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Los Herederos De Los Elementos

Los Herederos De Los Elementos

Status: En proceso
Genre:Escuela / Mundo mágico / Romance
Popularitas:798
Nilai: 5
nombre de autor: Itzel Velasco

En la Academia Real Arcana, la misteriosa Yoselin despierta el poder oculto de cinco princesas y enseña a los orgullosos príncipes que la unión y el amor son su mayor fuerza para enfrentar al Rey del Vacío.

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Capítulo 3: La prueba del bosque prohibido

El tercer día de entrenamiento comenzó antes de que saliera el sol.

Una espesa neblina cubría los jardines de la Academia Real Arcana, envolviendo las torres de piedra en un silencio casi inquietante. La mayoría de los estudiantes aún dormía cuando una campana sonó tres veces, una señal que solo se utilizaba para los entrenamientos especiales.

Daniel fue el primero en llegar al patio principal. Poco después aparecieron Dante, Oliver, Uriel y César. Minutos más tarde, las cinco princesas caminaron juntas hasta el lugar de reunión. León llegó al final, procurando pasar desapercibido como de costumbre.

Yoselin los esperaba junto a un enorme portón de hierro que permanecía cerrado desde hacía años.

—Buenos días —saludó con calma.

—¿Por qué nos hiciste venir tan temprano? —preguntó Daniel, todavía somnoliento.

—Porque los verdaderos peligros no esperan a que salga el sol.

Con un movimiento de su mano, el pesado portón comenzó a abrirse lentamente.

Del otro lado se extendía un inmenso bosque cubierto por árboles centenarios cuyas ramas ocultaban casi por completo la luz del amanecer.

Brisa tragó saliva.

—¿Ese es...?

—Sí —respondió Yoselin—. El Bosque Prohibido.

Todos intercambiaron miradas.

Las historias sobre aquel lugar eran conocidas en los cinco reinos. Se decía que el bosque estaba vivo, que cambiaba sus senderos y que solo permitía salir a quienes demostraban un corazón puro.

—Hoy cruzarán el bosque —anunció Yoselin.

Daniel sonrió con confianza.

—Eso será sencillo.

—¿De verdad lo crees?

Él asintió.

—Cinco príncipes entrenados contra unos cuantos árboles.

La instructora negó lentamente.

—El bosque no pelea con espadas.

Pelea con tus miedos.

El silencio volvió a instalarse entre el grupo.

—Entrarán todos juntos. Nadie se separará. Pase lo que pase, recuerden una sola cosa.

Los observó uno por uno.

—No crean todo lo que vean.

Apenas cruzaron el portón, el ambiente cambió por completo.

El aire se volvió más frío.

Los sonidos de la academia desaparecieron.

Solo podía escucharse el viento moviendo las hojas.

Durante varios minutos caminaron sin problemas.

Hasta que ocurrió.

El sendero comenzó a dividirse.

Primero en dos.

Luego en cuatro.

Después en decenas de caminos.

—¿Cuál tomamos? —preguntó Maya.

Yoselin permanecía detrás del grupo sin intervenir.

Era parte de la prueba.

Daniel observó los senderos.

—Por aquí.

Sin esperar la opinión de los demás, comenzó a caminar.

Los demás lo siguieron.

A los pocos minutos llegaron al mismo lugar donde habían comenzado.

Uriel frunció el ceño.

—Eso es imposible...

Intentaron otro camino.

El mismo resultado.

Después un tercero.

Y un cuarto.

Siempre terminaban frente al mismo árbol cubierto de musgo.

La frustración comenzó a notarse.

—Este bosque está embrujado —murmuró Aurora.

—No —respondió Yoselin—. Solo está esperando.

—¿Esperando qué?

—Que dejen de buscar con los ojos.

Las princesas se miraron confundidas.

Entonces Flora cerró los ojos.

Apoyó lentamente una mano sobre el tronco del enorme árbol.

Durante unos segundos permaneció completamente inmóvil.

Después sonrió.

—Ya entendí.

Todos la observaron.

—Los árboles nos están guiando.

Oliver también colocó la mano sobre la corteza.

Podía sentir una suave vibración bajo sus dedos.

Como si el bosque respirara.

—El camino correcto... está vivo.

Yoselin sonrió con orgullo.

—Exactamente.

Más adelante encontraron un pequeño puente de piedra.

Solo una persona podía cruzarlo a la vez.

Daniel dio el primer paso.

En ese instante apareció frente a él una imagen.

Era su padre.

El rey lo observaba con decepción.

—Nunca serás digno de la corona.

Daniel se quedó inmóvil.

La ilusión parecía completamente real.

Apretó los puños.

—No...

La voz continuó.

—Siempre habrá alguien más fuerte que tú.

Desde el otro lado del puente, Yoselin comprendió lo que estaba ocurriendo.

—¡Daniel!

Él no reaccionó.

Las palabras del rey seguían resonando.

—¡Mírame!

Finalmente levantó la vista.

Yoselin sostuvo su mirada.

—Eso no es tu padre.

Es tu miedo.

Daniel respiró profundamente.

Cerró los ojos durante unos segundos.

Cuando volvió a abrirlos, la ilusión había desaparecido.

Cruzó el puente sin volver atrás.

Era la primera vez que comprendía que incluso él tenía debilidades.

Las pruebas continuaron.

Aurora enfrentó el miedo de perder a sus hermanas.

Maya revivió el recuerdo del día en que le dijeron que jamás sería una verdadera reina.

Brisa escuchó las burlas de quienes la llamaban cobarde.

Flora volvió a sentir el peso del sello que limitaba su magia.

Y Elisabeth...

No vio ninguna ilusión.

Solo oscuridad.

Una oscuridad inmensa.

De ella surgió una voz grave.

—Tú no perteneces a la luz.

Perteneces a mí.

Los ojos de Elisabeth comenzaron a brillar con un intenso color plateado.

Al mismo tiempo, sombras negras aparecieron alrededor de sus pies.

Yoselin reaccionó de inmediato.

Colocó una mano sobre el hombro de la princesa.

—Respira.

Elisabeth obedeció.

Las sombras desaparecieron lentamente.

Nadie dijo una palabra.

Pero la instructora comprendió algo que esperaba no confirmar tan pronto.

El sello de Elisabeth era el más inestable de todos.

Cuando finalmente salieron del bosque, el sol ya estaba alto.

Todos estaban agotados.

Daniel se acercó a Yoselin mientras los demás descansaban.

—Tenías razón.

Ella levantó una ceja.

—¿Sobre qué?

—No somos tan fuertes como creemos.

Por primera vez desde que se conocieron, sus palabras no estaban cargadas de orgullo.

Yoselin sonrió levemente.

—Reconocerlo no te hace más débil.

Te hace más fuerte.

Daniel bajó la mirada unos segundos antes de responder.

—Gracias...

Ella no esperaba escuchar esa palabra.

—¿Por qué?

—Porque nadie antes se había preocupado por enseñarnos algo más que pelear.

Durante un instante ambos permanecieron en silencio.

Un silencio extraño.

Incómodo.

Pero también tranquilo.

Desde la distancia, Valeria observó la escena.

Apretó los puños con fuerza.

—¿Le dio las gracias?

Selene sonrió con malicia.

—Parece que nuestro orgulloso príncipe está empezando a cambiar.

Los ojos de Valeria brillaron con enojo.

—Entonces tendremos que impedirlo.

Porque si Daniel comenzaba a confiar en Yoselin...

Sería mucho más difícil apartarla de su lado.

Muy lejos de la academia, en las profundidades del Reino del Vacío, una figura cubierta con una armadura negra abrió un antiguo pergamino.

Cinco símbolos comenzaron a iluminarse.

—Los sellos ya empezaron a debilitarse...

Una sonrisa oscura apareció bajo el casco.

—Es hora de mover nuestras piezas.

Y, por primera vez en más de quinientos años, los antiguos enemigos de los cinco reinos comenzaron a despertar.

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