“Cuando el pasado guarda sus secretos, dos destinos chocan entre el odio, el poder y una promesa que cambiará todo.”
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CAPÍTULO 5
—Adrián Montenegro
Chile no fue una casualidad.
Fue una promesa hecha sobre lo que perdí.
Cada paso lo calculé hasta el cansancio.
La Universidad Valmont era el lugar exacto donde debía estar.
Entre todos esos apellidos brillantes, estaba el que había venido a enfrentar.
Ferrer Valmont.
Adriella caminaba a mi lado, inocente y dulce.
Mi mayor tesoro… y también mi mayor herramienta.
Si su ternura me abre puertas que yo no podría… las usaré.
Sin dudarlo.
La dejé un momento junto a la banca.
—No te muevas.
Vuelvo pronto.
—Siempre vuelves, papá.
Esa confianza suya… la usaré para ganarme la de ellos también.
—Isabella Ferrer Valmont
Caminaba distraída regresando de clase, cuando vi a una niña pequeña sentada sola, abrazando su muñeca con fuerza.
Se veía tan tranquila y tan lejana a la vez.
Me acerqué despacio.
—Hola, ¿estás bien?
Ella levantó la mirada y sonrió tímida.
—Sí. Espero a mi papá.
—Me llamo Isabella.
¿Y tú?
—Adriella.
—Es un nombre muy bonito.
—¿Vives aquí cerca? —le pregunté.
—Venimos de muy lejos.
De Suecia.
Ahora estamos en un hotel.
Mi papá busca casa.
Dice que tendré una habitación de princesa.
Me enterneció su inocencia.
—Seguro será la habitación más linda del mundo.
—¿Tú también tienes una? —me preguntó con curiosidad.
—No sé si de princesa…
—Pero todos dicen que lo eres.
Se nota en tus ojos.
Me quedé sorprendida.
Nadie me había dicho algo así de esa forma.
Y entonces lo vi llegar.
—Adrián Montenegro
Me detuve al verlas.
Ella estaba arrodillada junto a mi hija, hablándole con una dulzura que me golpeó el pecho.
Isabella Ferrer Valmont.
La conocía de memoria.
Y ahí estaba, sonriendo como si nada hubiera pasado.
Sentí el odio hervir dentro de mí.
No importaba su amabilidad.
No importaba que no supiera nada.
Llevaba la sangre de quienes me destruyeron.
Me acerqué con paso firme, sin mostrar absolutamente nada de lo que sentía.
—Adriella.
—¡Papá! —corrió hacia mí y la alcé en brazos.
—Soy Isabella —dijo ella poniéndose de pie—.
Solo quería acompañarla mientras esperaba.
—Adrián —respondí con voz medida, fría, controlada.
—Isabella Ferrer Valmont
Me miró con una intensidad que no supe explicar.
Sus ojos eran oscuros, profundos, como si guardara un mundo entero que no quería mostrar.
—Me contó que vienen de lejos —dije para romper el silencio—.
¿Ya han encontrado dónde quedarse?
—Estamos buscando.
Por ahora un hotel.
—Debe ser difícil llegar así de nuevo —comenté con sinceridad.
—Lo es.
Pero cuando tienes algo que recuperar, nada te detiene.
No entendí el peso de esas palabras.
—¿Estudias aquí?
—Derecho.
—¡Qué bien! Mi hermano Matías también.
Seguro se llevan muy bien.
Él es muy leal.
—Me gustaría conocerlo —respondió él, y por un instante creí ver algo más en su mirada.
—Espera que te lo presente.
Seguro que sí.
—Gracias.
—Bienvenidos entonces.
Espero que pronto se sientan en casa.
Me despedí y me fui, pero no pude evitar mirar atrás una vez más.
Había algo en él… algo que no encajaba.
Pero no sabía aún que acababa de abrir la puerta a algo que cambiaría todo.
—Adrián Montenegro
La vi alejarse y supe que el primer paso estaba dado.
Ella fue amable.
Demasiado amable.
Y esa será su debilidad.
Usaré a mi hija para parecer el padre solo y trabajador.
Usaré a Matías y su lealtad ciega para entrar en su vida.
Me haré su amigo.
Me haré necesario.
Y cuando menos lo esperen… estaré en el centro de su familia.
En el centro de su mundo.
Porque no vine a ser su amigo.
Vine a cobrarme lo que me deben.
Y tú, Isabella… tú serás mi venganza.