Valentina Mena es una mujer fuerte e independiente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Matteo De Luca, líder de un poderoso imperio mafioso, está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. Cuando sus caminos se cruzan, nace una atracción peligrosa que los llevará a enfrentarse entre el amor, el poder y la traición.
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Celos y advertencias.
Valentina respiró profundamente antes de cruzar las puertas del restaurante. El lugar era elegante, iluminado por enormes lámparas de cristal y decorado con un lujo que pocas veces había visto tan de cerca. Sin embargo, nada de eso logró impresionarla.
Lo que sí llamó su atención fue Matteo.
Vestido con un impecable traje negro, permanecía de pie junto a la entrada. Parecía tranquilo, seguro de sí mismo, como siempre. Pero cuando sus ojos se encontraron con los de ella, algo cambió.
Por una fracción de segundo, Matteo olvidó todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
—Llegas tarde —dijo él cuando finalmente logró reaccionar.
Valentina sonrió.
—Qué curioso. La primera vez fui yo la que llegó cinco minutos tarde y no has podido olvidarlo.
—Las experiencias traumáticas dejan secuelas.
—Qué exagerado.
Marco soltó una carcajada detrás de ellos.
—Empiezo a entender por qué te gusta tanto.
Matteo le lanzó una mirada asesina.
—Marco.
—Ya me voy.
—Más te vale.
Valentina observó la escena divertida.
—¿Siempre es así?
—Peor.
—Lo tomaré como una advertencia.
Matteo le ofreció el brazo.
—¿Entramos?
—Puedo caminar sola.
—Lo sé.
—Entonces deja de ofrecerme el brazo.
—Solo intentaba ser amable.
—Debes practicar más.
Matteo negó con la cabeza mientras la acompañaba al interior.
Aquella mujer iba a acabar con su paciencia.
Y lo peor era que parecía disfrutarlo.
La cena reunió a empresarios importantes, inversionistas y personas influyentes. Apenas entraron, varias personas se acercaron a saludar a Matteo.
Todos parecían respetarlo.
Algunos incluso parecían temerle.
Valentina notó aquel detalle inmediatamente.
—Eres bastante popular.
—No estoy seguro de que esa sea la palabra correcta.
—¿Temido entonces?
Matteo la observó.
—Eres muy observadora.
—Forma parte de mi encanto.
—Eso me suena familiar.
—Porque te lo robé.
Por primera vez en la noche, Matteo sonrió de verdad.
Y varias personas en la mesa se quedaron mirándolo.
Al parecer no era algo que sucediera con frecuencia.
La cena transcurrió entre conversaciones de negocios y negociaciones importantes. Valentina participó activamente, sorprendiendo a varios de los presentes con sus conocimientos.
—Señorita Mena —dijo uno de los inversionistas—, debo admitir que esperaba encontrarme con alguien muy diferente.
—¿Eso es bueno o malo?
—Muy bueno.
—Entonces continuaré considerándolo un cumplido.
El hombre sonrió.
—Es usted una mujer fascinante.
Valentina agradeció el comentario con educación.
Sin embargo, Matteo observó toda la escena en silencio.
No le gustó.
No le gustó absolutamente nada.
Marco, sentado a su lado, notó inmediatamente el cambio en su expresión.
—Oh, no.
—¿Qué?
—Estás celoso.
Matteo casi se atragantó con su bebida.
—No digas tonterías.
—Llevas cinco minutos mirando a ese hombre como si estuvieras planeando su funeral.
—Estoy escuchando la conversación.
—Claro.
—Marco.
—Ya me callo.
Pero ninguno de los dos ignoró la verdad.
Aquello se parecía peligrosamente a los celos.
Y Matteo odiaba sentirse así.
Cuando la cena terminó, varios invitados comenzaron a despedirse.
Valentina salió hacia la terraza para tomar un poco de aire.
La noche estaba fresca y las luces de Bogotá iluminaban la ciudad a lo lejos.
—Escapando de todos —dijo Matteo acercándose.
—Tomando aire.
—¿Te aburriste?
—No.
—Entonces ¿qué sucede?
Valentina apoyó los brazos sobre la baranda.
—Nada.
—Mientes muy mal.
—Y tú haces demasiadas preguntas.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Un silencio extraño.
Cómodo.
Peligroso.
—¿Siempre eres tan difícil? —preguntó Matteo.
—¿Siempre eres tan insistente?
—Solo contigo.
Valentina giró la cabeza para mirarlo.
Y durante unos segundos ninguno apartó la mirada.
Aquella tensión volvía a aparecer.
La misma que había nacido en aquella primera reunión.
La misma que parecía crecer cada vez que estaban cerca.
—Eso debería preocuparme —dijo ella.
—Probablemente.
—Al menos eres sincero.
—Solo cuando vale la pena.
Por primera vez en mucho tiempo, Valentina sintió que se quedaba sin una respuesta inteligente.
Y aquello era raro.
Muy raro.
Antes de que pudiera decir algo más, el teléfono de Matteo sonó.
La expresión de él cambió inmediatamente.
Toda la calidez desapareció de su rostro.
Volvió el hombre frío y peligroso.
—¿Ocurre algo? —preguntó Valentina.
Matteo observó la pantalla unos segundos.
—Tengo que irme.
—¿Tan grave es?
—Sí.
—Entiendo.
Matteo guardó el teléfono.
Por un instante pareció debatirse internamente.
Como si quisiera decir algo más.
—Haré que alguien te lleve a casa.
—Puedo arreglármelas sola.
—Lo sé.
—Entonces deja de comportarte como si no pudiera.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Matteo.
—Eso también me gusta de ti.
Valentina sintió que su corazón daba un pequeño salto.
Y aquello la irritó profundamente.
—Buenas noches, Matteo.
—Buenas noches, Valentina.
Ella observó cómo se alejaba acompañado por varios hombres.
Y por primera vez se preguntó qué clase de vida llevaba realmente Matteo De Luca.
Porque detrás de los trajes elegantes, los negocios y las sonrisas arrogantes, había secretos.
Secretos peligrosos.
Y sin saberlo, acababa de dar el primer paso hacia ellos.
fuegos artificiales!!!!
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