Kyra nació para ser despreciada.
Hija del alfa de la Manada Lunar, creció a la sombra de una madrastra cruel y de una hermanastra que le robó el cariño de su padre, el respeto de la manada… y, la noche de su transformación, también a su compañero predestinado. Lo que nadie sabe es que Kyra esconde un secreto capaz de cambiarlo todo: no es solo una loba. En sus venas corre la magia de las hadas, un don ancestral que su propia familia aprende a exprimir sin piedad.
Durante cuatro años la usan como una fuente de poder que fingen amar. Hasta que Kyra descubre la verdad detrás de cada sonrisa falsa y decide desaparecer sin dejar rastro.
Su huida la lleva a Ravenna, una aldea perdida entre montañas y niebla donde nada es lo que parece, y donde un hombre de ojos azules y presencia imposible de ignorar lleva demasiado tiempo observándola desde las sombras. Marcos guarda sus propios secretos: es el último lobo de un pueblo que no debería existir… y la Luna acaba de darle a Kyra una segunda oportunidad que él no piensa desperdiciar.
Pero el pasado de Kyra no la deja marchar tan fácil. Cazadores que exterminan criaturas como ella siguen su rastro, viejas traiciones vuelven a llamar a su puerta y un linaje real que creía perdido está a punto de reclamar lo que siempre fue suyo.
Rechazada por quienes debían amarla. Deseada por quien juró protegerla.
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Capítulo 5
Sonriente y sintiéndose victorioso, Madson, el alfa de la Manada Lunar, reúne a sus aliados en el despacho.
Katia se siente frustrada; una vez más, Kyra se destaca más que su hija Camila.
—Eso debe de ser algún efecto, o un truco.
—No, no lo es… Notaba que Elara, la madre de Kyra, tenía algo distinto, solo que nunca imaginé que fuera esto.
—Pero ¿y ahora, papá? ¿Perderé mi atención, mis privilegios, por culpa de Kyra?
—¡Claro que no, querida!
Katia es más rápida en responder; jamás dejaría que su hija fuera la sombra de nadie.
—Te ganaste tu lugar, Camila; todos en la manada te prefieren a ti.
Esta vez es Felipe quien se manifiesta.
—Ay, Felipe, gracias por ayudarme siempre.
Felipe sonríe, pero enseguida recuerda algo.
—Tengo que contarles algo. Les juro que no quería.
—¿Qué pasa, Felipe?
Pregunta el Alfa Madson.
—Ayer descubrí que soy el compañero predestinado de Kyra.
Es como un golpe; todos quedan decepcionados. Felipe siempre había mostrado interés por Camila y, por ser de buena familia, siempre había sido el pretendiente ideal para ayudar a Camila a asumir la manada.
—¿Qué? ¿Y nosotros, Felipe?
Felipe, como un tonto, se acerca a Camila y le promete no elegir jamás a Kyra.
—No la voy a reclamar, voy a rechazarla y a tomarte a ti como mi verdadera compañera.
Entonces Madson, apurado, le propone otra forma a Felipe: tienen que engañar a Kyra para que se quede en la manada.
—¡No, Felipe!
—¿Qué no, Madson? ¿Vas a cambiar de idea respecto a la relación de los dos?
Cuestiona Katia.
—Papá, yo amo a Felipe, usted lo sabe.
—No… No es eso… Necesitamos que Kyra siga concentrada; si Felipe la rechaza, puede que no se esfuerce tanto como yo quiero.
Ahora todos comprenden…
—Sigan juntos, a escondidas y con mucho cuidado de que no los descubran. Tenemos que hacer esto por el bien de todos nosotros. Convertiré a la Manada Lunar en la número uno de todas las manadas del reino.
Sonrientes, todos están de acuerdo. Mantienen ese secreto oculto y usan los dones de Kyra para beneficiarse.
Mientras tanto, agotada de tanto practicar, Kyra está sentada en el suelo en medio de un claro. Siente algo malo, como si ya supiera lo que se tramaba en el despacho de su padre.
—Luna.
—Sí, Kyra, ¿todavía quieres practicar?
—Ay, ¡no! Estoy tan cansada.
—Ah, ¡qué bien! Yo también estoy muy, muy agotada.
—¡Luna!
—¡Sí!
—No sé, tengo una sensación extraña. ¿Debería preocuparme?
—No sé bien qué es, Kyra, pero ¿puedo ser sincera contigo?
—Claro, ¡por favor! Prefiero que siempre seas sincera conmigo.
—No vi verdad en las palabras de tu padre; de verdad creo que solo le interesa el don que tienes.
—Pero, de cierta forma, si eso es verdad, al menos tendré un poco de su atención. No puede estar solo queriendo explotarme.
—Después de todos estos años, de cómo te trataron todos… Perdóname, pero estás completamente ciega, Kyra.
—Prefiero creer en el amor de mi padre. Esperé tanto por esto, y ahora que lo tengo no voy a cuestionarlo ni a dudar de él.
—Está bien, ojalá de verdad esté equivocada.