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Un Destinó Sabor A Vino

Un Destinó Sabor A Vino

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Amor eterno / Completas
Popularitas:17.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Huyendo de los murmullos de la boda de su hermana con su exnovio, una alegre médica y fotógrafa aficionada lo vende todo para mudarse a un pueblo de viñedos. Cuando su auto queda varado en el camino, su salvación llega en una camioneta: un atractivo vitivinicultor, un hombre dedicado por entero a sus tierras, y su pequeña y ocurrente hija de cinco años.
Tras una separación amistosa, él no busca complicaciones, pero la luz que ella irradia y la inmediata complicidad que nace con la nena cambiarán sus planes. Cuando descubren que ella es la nueva doctora del hospital local, sus caminos se vuelven inevitables. Entre clics de cámara y el aroma a uva madura, descubrirán que el amor más dulce nace sin prisa, cosechando un nuevo destino para los tres.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El Gran Día

—¿Podés creerlo? Un año exacto. Yo no sé cómo le da la cara para estar acá sentada, sonriendo como si nada pasara.

—Pobre chica. Si a mí mi propia hermana me robara el novio de toda la vida, no le dirigiría la palabra nunca más. Pero bueno, hay personas que no tienen dignidad.

Los murmullos flotaban en el aire de la recepción, densos y cargados de una lástima rancia que me revolvía el estómago más que el champagne tibio que sustained en la mano. Estaba sentada en la mesa número cuatro, estratégicamente ubicada cerca de la pista de la suntuosa estancia que mis padres habían alquilado para el evento. Sabía perfectamente lo que se decía en las mesas contiguas, lo que las tías lejanas secreteaban detrás de sus abanicos de encaje y lo que mis antiguas amigas de la facultad comentaban mientras me miraban de reojo.

Para todo el mundo, yo era la víctima. La mujer despechada. La pobrecita que había sido cambiada por su hermana menor.

Apreté el tallo de la copa y respiré hondo, forzando a mis hombros a mantenerse relajados. La hipocresía de la gente me resultaba asfixiante. No me dolía la boda; lo que me aplastaba era la insoportable condescendencia con la que me envolvían, esa necesidad casi morbosa de verme quebrar, de encontrar una lágrima en mis ojos o un temblor en mis manos para alimentar los chismes del domingo.

Miré hacia el centro de la pista de baile, donde las luces cálidas creaban un aura casi mágica. Allí estaba Sofía. Su vestido de novia, una nube de tul y encaje blanco, giraba con gracia mientras se refugiaba en los brazos del hombre que ahora era su esposo.

Julián. Mi exnovio.

Observé la escena con absoluta atención, buscando dentro de mí cualquier rastro de ese dolor punzante que todos asumían que debía sentir. Pero no había nada. Solo una profunda, genuina y pacífica calma.

La gente recordaba los cinco años que Julián y yo habíamos pasado juntos como si hubieran sido un cuento de hadas interrumpido por una traición maquiavélica. Lo que nadie sabía, porque nunca me interesó ventilar mi intimidad, era que nuestra relación ya estaba muerta mucho antes de que Sofía apareciera en el mapa. El último año con él había sido una lenta agonía de silencios compartidos, de cenas donde el único sonido era el de los cubiertos contra el plato y de un desinterés mutuo que se nos pegaba a la piel como el polvo. Yo me había dado cuenta primero. Había visto cómo sus ojos ya no me buscaban al entrar a una habitación, cómo sus promesas de futuro se habían convertido en respuestas automáticas y vacías. El amor se había evaporado, transformándose en una cómoda y gris costumbre.

Cuando terminamos, no hubo gritos ni platos rotos. Hubo un suspiro de alivio que ambos intentamos disimular.

Meses después, el destino —o las insistentes reuniones familiares de mi madre— hizo que Julián coincidiera con Sofía. Ella, con su frescura, su risa ruidosa y esa forma tan suya de iluminar los espacios, despertó en él algo que yo jamás había logrado encender. Y Julián, a su vez, le dio a mi hermana la estabilidad y el norte que ella tanto buscaba. No fue un robo. Fue, simplemente, la química exacta encontrando su lugar en el mundo.

—¿Estás bien, mi amor? —La voz suave de mi madre me sacó de mis pensamientos. Sentí su mano enjoyada posarse sobre mi hombro, ejerciendo una presión cargada de una compasión que me hizo erizar los pelos de la nuca—. Si querés retirarte antes, yo le invento alguna excusa a los invitados. Nadie te va a juzgar, todos entienden que esto es... demasiado duro para vos.

Giré la cabeza y le regalé a mi madre la sonrisa más genuina que pude convocar.

—Estoy perfecta, mamá. De verdad. Sofía se ve hermosa, ¿no creés? El vestido le queda pintado.

Mi madre parpadeó, desconcertada por mi falta de dramatismo. Buscó en mis ojos alguna grieta, un destello de resentment, pero solo encontró la tranquilidad de quien sabe que está exactamente donde quiere estar. Con un leve suspiro que mezclaba alivio y decepción —porque a veces la familia también prefiere el drama a la paz—, asintió y se alejó hacia la mesa principal.

Dejé la copa de champagne sobre el mantel blanco. La atmósfera del salón empezaba a cerrarse sobre mí como una campana de cristal sin oxígeno. Las miradas seguían clavadas en mi espalda. Sentía los ojos de la tía abuela Marta, que me observaba con una mueca de dolor ensayada, y las risitas nerviosas de las primas de Julián. El aire estaba saturado de perfume caro, olor a comida gourmet y esa densa energía de juicio social. Me ahogaba. No por despecho, sino por el cansancio infinito de tener que sostener una fachada de "mujer fuerte que supera la adversidad" cuando, en realidad, ni siquiera consideraba esto una adversidad.

Sabiendo que no aguantaría una hora más de felicitaciones falsas y palmadas en el hombro, me levanté de la mesa. En lugar de dirigirme a los baños o a la barra, caminé decidida hacia el gran ventanal que daba a los jardines traseros de la estancia.

Al salir, el aire fresco de la noche me golpeó el rostro, devolviéndome el alma al cuerpo. El cielo estaba completamente despejado, salpicado de estrellas que la luz de la ciudad solía esconder. Caminé por el sendero de piedra, alejándome del eco de la música pop y de las risas artificiales. El silencio del jardín era el mejor bálsamo.

Crucé los brazos sobre el pecho para protegerme de la brisa fresca y seguí caminando hasta llegar a un viejo roble iluminado por pequeñas luces LED cálidas que colgaban de sus ramas. Me apoyé contra el tronco, cerrando los ojos por unos instantes. El silencio me permitió conectar con lo que realmente me importaba. Mañana sería el primer día del resto de mi vida. La casa de la ciudad ya estaba vendida, los papeles firmados y mis valijas listas en el baúl del auto. Había aceptado el puesto de médica en ese hospital rural, a cientos de kilómetros de distancia, en un pueblo del que solo había visto fotos de sus inmensos campos y viñedos dorados.

Iba a ser la doctora del lugar, sí, pero en mis horas libres, la cámara fotográfica que descansaba en mi bolso de mano sería mi única compañera. Quería capturar la luz del amanecer sobre la tierra, el galope de los caballos libres, el sudor digno de la cosecha. Quería aire puro. Quería dejar de ser "la ex de Julián" o "la hermana buena" para ser simplemente yo.

—Sabía que estarías acá.

La voz dulce de Sofía me hizo abrir los ojos. Se acercaba levantando un poco la falda de su vestido para no arrastrarla por el pasto húmedo. Sus mejillas estaban coloradas por el baile y sus ojos brillaban con esa felicidad radiante que solo tienen las novias que se casan verdaderamente enamoradas.

—Hola, casamentera —le dije con cariño, despegándome del árbol.

Sofía se detuvo a un par de pasos de mí. La sombra de la culpa, esa que había intentado ocultar durante todos los meses de preparativos, asomó sutilmente en su mirada.

—¿Estás bien, Mile? —preguntó en un hilo de voz—. Escuché a algunas personas en el salón decir cosas... Horribles. Mi suegra sugirió que viniste solo para mantener las apariencias. Decime la verdad, por favor. Si esto te duele, si haber venido te hizo daño... yo nunca me lo voy a perdonar.

Caminé hacia ella y le tomé las manos. Estaban frías por los nervios. Las apreté con fuerza, mirándola fijamente a los ojos para que no quedara ni una sola duda en su corazón.

—Sofía, mírame —le pedí con voz firme y serena—. Julián es un hombre maravilloso, pero no era para mí. Lo nuestro se había terminado mucho antes de que él te mirara. No te quedaste con nada que fuera mío, porque mi historia con él ya era pasado. Te amo, sos mi hermana, y verlo feliz a él contigo me da una paz tremenda porque sé que los dos encontraron lo que realmente necesitaban. No dejes que los chismes de gente que no tiene vida arruinen tu noche. Este es tu día. Disfrutalo.

Una lágrima rodó por la mejilla de Sofía, pero esta vez fue de puro alivio. Me abrazó con fuerza, hundiéndose en mi hombro, descuidando por un segundo el peinado perfecto y el velo.

—Gracias, Mile. Sos la mejor hermana del mundo —susurró.

—Andá a bailar con tu esposo —le dije, separándola con una sonrisa juguetona—. Que yo tengo que terminar de planificar mi propia aventura.

Sofía se limpió la lágrima con cuidado, me sonrió con el alma expandida y regresó corriendo hacia el salón, lista para ser feliz sin cargas en la espalda.

Me quedé sola en el jardín, mirando hacia la gran casona iluminada. Una profunda sensación de libertad me recorrió el cuerpo. Ya no había deudas con el pasado, no había rencores que cargar, ni explicaciones que dar. Mañana, el horizonte sería completamente mío.

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Cliente anónimo
Muy hermosa historia y es importante aprender a que lo mejor es estar donde nos sentimos realizados
Mariandy Nathali Montilla Veroes
Felicitaciones
MariaVG😘
hermosa historia felicidades 💐💐💐
MariaVG😘
esa Sofía me cae muy muy mal 🤬🤬🤬
MariaVG😘
me encanta Ian. Quiero uno así 😍😍
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Maravilloso
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Derroche de amor en esta historia gracias fue encantador
Anonymus
Excelente historia, muestra como todos tenemos un lugar al cual llegar y ser felices, en el aspecto de la visa que el destino decida ofrecernos, solo es ir a por ello.
SUPER RECOMENDADA 💯❌️💯👌🏻
Anonymus
Gracias escritora por tan linda historia, por mostrar que no se necesitan dramas truculentos, llenos de excesos, solo la cotidianidad, que puede ser la historia de cualquiera de nosotr@s, para atrapar con sus líneas a cada lector EXCELENTE HISTORIA 💯❌️💯👌🏻
Anonymus
Pensé que el mural con la cámara era para el cuarto de Inti o lo hicieron en el del bebé también?
Anonymus
Porque chiquita, antes decia.qur era niño o ando medio loca yo ya 🫣
Elizabeth Fernández
gracias por ésa hermosa historia felicidades 🙏🏻
Maria Jose PAlma
la ame muy linda preciosa muchas felicidades
Marisel Rio
💕💕💕💕Excelente novela
Hermosa desde el primer momento, llens de amor de familia amistad
La super recomiendo 💕💕💕💕💕
Felicitaciones autora 💕 👏
Maria Solorzano
Gracias a ti Autora por compartir tu hermoso talento con todos nosotros ❤️ ya tiene mi voto, regalos y las 5 ⭐⭐⭐⭐⭐ que no pueden faltar 🤝👍 sigue creando estas novelas que nos encantan ❤️😍
Maria Solorzano
Hermoso libro, te enamoras de principio a fin 😍😍❤️ lo recomiendo, felicidades a la Autora, sigue creando hermosas historias que te atrapan desde el primer capítulo hasta el final 👍🤝
Maria Solorzano
Gracias querida Autora, está novela me atrapó igual que todas tus obras, gracias por compartirla 😍 enamorada de esta dulce y hermosa novela, felicidades por tu talento, sigue cosechando éxitos 👍🤝😘 bendiciones y saludos desde Ecuador 🇪🇨
Maria Solorzano
Que hermoso 💞💞❤️😍🤩❤️
Anonymus
Finalmente , ella construye su propia familia, desde el amor la compresión y el compromiso.
Alexandra Castillo Olaya
cada capítulo es más hermoso
estoy super emocionada con la historia . bellísima🥰🥰🥰🥰🥰
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