Entre cadenas y cicatrices
Antes de convertirse en asesinos, estrategas o mafiosos... fueron niños que solo querían ser amados.
Siete hombres marcados por el abandono, el dolor y los secretos del pasado terminan reuniéndose en la poderosa Mafia Portuaria. Allí descubrirán que las cadenas más difíciles de romper no son las del crimen, sino las que nacen del miedo, la obsesión y la necesidad de pertenecer.
Mientras intentan sobrevivir en un mundo donde un solo error significa la muerte, un misterioso enemigo comienza a mover las piezas desde las sombras. Su nombre es Kaiser Himura, un hombre dispuesto a destruir todo con tal de obtener aquello que desea.
Traiciones, alianzas, violencia, romance, lealtades enfermizas y cicatrices que jamás terminaron de sanar se entrelazan en una historia donde el amor puede convertirse en la peor prisión.
Porque algunos nacen para ser héroes...
Ellos solo intentan sobrevivir.
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Capitulo 1 — Nuevo comienzo
El pasado era algo que nadie podía cambiar.
Por más que una persona intentara escapar de sus recuerdos, siempre existía una parte de ellos que permanecía escondida en algún rincón del corazón. Pero incluso con todas las heridas que llevaba consigo, la vida continuaba avanzando.
Y quizás ese era el verdadero significado de empezar de nuevo.
La mañana llegó lentamente, iluminando una ciudad que comenzaba a despertar. Las calles estaban llenas de personas siguiendo sus propias historias, sin imaginar que cada una de ellas cargaba secretos, sueños y heridas que nadie más podía ver.
Entre todas esas personas estaba Yuki.
Con apenas diecinueve años, sentía que estaba parado frente a una puerta desconocida. Una nueva etapa de su vida estaba comenzando, pero eso no significaba que el miedo hubiera desaparecido.
Al contrario.
A veces, los nuevos comienzos eran los momentos más difíciles.
Porque dejar algo atrás significaba aceptar que ya no volvería a ser igual.
Yuki observó en silencio el lugar que tenía frente a él. Era diferente a todo lo que había conocido antes. Un sitio nuevo, personas nuevas y caminos que todavía no sabía hacia dónde lo llevarían.
Respiró profundamente.
—Supongo que este es el comienzo... —murmuró para sí mismo.
No sabía qué encontraría en ese lugar. No sabía si las personas que conocería serían capaces de entenderlo o si terminaría levantando nuevamente las mismas paredes que había construido durante años.
Pero por primera vez en mucho tiempo, quería intentarlo.
Aquel día no solo significaba un cambio de ambiente.
Significaba una oportunidad.
Una oportunidad para descubrir quién era realmente.
Mientras avanzaba, no imaginaba que su vida estaba a punto de cruzarse con personas que cambiarían completamente su camino.
Shuto, con sus veinticuatro años, era alguien que había aprendido a mantenerse firme incluso cuando las cosas se complicaban.
Asher, de veinticinco años, ocultaba más de lo que mostraba y sabía que algunas sonrisas podían esconder historias difíciles.
Zamir, con veintitrés años, tenía su propia manera de ver el mundo, aunque también cargaba con batallas que nadie conocía.
Xoam, Thiago y Amets eran personas con experiencias diferentes, cada uno con sus propias razones para estar allí.
Y entre todos ellos estaba Kento.
A sus cuarenta años, era alguien que ya había recorrido un largo camino. Había vivido momentos que los demás todavía no podían comprender. No necesitaba demostrar su fortaleza porque la experiencia hablaba por él.
Kento sabía algo que muchos todavía estaban aprendiendo:
que las personas no se definen por las veces que caen, sino por las veces que encuentran la fuerza para levantarse.
Sin embargo, incluso alguien como él tenía secretos que prefería mantener guardados.
Porque todos tenían una historia.
Todos tenían cicatrices.
Y todos estaban a punto de descubrir que sus caminos estaban conectados por algo mucho más grande de lo que imaginaban.
Yuki no lo sabía todavía, pero aquel nuevo comienzo no sería simplemente un cambio en su vida.
Sería el inicio de encuentros inesperados, decisiones difíciles y momentos que marcarían un antes y un después.
El pasado había dejado sus marcas.
Pero el futuro todavía estaba por escribirse.
Y esa historia apenas comenzaba.