Catalina solo conoció un amor, el de su padre. La única persona que la quiso se fue de éste mundo sabiendo todo lo que tendría que afrontar su pequeña.
Hay personas que nacen para sufrir, la protagonista es una de ellas 💔
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23 EL RÍO
Caminaba rápido, no me daba cuenta lo cansada que iba. No había traído agua. Pero en el cielo vi aves volar. No conocía el lugar en dónde estaba.
Sin embargo, me sentía deshidratada por la caminata y por las lágrimas derramadas
Las aves me indican que había un río cerca. Traté de acortar camino y después de una hora llegué a la orilla, me agaché y bebí agua con mis manos. Calmé mi sed, me quedé botada en el pasto. Los pájaros revoloteaban sobre mi cabeza.
El río era gigante. No sé distinguía muy bien la orilla de al frente. Miré el sol, debían ser las diez de la mañana.
Había caminado mucho y me dolían mis pies. Porque nunca me detuve. Me saqué los zapatos, mis pies estaban heridos
Después de lavarme los pies, para retirar la sangre seca y fresca que tenía. Saqué una de mis cremas y me la apliqué
Dentro de la mochila había comida. Tomé el paño en el que estaba envuelta. Era uno de los paños que bordaba Mercedes, tenía un bordado de una casita rodeada de montañas, envolvían pan y charqui. También me había puesto ciruelas secas y pasas
Me puse a llorar. Nunca pensé en eso. Era tanta mi desesperación por salir de ahí que no lo pensé
Pero mi viejita si lo había hecho. Guardé todo de nuevo en la mochila. No tenía hambre. El agua había calmado mi sed. No era capaz de comer nada.
Miraba el agua y no se porque me había calmado un poquito mi angustia.
Se veía tan grande. Siempre soñé con conocer el mar.
Mi papá siempre me prometió que me llevaría. Pero su muerte se llevó su promesa.
Vi pasar un barco pasar. No era muy grande. Me sorprendió, nunca había visto un barco de verdad, era como si no tocara el agua, llevaba animales.
Decidí que iba a pasar la noche ahí. Para dejar que mis pies se recuperaran un poquito
Busque un árbol, recogí unos palos, hice fuego. Con el pedernal me encendió rápido.
Arreglé un poco de pasto seco, para hacer una cama y me acomodé.
Sentía las aves nocturnas comunicarse entre ellas. Y yo pensaba en mi familia.
¿Cómo estará mi abuelo? ¿Estará triste? ¿Enojado?
Ojalá que mi carta lo haya tranquilizado. No quería que sufriera por mi culpa.
Mañana seguiría la orilla del río y me iría alejando, era importante alejarme lo más pronto posible.
Llorando me fui quedando dormida.
No entendí como pude dormir, el sonido del agua moviéndose me provocó una sensación de paz.
Me incorporé, porque escuché unas voces. Y me escondí.
Cómo a cincuenta metros había un hombre y una mujer, y varios niños. No los distinguía muy bien.
Yo escondida detrás del árbol, no emitía ruidos.
Los niños se dispersaron corriendo.
Y mi mala suerte hizo que una de las niñas se acercara al árbol en el que me escondía.
--¿Qué haces aquí? Me preguntó con una voz suavecita.
No le respondí nada y la ignoré.
--Mamá, papá! Aquí hay una niña
Vi la mujer aproximarse en dónde estaba. Tomó a la niña de la mano y la sacó de ahí
Me miró.
--Hola. Me dijo
No quería hablar, creía que si no hablaba se irían.
--Nos quedaremos a desayunar, ¿Quieres acompañarnos?
--Hiciste un fuego, ¿podemos ocuparlo?
Le hice una seña con mi cabeza.
--Niños, busquen palos, para hacer fuego.
Todos se acercaron y me saludaron, también el hombre, era muy amables todos. Los niños jugaban corriendo a buscar leña.
Cuando comprendí que se quedarían. Tomé mi mochila para seguir mi camino. La pequeña que me habló me tomó el pantalón.
--Come con nosotros. Me invitó.
Los demás igual me rodearon, y me hablaban.
Me invitaron a ver su embarcación. Yo no veia ni un bote o barco. Ahí entendí que ellos no venían caminando venían por el río.
Era como una alfombra de palos amarrados. Medía como cuatro metros cuadrados. Llevaban muchas cosas arriba, bolsos, ollas, muebles.
Los niños me contaron que se estaban mudando. Su papá había conseguido trabajo muy lejos y como él había sido barquero. Construyó una barca como se hacía antes. Eran muy pobres y no les alcanzaba para pagar tantos pasajes.
Me obligaron a sentarme entre ellos. Conversaban y reían. Era un poco incómodo para mí ver cómo era una familia real.
--¿Adonde vas? Me preguntó él.
No supe que responder, porque no tenía una respuesta.
--Nosotros vamos a Santa Fe, si te sirve te podemos llevar.
No tenía la menor idea dónde quedaba.
--Llegaremos en tres días más de navegación.
--Vamos haciendo paradas por el río, a comer, como ahora.
--Llegando al atardecer buscamos un lugar donde alojar paramos en las orillas y dormimos y en el día continuamos viaje.
--Llevamos dos días navegando.
No le contesté nada. Pero pensaba.
Prepararon pescado, que habían sacado del río. Nunca lo había probado, tenía un sabor diferente, pero rico.
Yo los observaba y me decidí.
Cuando recogieron todo y empezaron a subir a la barcaza, me acerqué
--¡Sube! me dijo la madre, tomó mi mano y me tiró arriba.
Se acomodaron todos en sus puestos. La barcaza de palos debía ir equilibrada, así que cada uno tomó su puesto.
El padre se acomodó en la punta y con una gran lanza comenzó a mover los palos flotantes
El puesto que me indicaron fue al medio. Al principio me dió miedo el movimiento. La corriente era muy rápida. Desde afuera no se notaba, pero en medio del río era diferente. Se movía rápido.
La familia actuaba de forma normal. Las niñas jugaban tirándose una pelota. Su madre iba pendiente de cada uno de ellos. Mientras el papá de pie empujaba la barcaza.
La mamá tomó un palo que tenía una hilo colgando. Después supe que era una caña de pescar artesanal. Pescó tres peces, eran grandes.
--Solo se pesca lo que se come. Me explicó ella.
--El río es una bendición, pero hay que respetarlo. Solo sacar de él lo que uno consumirá.
--Esta será nuestra cena. Los niños estaban contentos
Eran como las siete de la tarde cuando empezaron a buscar un lugar donde pasar la noche. Todos indican dónde podía ser.
Finalmente, el padre comenzó a acercarse a la orilla, había encontrado el lugar adecuado.
Allegó la barcaza y todos bajamos. Él la subió un poco y la amarró a un árbol.
Entre todos buscamos leña, y se prendió fuego.
La mamá en la orilla limpió los peces.
Mientras él arreglaba unos palos para ensartar en el fuego los pescados.
Una hora después, frente a la hoguera todos comían pescado feliz.
Pensaba el día de ayer secaba mis lágrimas y hoy no había podido llorar. No quería que me vieran.
Ella acomodó a las pequeños, eran dos niñas y un varón él era el menor. Los arropó y beso a cada uno.
Que vida tan diferente a la mía.
Cuando todos se quedaron dormidos, lo pude hacer de forma silenciosa. Lloré por mi abuelo.
Miraba las estrellas y pensaba estamos mirando el mismo cielo abuelito. Las mismas estrellas y estamos tan lejos.
Desperté antes que ellos. Alimenté el fuego y cuando se despertaron la hoguera estaba viva de nuevo. Había puesto la tetera para hervir agua.
Dos días continuamos así. Viendo ciudades pequeñas y otras más grandes. Y yo escuchando y aprendiendo de otras vidas.
Los niños se acostumbraron a mi silencio. Aunque igual me conversaban de como sería el nuevo hogar donde vivirían.
Nunca me preguntaron mi nombre, y yo tampoco les pregunté a ninguno el suyo.
--Niña, mañana llegaremos a Santa Fe. Ni sé si quieres quedarte en el mismo poblado que nosotros.
--Es un lugar muy pequeño. Puro campo. Puedo parar y dejarte en la orilla en una de las ciudades que pasaremos hoy.
--Pero solo si quieres. Me dijo el papá.
Acepte de inmediato. Prefería poner distancia también de ellos, aunque habían sido gente tan buena.
Vió un poblado grande a lo lejos, sé allegó a la orilla.
Cuando iba a saltar, la madre me tomó la mano.
--No te olvides Santa fe se llama el pueblo a dónde iremos. Y Somos la familia Vera.
--Si te pasa algo. Búscanos y me apretó la mano.
, Me quedé sorprendida por su preocupación.
--Gracias, muchas gracias, cómo me hubiera gustado tener una familia así como la de ustedes.
--Cuiden a su mamá niños, es una mujer buena. Muy buena.
Me tiré en la orilla. Los pequeños me hacían señas, la mamá me miraba con dolor.
Era como si hubiera adivinado que yo huía.
Le respondí con mi mano una señal de adiós.
Los miré hasta que se perdieron en el horizonte.
Solo podía agradecer a estas personas que llegaron en el momento indicado.
¿Y Yo?
Debía continuar y buscar un lugar donde esconderme.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Entre tú y yo, ¡qué mucho echaba de menos tus letras!