rompía contra los pilotes de madera como un eco lejano, mientras mi corazón latía desbocado en el pecho, anticipando la magnitud de lo que estaba a punto de suceder. Las sombras del pasado se disiparon por completo, dejando espacio únicamente a la luz inmensa de un amor que había resistido el fuego de la prueba más dura y había salido completamente victorioso.

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alicia g
en el mundo hay muchas sofias que no an encontrado un mateo que la ayude y no pudieron salir de ese destino tan cruel que le an tocado ,felicitaciones escritora, excelente tu historia
Manu
Tu trabajo es excelente. Tienes una fan que lee todas tus novelas y siempre se queda con un wao, que historia más bonita.
Manu
Me has dejado pasmada con esta historia. Y creo que algo que viven muchas mujeres. Me encanta eso que escribes y al final hay un reflexión, no es escribir novelas vacías.. Admiración full. 🥰
Marta Gutierrez: para reflexionar
total 1 replies
Manu
Se me hizo chiquito el capitulo 😭
Manu
Que buenos capítulos 🥰
Manu
🥰👏
Cliente anónimo
Está súper interesante
Marta Gutierrez
me encanta la historia muy bien escrita felicitaciones
Marta Gutierrez
está muy buena está historia de 💕
Judy
Una historia de esperanza y amor! Felicitaciones!
Judy
Una realidad dolorosa que sufren a diario muchas mujeres, plasmada en esta historia que emociona y da esperanza, Gracias! Felicitaciones
Manu
Que buen inicio 👏
Alexandra Ortiz Posada
Ojalá Sofía reflexione y no siga siendo la chica tonta que no se aleja de su opresor ni se deja ayudar
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