NovelToon NovelToon
Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Posesivo / Mujer despreciada / Amante arrepentido / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:628
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Mi esposo quería quedarse con mis bebés, criarlos con su amante y echarme después del parto.
Pero mis gemelos no eran suyos.
La clínica había usado por error la muestra de Jerónimo Alcántara, el magnate más temido de México.
Decidí divorciarme, recuperar mi dinero y sacar a la luz las mentiras de los Cardona. Rodrigo creía que yo no era nadie sin su apellido. Pronto descubriría cuánto le iba a costar haberme subestimado.
La esposa que había humillado era V, una artista reconocida. Y el hombre al que él jamás se atrevería a desafiar llevaba tiempo buscándome.
Mientras mi matrimonio se derrumbaba, Jerónimo empezó a hacer algo que mi esposo nunca había hecho: escucharme, protegerme y tomarse en serio lo que yo quería.
Ahora mi ex me ruega que vuelva.
Pero el padre de mis gemelos quiere casarse conmigo.
Y yo no pienso volver con el hombre que quiso quitarme a mis hijos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7

Prudencia pasó aquella noche bajo vigilancia médica. Al amanecer estaba despierta y preguntó por qué me había quedado sentada en una silla tan incómoda.

No hablamos del jardín.

Flor había conseguido un video antes de oírme pedir ayuda. Se lo envió a Poncho y yo lo guardé sin reproducirlo. Durante los siguientes días ya no tuve que preguntarme qué habría visto si Prudencia no me hubiera detenido.

Dos semanas después de la gala, la anciana insistió en celebrar su cumpleaños. El médico puso límites al horario; ella aceptó todos y empezó a discutir la lista de invitados.

Yo fui por ella. También llevé una caja que llevaba días preparando en el estudio, con el primer trabajo que terminaba desde mi regreso.

Rodrigo me recibió en el jardín y me ofreció el brazo para las fotografías. Lo acepté hasta que terminaron. Cuando quiso mantenerme a su lado, le dije que iba a saludar a su abuela.

Ámbar llegó a la mesa de regalos antes que yo.

Dos meseros cargaban una caja larga. La abrieron junto al sillón de Prudencia. Vi el esmalte azul cobalto y el borde dorado de una taza, y dejé mi vaso de agua sobre la mesa.

Conocía aquel juego de café.

Teodoro me lo había regalado antes de casarme. Había ido a su taller a recoger un encargo y él me enseñó la caja, ya embalada para viajar. “Para cuando tengas tiempo de sentarte en tu propia casa”, me dijo. No llegué a usarlo. Lo guardé para una ocasión importante, de esas que siempre se aplazaban.

—Le va a encantar —le decía Ámbar a Prudencia—. Rodrigo me ayudó a escogerlo.

Miré a mi marido. Él ya me estaba mirando a mí.

—Renata, luego hablamos —murmuró al acercarse.

Podría haberle hecho caso para no inquietar a la abuela. Conocía esa salida. Siempre empezaba con luego y terminaba con una disculpa mía.

Me acerqué a la caja.

—Es precioso —dije—. ¿De dónde lo sacaron?

Ámbar apoyó una mano en el hombro de Prudencia.

—De una colección privada.

—De mi armario —respondí.

Alguien dejó de hablar cerca de nosotros. Ámbar soltó una risa breve, esperando que otra persona se riera con ella.

—No hagas esto aquí —dijo Rodrigo.

Tomé una taza y se la mostré a Prudencia.

—Teodoro grabó mi cumpleaños debajo de las piezas.

El invitado que estaba a su lado se inclinó para mirar. Prudencia le pidió que leyera; sin sus lentes no distinguía los números.

—Diez, cero uno —dijo él.

—Diez de enero. Me la regaló antes de la boda.

Rodrigo trató de tomar la taza y la retiré.

—Yo te habría comprado otra —me dijo en voz baja.

—No te pedí otra.

Ya no me importaba cuánto costaba. Era la facilidad con que había abierto un armario mío, tomado algo que yo quería y dado por hecho que podría explicármelo después.

Prudencia se enderezó en el sillón.

—Herlinda, vuelva a guardar el juego. Se lo llevan al coche de Renata.

Ámbar retiró la mano de su hombro.

—Si hay una confusión…

—Ya quedó aclarada —respondió la anciana.

Genaro, que se había acercado al oír las voces, le hizo una seña a Rodrigo para hablar aparte. Mi marido no quiso irse. Su padre repitió la seña y entonces lo siguió.

Ofelia trató de recuperar la conversación.

—Bueno, ya que terminamos de revisar pertenencias, quizá Renata quiera darle su regalo a la festejada.

Flor sostenía mi caja a unos pasos. Se la pedí sin hacerla esperar más.

Me arrodillé junto al sillón de Prudencia.

—No quería que empezara así —le dije.

Ella tenía todavía el gesto tenso.

—A ver qué trajiste.

Abrió la tapa. El collar de oro blanco estaba colocado sobre terciopelo, entre los aretes y el brazalete de esmeraldas. Había revisado yo misma cada engarce la noche anterior. Una de las hojas dobladas me había dado trabajo hasta el último momento; conocía la pequeña diferencia aunque nadie más fuera a verla.

Prudencia tocó una piedra con la yema.

—Renata…

—Puede ponérselo ahora si quiere.

Una coleccionista se acercó. Reconoció el trabajo y preguntó si era de Vivian. Le respondí que sí.

El nombre hizo que otras personas volvieran hacia la mesa. Preguntaron cómo lo había conseguido, si era un encargo, si conocía a la diseñadora. Yo esperaba esa reacción, pero cuando llegó me incomodó. No quería que el regalo se convirtiera en una demostración de cuánto podía pagar.

—Tengo una buena intermediaria —dije—. Hoy es el cumpleaños de mi abuela. Pregúntenme otro día por los contactos.

Prudencia sonrió ante esa última palabra. Me dejó ponerle el collar.

Me sorprendió lo mucho que quería que le gustara. Estaba enfadada con ella desde el jardín. Sabía que podía volver a pedirme que sacrificara algo por Rodrigo. Y aun así, mientras le apartaba el cabello del cierre, recordé las tardes que había pasado escuchándola hablar de su marido.

Las dos cosas podían ser verdad.

Cuando me incorporé, vi a Jerónimo Alcántara junto a una columna. Su asistente le estaba diciendo algo. Él miraba el collar y después me miró a mí.

No lo había visto llegar.

Bajé la mano que todavía sostenía el broche y me aparté del sillón. Llevaba días pidiendo a Poncho que mantuviera separados mis encargos de mi nombre, y acababa de regalar una pieza reconocible ante un hombre que buscaba a su autora.

Del otro lado de la mesa, Ámbar habló por fin.

—Rodrigo me dijo que podíamos usar el juego. No sabía que lo quisieras tanto.

No mencionó que era mío. Le importaba que hubiera cambiado la forma en que la estaban mirando.

—Ya lo sabes —le respondí.

Flor vino a avisarme que la caja de Teodoro estaba en el coche. La acompañé a la entrada para asegurarme de que no le faltara ninguna pieza.

Antes de salir, volví la cabeza.

Alcántara seguía junto a la columna. Ya no estaba mirando las esmeraldas.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play