Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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ACUSADO INJUSTAMENTE
Media hora después, Rodrigo bajó las escaleras renovado, cargando a Luca en un brazo mientras que con la otra mano guiaba a Briana, su pequeña hermana de siete años, quien aún lucía un poco pálida pero con los ojos chispeantes de curiosidad por el nuevo visitante.
La abuela ya había servido los platos sobre la mesa. Al ver aparecer al trío, detuvo sus movimientos y abrió los ojos con sorpresa, contemplando las finas facciones del pequeño intruso.
“Es hermoso el niño… se ve que es de buena cuna, de familia rica” susurro
“Sí, abuela. Es obvio” respondió Rodrigo con un suspiro “Solo espero que la noche pase rápido para poder devolverlo con su familia”
Se sentaron a la mesa. Rodrigo, con una paciencia infinita que revelaba su alma noble, dividió sus esfuerzos para dar de comer a su hermana y al hambriento Luca, quien devoraba la comida casera con el mismo entusiasmo con el que había comido el sándwich horas antes.
Una vez satisfechos, los dos pequeños no tardaron en conectar; el juego y la inocencia borraron cualquier barrera de clase social y pronto la pequeña sala se llenó de risas.
Rodrigo aprovechó ese instante para terminar su propio plato.
Tras lavar los platos y dejar la cocina impecable, Rodrigo se acercó a los niños, quienes ya bostezaban con frecuencia.
“Vamos, pequeños, es hora de descansar” anunció con voz suave “Buenas noches, abuela. Yo me encargo de acostar a los niños”
“¡Buenas noches, abuelita!” gritaron al unísono Luca y Briana, tomados de la mano como si se conocieran de toda la vida.
“Buenas noches, mis queridos. Que Dios me los bendiga” respondió la anciana, contemplando con ternura infinita aquella escena.
No terminaron de asimilar la calidez de aquel momento familiar cuando un violento y desesperado golpeteo retumbó contra la madera de la puerta, haciendo vibrar los cristales de las ventanas.
Los niños, ajenos a la amenaza, continuaron su camino escaleras arriba bajo la guía de Briana.
Rodrigo, con el ceño fruncido y un mal presentimiento instalándose en el pecho, avanzó hacia la entrada mientras su abuela se ponía de pie, inmóvil, con la mirada fija en el umbral.
Al abrir, el frío de la noche se coló de golpe, acompañado por la imponente presencia de varios efectivos uniformados que bloqueaban el paso.
“Policía Nacional” anunció el oficial al frente, con tono severo y la mano apoyada en su arma de reglamento “Tenemos confirmación de que un menor de edad reportado como desaparecido se encuentra en este domicilio. No oponga resistencia y colabore para ser trasladado a la delegación policial”
Rodrigo, pese al sobresalto, mantuvo la calma. Su conciencia estaba limpia “Entiendo, oficial. No hay problema” respondió con serenidad “Permítame ir a traer al niño, está arriba”
Luego, volteó hacia la anciana, cuyos ojos reflejaban un profundo temor “Abuela, te encargo a Briana. No te preocupes, llevaré al niño para que se reencuentre con su familia”
Rodrigo subió las escaleras a paso rápido, tomó a Luca en sus brazos y lo abrigó con una colcha gruesa para protegerlo del sereno de la noche.
Al salir de la casa escoltado por los oficiales, el pequeño, somnoliento, frotó sus ojos y susurró “¿A dónde vamos, papá?”
“Vamos a buscar a tu mamá, campeón” le respondió Rodrigo con una sonrisa tranquilizadora, aunque por dentro la rigidez de los policías empezaba a causarle una honda inquietud.
Durante el trayecto el pequeño se quedó profundamente dormido sobre el pecho de su protector.
Al llegar a la comisaría, apenas cruzaron el umbral, una mujer de cabellos dorados y rostro desencajado por la angustia se abalanzó sobre ellos.
Lesly con desesperación salvaje, le arrebató al niño de los brazos a Rodrigo. Al estrecharlo contra su pecho y comprobar, entre lágrimas que Luca estaba completamente ileso, su expresión cambio.
Fijó sus ojos, inyectados en ira y dolor, en la figura del humilde estibador “Quiero que pague por esto” susurró Lesly, con una voz tan gélida y cortante “Que se le aplique todo el peso de la ley. No tengan ninguna contemplación”
“Señorita, por favor, déjeme explicarle…” intentó intervenir Rodrigo, dando un paso al frente con las manos extendidas en son de paz.
“¡Silencio!” lo interrumpió Renato Acuña, fulminó al joven con la mirada antes de rodear con el brazo a su hija y guiarla hacia la salida del recinto. Ninguno de ellos se detuvo a escuchar.
Sin permitirle pronunciar una sola palabra de defensa, los policías lo arrastraron por el pasillo hacia los calabozos de la parte trasera. El sonido metálico y seco de la reja al cerrarse detrás de él resonó en el pasillo como una sentencia de muerte.
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
😡😡😡😡