Amor, venganza y secretos destruyen corazones destinados a reencontrarse nuevamente.
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Capitulo 5
Belinda comenzó a comprender.
Y el horror apareció lentamente en sus ojos.
Muriel soltó una respiración temblorosa.
—Mi padre me llevó al hospital.
La rabia comenzó a mezclarse con el dolor en su expresión.
—Y cuando le dijeron lo que tenía… él decidió todo por mí.
Belinda negó lentamente, como si no quisiera entender lo que estaba escuchando.
—Muriel…
—Presionó al doctor...
Ahora lloraba sin intentar contenerse.
—Yo traté de negarme… te juro que lo hice.
Su voz se rompió completamente.
—Pero era menor de edad… y Omar ya no estaba.
Belinda llevó una mano a su boca.
El dolor de Muriel era tan profundo que casi podía tocarse.
—No pude salvar a mi hijo…
La confesión cayó como un golpe devastador.
Muriel se cubrió el rostro llorando desconsoladamente.
Todos aquellos años.
Toda aquella rabia.
Todo el odio hacia su padre.
Finalmente tenía sentido.
Belinda la abrazó inmediatamente mientras las lágrimas también llenaban sus propios ojos.
—Oh, Muriel…
Muriel temblaba entre sus brazos.
—Nunca podré perdonarlo.
Belinda cerró los ojos con fuerza mientras acariciaba su cabello.
Porque ahora entendía algo terrible.
Lauro Galiano no solo había destruido a su hija... había arrancado una parte de ella para siempre.
......................
La oficina permanecía en silencio.
Solo se escuchaba la lluvia golpeando suavemente los ventanales mientras Belinda seguía abrazando a Muriel.
Muriel ya no lloraba con la misma intensidad, pero sus ojos seguían húmedos y cansados.
Belinda acarició suavemente su cabello.
—No me puedo imaginar todo lo que sufriste…
Muriel soltó una pequeña risa amarga.
—Desde que cumplí dieciocho salí de aquella casa.
Belinda levantó la mirada hacia ella.
—Trabajaba en la biblioteca en el día, de mesera por las noches… estudié online.
Su voz estaba llena de cansancio acumulado.
Dolor antiguo.
—Hace cinco años, con unos pocos ahorros, empecé a editar manuscritos. Luego conseguí algunos autores importantes… hasta que reuní suficiente capital para fundar la editorial.
Miró alrededor de la oficina.
Todo aquello lo había construido sola.
Con esfuerzo.
Con insomnio.
Con lágrimas que nadie vio.
—Y aquí me tienes.
Belinda sintió el pecho apretarse.
Porque detrás de aquella mujer fuerte y exitosa existía una adolescente rota que tuvo que sobrevivir sola demasiado pronto.
Muriel bajó lentamente la mirada hacia sus manos.
—Daría todo porque mi bebé estuviera vivo…
Su voz se quebró otra vez.
—Tendría ocho años.
El silencio cayó pesadamente entre ambas.
Belinda apretó suavemente su mano.
—No te atormentes por eso.
Muriel cerró los ojos.
Pero el dolor seguía ahí.
Siempre estaba ahí.
—No puedes volver al pasado y cambiarlo —susurró Belinda.
Muriel respiró profundamente intentando controlarse.
Después se limpió rápidamente las lágrimas con las manos.
—Lo siento… no quería que me vieras así.
Belinda frunció el ceño inmediatamente.
—No vuelvas a disculparte conmigo por mostrarme vulnerabilidad.
Muriel intentó sonreír apenas.
Belinda tomó su rostro suavemente entre las manos.
—Me alegra que confiaras en mí. Y lamento tanto no haber estado contigo durante ese tiempo…
Muriel negó enseguida.
—No fue tu culpa.
—Aun así… —Belinda sonrió con tristeza— sabes que te quiero como a una hermana.
Aquello hizo que Muriel finalmente sonriera de verdad, aunque fuera apenas un poco.
—Yo también te quiero.
Belinda le dio un pequeño golpe suave en la pierna intentando cambiar el ambiente.
—Ahora seca esas lágrimas.
Muriel soltó una pequeña risa nasal.
—¿Y después qué?
Belinda sonrió divertida.
—Haz lo que mejor sabes hacer.
Muriel arqueó una ceja.
—¿Trabajar hasta morir?
—No. —Belinda señaló el escritorio lleno de carpetas—. Escribir y esconder tus historias como si fueran secretos de estado.
Muriel soltó una risa más sincera esta vez.
—Jamás voy a publicar esos manuscritos.
—Eso dices ahora.
Belinda se levantó del sofá.
—Pero algún día alguien te obligará a dejar de esconderte detrás de libros ajenos.
Muriel desvió la mirada hacia el escritorio.
Hacia el cajón donde guardaba todas aquellas páginas que jamás permitía que nadie leyera.
Tal vez porque escribirlas era la única manera que tenía de sacar todo aquello que llevaba roto por dentro.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Las horas pasaron con rapidez, Muriel terminó aceptando la insistencia de Belinda y fue con ella a su casa.
Necesitaba compañía.
Después de todo lo ocurrido con su padre, los recuerdos que llegaron como un huracán, la idea de quedarse sola en casa con sus pensamientos le resultaba insoportable.
El automóvil de Belinda se detuvo frente a una acogedora casa.
Apenas entraron, el delicioso aroma de comida casera envolvió inmediatamente a Muriel.
—¡Mamá, llegue!, traje una visita—gritó Belinda mientras dejaba las llaves sobre una mesa.
Segundos después apareció una mujer de cabello castaño oscuro y expresión cálida.
Sus ojos se iluminaron apenas vio a Muriel.
—¡Mira quién decidió aparecer finalmente!
Muriel sonrió con ternura.
—Hola, Elena.
La mujer caminó directamente hacia ella y la abrazó con fuerza.
—Ya pensaba que te habías olvidado de mi.
Muriel cerró los ojos apenas un instante, dejándose envolver por aquel cariño tan familiar.
Siempre le había gustado hablar con ella.
Había algo cálido y tranquilo allí.
Algo que muchas veces sintió que faltaba en la suya.
—He estado trabajando mucho —respondió con una pequeña sonrisa.
Elena negó con dramatismo.
—Esa editorial te explota demasiado.
Belinda soltó una carcajada.
—Mamá, ella es la dueña.
—Entonces debería demandarse a sí misma por exceso de trabajo.
Muriel terminó riéndose suavemente.
Y por primera vez en todo el día sintió que podía respirar sin ese peso aplastándole el pecho.
—Bueno, vengan a cenar antes de que la comida se enfríe —ordenó Elena.
Las tres se acomodaron alrededor de la mesa del comedor mientras conversaban.
El ambiente era ligero.
Cómodo.
Belinda hablaba sin parar sobre su ruptura con Antonio, exagerando cada detalle hasta hacer reír a su madre y a Muriel.
—¡Y todavía tuvo el descaro de decirme que la influencer espiritual “lo entendía emocionalmente”!
Elena abrió los ojos indignada.
—¿Qué clase de tontería es esa?
—La misma que pensé yo —respondió Belinda señalándose el pecho—. Claramente estaba atravesando una crisis de estupidez.
Muriel soltó una carcajada sincera.
Elena sonrió apenas al verla reír.
Porque conocía a Muriel desde niña y sabía reconocer cuando algo la estaba lastimando.
Y aquella noche, aunque intentaba disimularlo, sus ojos seguían cargados de tristeza.
Mientras cenaban, Elena le sirvió más comida.
—Estás demasiado delgada.
—Elena…
—No discutas conmigo. Comes peor que un estudiante universitario en la carrera de medicina.
Belinda señaló a Muriel inmediatamente.
—¡Te lo dije!
Muriel rodó los ojos con una pequeña sonrisa.
Durante un momento, simplemente escuchó las discusiones entre madre e hija mientras observaba aquella mesa llena de vida.
Y una punzada silenciosa atravesó su pecho.
Porque durante años había extrañado algo tan simple como eso.
Un hogar cálido.
Una familia que no estuviera rota.
Belinda la observó de reojo y sonrió apenas.
Sabía que Muriel necesitaba exactamente aquello esa noche.
Normalidad.
Cariño.
Un lugar donde pudiera sentirse segura.
Y aunque ninguna de las tres lo sabía todavía…
Aquella calma estaba a punto de desaparecer con el regreso de Omar Torrealba a Valle Escondido.
nada más quiere tantito para estar con el..
es hora de ser feliz mujer y más con el hombre que te ama ..
O Lauro se enredó con la mamá de Omar o la mamá de Muriel se enredó con el papá de Omar ......🧐🤔🤨🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴