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Prisionera De Fuego

Prisionera De Fuego

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rooo

"Prisionera de Fuego"
Min-jae, una humilde profesora de 22 años, acepta un trabajo desesperado en la Cárcel Seúl Elite sin saber el mundo que está por descubrir. Allí conoce a Kyung-ho, un apuesto mafioso coreano de 25 años que, tras las rejas, observa cada uno de sus movimientos en silencio.
Lo que comienza como una tensión silenciosa entre profesor y recluso se convierte en algo inevitable cuando un atentado nocturno envenenado los deja a ambos luchando por sobrevivir en la enfermería de la cárcel. Atrapados, drogados y desesperados, se encuentran en una noche que lo cambia todo.
Cuando ella decide irse, él sale libre. Pero el destino tiene otros planes.
Una reencuentro accidental años después deja claro que algunos fuegos nunca se apagan.
Una historia de supervivencia, pasión prohibida y la imposibilidad de olvidar.

NovelToon tiene autorización de Rooo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Reencuentro!

El Reencuentro Inevitable"

El autobús que nos llevó de Namhae a Seúl fue un viaje que atravesó más que kilómetros. Cruzamos fronteras temporales, de la paz rural a la velocidad urbana que me ahogaba.

Los gemelos presionaban sus narices contra la ventana, observando la transformación del paisaje. Árboles daban paso a edificios de vidrio. Los ríos tranquilos se convertían en autopistas congestionadas. La naturaleza cedía a la ambición humana.

— Es caótico — murmuró Hae-won.

— Es poderoso — corrigió Joon-ho.

Yo estaba en silencio, mis manos temblando en mi regazo.

La Academia Seúl para Jóvenes Prodigios era exactamente como me la había imaginado: una fortaleza moderna de acero y vidrio, rodeada de jardines de diseñador y seguridad de élite. Los portones de entrada mostraban el escudo de la familia Park en oro macizo.

Un guardia nos escoltó a través de pasillos que olían a dinero y expectativa. Las paredes mostraban fotografías de estudiantes con medallas de ciencias, premios internacionales, reconocimientos que la mayoría de los humanos nunca alcanzaría.

La oficina de la directora estaba en la cúspide del edificio. Ventanales piso a techo ofrecían una vista de Seúl que se extendía como un reino conquistado.

La Sra. Park Kyung-soon estaba de pie de espaldas a nosotros cuando entramos.

Incluso desde atrás, su presencia era aterradora. Cabello blanco perfecto, traje de diseñador, la postura de alguien acostumbrado a que el mundo se incline ante ella. Cuando se giró, reconocí los mismos ojos oscuros que había visto en Kyung-ho. Los mismos ojos que ahora miraban a mis hijos como si los estuviera escaneando con rayos X.

— Bienvenidos — dijo, y su voz era acero envuelto en seda. — Soy la Directora Park Kyung-soon. Administro esta institución desde hace veinte años.

Se acercó a los gemelos lentamente, circularmente, como un depredador que estudia a su presa.

— Joon-ho y Hae-won Park — leyó sus nombres de una carpeta, pero sus ojos no se apartaban de ellos. — Números de identificación inusualmente altos en sus exámenes. Casi anormales. ¿Puedo preguntarles dónde estudiaron antes?

— En casa — respondió Hae-won con calma. — Nuestra madre nos enseñó todo.

La directora pausó. Su mirada se desplazó hacia mí como un proyector encontrando un nuevo objetivo.

— ¿Madre? — preguntó, sus ojos escaneando mi rostro como si tratara de encontrar algo familiar. — ¿Nombre?

— Min-jae Park — respondí, mi voz más firme de lo que me sentía.

Algo cambió en su expresión. Una sombra pasó sobre sus facciones, demasiado rápido para confirmar si fue real.

— ¿Park es su apellido de soltera o de casada? — preguntó con deliberada lentitud.

Antes de que pudiera responder, hubo un golpe en la puerta.

Un hombre entró sin esperar permiso. Un hombre con un traje que costaba más que todo lo que poseía. Un hombre cuyo rostro había aparecido en mis sueños durante cinco años.

Kyung-ho.

Pero no era el Kyung-ho que recordaba. Este Kyung-ho era pulido, un predador domesticado, con el poder de una corporación detrás de sus ojos. Tenía cicatrices nuevas en sus nudillos que sugerían que aún se involucraba en negocios desagradables.

Se detuvo en seco cuando nos vio.

El tiempo se congeló. Su mandíbula se apretó. Sus manos se cerraron en puños. Durante un segundo inmortal, la máscara de empresario exitoso se resquebrajó, y vi el dolor que había portado durante cinco años.

— Kyung-ho — dijo su madre con una voz que sugería que ella también lo había percibido. — No esperaba verte hoy.

— Pasaba por la zona — respondió, pero sus ojos no se despegaban de mí. Luego miraron a los gemelos, y vi cuando el reconocimiento golpeó su pecho como un rayo.

Joon-ho y Hae-won miraban a Kyung-ho con la curiosidad de científicos observando un especimen fascinante. Pero había algo más. Una conexión. Una familiaridad que no tenía palabras.

— Estos son tus nuevos estudiantes, entonces — dijo Kyung-ho a su madre, pero la pregunta estaba dirigida a mí.

— Sí — respondió la directora, observando el intercambio con interés felino. — Notables, ¿no crees?

— Extraordinarios — murmuró Kyung-ho, y la palabra contenía años de longing.

— Mamá — preguntó Joon-ho, rompiendo el silencio ensordecedor —, ¿él es...?

— No — dije demasiado rápido, demasiado fuerte.

Pero Hae-won ya lo sabía. Lo vi en sus ojos. La niña miraba a Kyung-ho como si estuviera viendo una respuesta a una pregunta que había llevado dentro de ella durante toda su vida.

— ¿Quién es este hombre? — preguntó Hae-won, no a mí, sino directamente a Kyung-ho.

Él se arrodilló lentamente, poniéndose al nivel de los gemelos. Su movimiento fue tan cuidadoso, tan preciso, como si estuviera aproximándose a algo sagrado.

— Soy Kyung-ho Park — dijo simplemente. — Vicepresidente de Park Industries. Y... — hizo una pausa, mirándome brevemente, luego volvió a los niños —, alguien que una vez conoció a su madre hace mucho tiempo.

— En una cárcel — añadió Joon-ho, no como pregunta, sino como afirmación.

El shock en la habitación fue casi visible.

— ¿Cómo sabe eso? — preguntó la directora, su voz cortante como vidrio roto.

— Sentimos historias — explicó Hae-won con la tranquilidad de alguien describiendo un hecho científico. — Especialmente historias que están entrelazadas con nosotros. Y este hombre, su historia está entrelazada con la nuestra. Lo sabemos porque sentimos su presencia antes de verlo.

Kyung-ho cerró los ojos. Una emoción cruda cruzó su rostro —alivio, dolor, amor, todo simultáneamente.

— Min-jae — dijo, levantándose, sus ojos finalmente enfrentándose a los míos —, necesitamos hablar.

— No — respondí.

— Mamá — dijo Joon-ho con esa calma desconcertante —, creo que sí necesita hablar con él. Porque si no lo hace, la sombra que lleva nunca se irá. Y nosotros no podemos ser completamente nosotros hasta que sea así.

La directora observaba este drama con la intensidad de alguien presenciando una obra maestra.

— Bien — dijo finalmente —. Los estudiantes se instalarán en los dormitorios. La Profesora Park —hizo una pausa, saboreando las palabras— puede ser alojada en las casitas del personal. Kyung-ho, tengo que hablar contigo en privado sobre... ciertos arreglos.

Mientras nos sacaban de la oficina, Kyung-ho me miraba como si estuviera grabando cada detalle de mi rostro en su memoria. Y en sus ojos, vi cinco años de búsqueda, de esperanza abandonada y luego reaviada en un segundo.

Los gemelos caminaban entre nosotros, extrañamente calmados.

— Eventualmente, todos los secretos salen a la luz — murmurró Hae-won para que solo Kyung-ho y yo pudiéramos escuchar. — Es la naturaleza del universo.

Mientras los guardias nos guiaban hacia los dormitorios, supe que el frágil mundo que había construido en el campo estaba desmoronándose.

Y el hombre que lo había destruido todo caminaba detrás de nosotros, la tristeza y la determinación grabadas en cada línea de su cuerpo.

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