SINOPSIS ~
Amaris ha aprendido que sobrevivir significa no llamar la atención, no confiar demasiado y sobre todo ocultar aquello que te hace diferente
Pero al acercarse a sus 18 años su vida comienza a cambiar secretos que nunca pidió conocer salen a la luz
Personas desconocidas entran en su camino y alguien que parece saber más de ella de lo que debería
Entré magia peligros y sentimientos que jamás esperaba encontrar Amaris tendría que descubrir en quien confiar
Por qué hay verdades capaces de cambiar una vida y hay destinos que fueron escritos mucho antes de que pudiéramos elegirlos
NovelToon tiene autorización de Julieth Moreno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
LOS DÍAS QUE DEJAMOS ATRAS
Habían pasado varias semanas desde aquella noche.
El camino ya no se sentía igual.
Al principio, cada amanecer comenzaba con cierta tensión. Amaris dormía con una mano cerca de sus dagas, Arnold se levantaba antes que los demás para revisar los alrededores y Kael rara vez se alejaba demasiado de Nox.
Ahora las cosas eran diferentes.
No porque hubieran dejado de ser cuidadosos.
Simplemente habían aprendido a confiar.
—Te toca cocinar —dijo Arnold.
Amaris, sentada frente a la pequeña fogata, levantó lentamente la mirada.
—¿Por qué?
—Porque ayer cociné yo.
—Y antes de ayer también.
—Exactamente. Estoy cansado.
Kael, que estaba apoyado contra un árbol mientras revisaba una de sus armas, soltó una pequeña risa.
—Tiene razón.
Amaris giró la cabeza hacia él.
—Tú tampoco has cocinado.
—Yo nunca dije que fuera a hacerlo.
—Entonces cállate.
Arnold soltó una carcajada.
—Definitivamente se están llevando mejor.
—No nos llevamos mejor —respondió Amaris.
—Claro.
Kael sonrió.
—Muchísimo.
Amaris tomó una pequeña piedra del suelo y se la lanzó.
Kael la esquivó con facilidad.
—¡Oye!
—Te lo merecías.
Nox, acostado cerca de la fogata, abrió un ojo y volvió a cerrarlo.
Parecía estar acostumbrándose también a sus discusiones.
Durante las últimas semanas, habían recorrido varios pueblos, cruzado caminos comerciales y dormido bajo más árboles de los que Amaris quería recordar.
Habían aceptado trabajos pequeños cuando necesitaban dinero, ayudado a viajeros perdidos y, en más de una ocasión, terminado huyendo de problemas que no tenían intención de buscar.
El viaje seguía siendo peligroso.
Pero ya no estaban sobreviviendo solos.
Amaris terminó preparando la comida mientras Arnold buscaba agua y Kael revisaba las provisiones.
Sin que nadie lo mencionara, cada uno había comenzado a tener sus propias tareas.
Arnold era quien mejor encontraba agua.
Kael era el encargado de revisar los caminos.
Amaris se ocupaba de las provisiones y de preparar las cosas antes de acampar.
Y Nox...
Nox hacía lo que quería.
—Eso no es justo —murmuró Amaris al ver al Fenrir estirarse junto al fuego.
Kael la miró.
—¿Qué?
—Él no hace nada.
Nox levantó la cabeza.
Amaris señaló hacia Nox
El Fenrir la observó durante unos segundos.
Después volvió a acostarse.
Kael sonrió.
—Creo que acaba de ofenderse.
—No me importa.
Nox movió una oreja.
Amaris entrecerró los ojos.
—Y deja de escucharme.
Kael soltó una risa.
—Eso sí que es imposible.
Amaris no respondió.
Pero una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Tres días después, llegaron a otro pueblo.
Era más pequeño que los anteriores.
No había grandes edificios ni murallas. Solo unas cuantas casas de madera, una pequeña plaza y un camino principal donde estaban pequeños puestos de mercado.
Según un comerciante que encontraron en la entrada, todavía faltaban varios meses para llegar a donde pensaban ir.
A la capital.
Amaris no dijo nada al escucharlo.
Simplemente continuó caminando.
Meses.
Aún faltaba bastante.
Pero ya no tenía tanta prisa.
Eso era algo que le resultaba extraño.
Antes solo pensaba en sobrevivir al día siguiente.
Ahora comenzaba a pensar en lo que haría después.
—¿En qué piensas? —preguntó Kael.
Amaris giró ligeramente la cabeza.
—En nada.
—Mientes.
—¿Y cómo sabes?
—Porque llevas caminando cinco minutos sin mirar a nadie.
Amaris lo miró a través de la tela negra que cubría sus ojos.
—Pues lo hago casi siempre
—Lo sé.
Kael sonrió.
—Pero cuando estás pensando demasiado, caminas más despacio.
Amaris se quedó en silencio.
No sabía cuándo había comenzado a conocerla tanto.
Y eso la incomodaba.
Un poco.
—Eres demasiado observador.
—Es parte de mi trabajo.
—Qué molesto.
—También lo sé.
Ella negó con la cabeza.
Sin darse cuenta, terminó caminando un poco más cerca de él.
Arnold, que iba unos pasos detrás, observó la escena.
No dijo nada.
Solo sonrió.
El pueblo parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Nox se detuvo de repente.
Kael también.
—¿Qué ocurre? —preguntó Arnold.
Nox levantó la cabeza.
Sus orejas apuntaron hacia el bosque.
Amaris sintió algo extraño.
No era miedo.
Era una sensación difícil de explicar.
Como si alguien estuviera observándolos.
—Hay animales ahí —dijo.
Kael la miró.
—¿Cómo lo sabes?
Amaris tardó unos segundos en responder.
—No lo sé.
Pero sí lo sabía.
Era algo más parecido a percibir sus emociones.
Curiosidad.
Precaución.
Hambre.
Miedo.
Todo mezclado.
Amaris frunció el ceño.
—Hay varios.
Arnold miró hacia los árboles.
—Yo no veo nada.
—Yo tampoco —dijo Kael.
Amaris avanzó unos pasos.
Entonces un pequeño conejo salió de entre los arbustos.
Se quedó inmóvil al verla.
Amaris también.
El animal temblaba.
Ella sintió su miedo.
Pero también algo más.
Dolor.
—Está herido.
Se agachó.
El conejo retrocedió un poco.
—Tranquilo...
Extendió lentamente una mano.
Esta vez el animal no huyó.
Amaris tocó su pelaje y cerró los ojos.
Una sensación recorrió su cuerpo.
Una imagen.
Un bosque.
Una trampa.
Dolor en una de sus patas.
Amaris abrió los ojos de golpe y alejo su mano como por reflejo.
—¿Qué pasó? —preguntó Kael.
pensó y luego dijo —una trampa.
Miró hacia el bosque.
—Hay más.
Arnold suspiró.
—Entonces supongo que ya encontramos nuestro problema del día.
Kael sonrió.
—Parece que sí.
Amaris acarició suavemente al conejo.
—No tenemos que meternos.
Arnold levantó una ceja.
—Pero vas a hacerlo.
Amaris se quedó callada.
—Sí.
Kael soltó una pequeña risa.
—Ya me acostumbré.
Encontraron tres trampas más cerca del bosque.
No eran recientes.
Algunas llevaban días allí.
Había animales atrapados y otros que habían conseguido escapar dejando rastros de sangre.
Arnold se encargó de destruir las trampas.
Kael revisó los alrededores para asegurarse de que nadie estuviera cerca.
Amaris liberó a los animales.
Y mientras lo hacía, aquella sensación volvió a aparecer.
Esta vez era más clara.
No eran palabras.
Era una especie de agradecimiento.
Amaris se quedó quieta.
Por primera vez, sintió que algo dentro de ella respondía.
Una conexión.
Pequeña.
Casi imperceptible.
Pero real.
Nox estaba observándola desde unos metros de distancia.
Sus ojos verdes se quedaron fijos en ella.
Como si reconociera algo que los demás todavía no podían ver.
Amaris levantó la mirada hacia él.
—¿Qué?
Nox no se movió.
Kael apareció a su lado.
—Lleva rato mirándote así.
—Lo sé.
—¿Te molesta?
Amaris observó al enorme Fenrir.
—No.
Kael sonrió.
—Entonces supongo que estamos bien.
Amaris bajó la mirada.
Por alguna razón, aquellas palabras hicieron que su pecho se sintiera extraño.
No era la primera vez que Kael decía algo así.
Pero cada vez le afectaba un poco más.
Y eso comenzaba a preocuparla.
Esa noche acamparon lejos del pueblo.
La fogata iluminaba sus rostros mientras cenaban.
Arnold estaba hablando sobre una pelea que había tenido meses atrás.
Kael lo interrumpía cada vez que exageraba alguna parte.
Amaris escuchaba en silencio.
Sonreía de vez en cuando.
Ya no se sentía como una extraña.
Había algo familiar en aquella escena.
Algo que nunca había tenido.
Una pequeña sensación de hogar.
Amaris miró las llamas.
No sabía cuánto duraría.
No sabía qué encontrarían al llegar a la capital.
Ni qué secretos la esperaban allí.
Pero por primera vez en mucho tiempo...
No quería pensar en el final del camino.
Solo quería seguir caminando.
Y quizá eso era lo que realmente estaba cambiando.
No solo habían pasado los días.
Ellos también habían cambiado con ellos.
Amaris ya no caminaba delante de los demás.
Arnold ya no necesitaba vigilarla a cada instante.
Kael ya no era un desconocido.
Y Nox...
Nox parecía esperar algo que ninguno de ellos comprendía todavía.
En algún lugar, mucho más allá de aquel bosque, la capital de Asteria seguía esperando.
Pero aún faltaba tiempo.
Y por ahora...
El camino continuaba.