La historia sigue a Anna, una joven cuya vida ha sido planificada como una transacción comercial por su madre, una mujer ambiciosa que ve en el matrimonio de su hija la salvación de su estatus. Anna, buscando un último respiro de rebeldía, se entrega a una noche de pasión con Sebastián, un extraño de mirada peligrosa y reputación cuestionable.
El conflicto estalla cuando Anna descubre que el "desconocido" de esa noche no solo es el hermano de su futuro marido, sino el hombre que habitará bajo su mismo techo.
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sola
Tu habitación es la que está asta el final del pasillo.— dijo Sebastián mirando a Anna que no paraba de llorar.
— Por que haces esto Sebastián— pregunto Anna llorando.
—Tu madre y tu se vendieron con mi familia, no te importo con quien te casaran, si con mi hermano o conmigo¿ no?, lo único que ustedes dos querían era dinero y ya lo obtuvieron, ahora te toca a ti pagar.— dijo Sebastián tomándola de la cintura mirando sus labios.
Anna no dijo nada, lo miro con desprecio aunque muy en el fondo sentir los dedos de Sebastián en su cintura le puso la piel erizada, ella lo empujó de su duró pecho de Sebastián y subió corriendo las escaleras con la respiración agitada, entrando a la habitación, mientras Sebastián se quedó al pie de la escalera mirándola.
Arriba, Anna se apoyó contra la pesada puerta de madera, escuchando los latidos de su propio corazón retumbar en sus oídos. El frío de la habitación contrastaba con el fuego que sentía en el rostro. Se odiaba a sí misma por haber reaccionado físicamente a su toque. Se odiaba por no haberle gritado que él era el único responsable de esta farsa.
Miró a su alrededor. La habitación era inmensa, lujosa, llena de sedas y muebles finos, pero para ella no era más que una celda de lujo. Se acercó a la ventana y vio la oscuridad total del campo; no había luces, no había caminos, solo el bosque que parecía cerrarse sobre la mansión.
Después de un par de horas Anna se quedó dormida estaba exhausta del camino recorrido y de tanto llorar.
...A la mañana siguiente....
...En palabras de Anna....
Desperté por el ruido de un par de pajaritos que cantaban Cerca de mi ventana, mire a mi alrededor no estaba Sebastián ni rastro que hubiera dormido en la misma habitación que yo.
...toc toc toc......
El ruido de la puerta me asusto.
-Adelante— dije nerviosa esperando ver a Sebastián, Pero no era el en cambio era una mujer no muy mayor.
—Buenos días señora, le traje el desayuno y me gustaría presentarme, yo soy Rocío y estoy a su servicio.— dijo la mujer con una sonrisa mirándome.
— Buenos días Rocío, gracias por el desayuno.— dije mirando el plato con una ensalada de pollo con lechuga fruta y yogurt que se veía delicioso.
— No debe agradecer, estoy para servirle, si gusta algo más, solamente apreté el botón que está a lado de su cama y yo o otra muchacha de servicio vendrá de inmediato.— dijo la mujer amablemente.
—¿ Rocío y Sebastián.?— pregunté.
— El señor no está.— dijo Rocío, tratando de minimizar que Sebastián no había llegado a dormir.
—¿Sabe a qué hora volverá? —pregunté, tratando de que mi voz sonara indiferente, aunque por dentro mis nervios estaban a flor de piel.
Rocío evitó mi mirada por un segundo mientras acomodaba la bandeja en la mesa de noche. Su amabilidad parecía genuina, pero también notaba en ella ese miedo reverencial que todos le tenían a los Sáenz.
—No sabría decirle, señora. El señor salió muy temprano, antes de que saliera el sol. Solo dio instrucciones de que no se le molestara y que usted tuviera todo lo que necesitara.
Cuando Rocío salió de la habitación, el silencio volvió a caer sobre mí como una losa. Me acerqué al ventanal. La vista era impresionante: hectáreas de bosque y jardines perfectamente cuidados, pero no se veía ni una sola salida.
Me senté a desayunar, pero apenas pude probar bocado. Mi mente no dejaba de dar vueltas. "El señor no llegó a dormir", había dicho Rocío con la mirada. ¿Se habría quedado vigilando la entrada? ¿O acaso su orgullo era tan grande que prefirió dormir en cualquier otro sofá antes que cerca de la mujer que "se vendió" a su familia?
De pronto, noté algo. Debajo de la servilleta de lino en la bandeja del desayuno, asomaba la esquina de un sobre de papel grueso, color crema.
Con el corazón latiéndome en la garganta, lo saqué. No tenía nombre, pero el perfume que emanaba era el de él: madera y tabaco caro.
Abrí el sobre con manos temblorosas y leí la nota escrita con una caligrafía firme y elegante:
"Espero que el silencio de esta casa te ayude a reflexionar, Anna. He ido a terminar unos asuntos pendientes que dejamos a medias ayer. No intentes salir de los límites del jardín; mis hombres tienen órdenes de no ser tan caballerosos como yo.
Disfruta tu desayuno. Volveré para la cena, y espero que para entonces hayas decidido qué cara me vas a mostrar: la de la esposa que aceptó este trato, o la de la mujer que sigue soñando con imposibles."
El aire se me escapó. "Asuntos pendientes". El miedo por Fernando volvió a golpearme con fuerza.