NovelToon NovelToon
Tu Precio, Mi Deseo

Tu Precio, Mi Deseo

Status: Terminada
Genre:Romance / Autosuperación / Posesivo / Completas
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

El zumbido del motor de un coche deportivo de setecientos caballos de fuerza apenas lograba competir con el ruido en la mente de Damiano Serrano. Habían pasado tres días desde la noche en el Grand Horizon, tres días en los que el recuerdo de la piel canela de Scarlett, el aroma a vainilla de su cuello y la insolencia de sus labios rojos se habían convertido en una jodida interferencia en su rutina perfecta.

En las reuniones de la junta directiva de *Serrano Motors*, se descubría a sí mismo mirando las ventanas acristaladas, reviviendo la presión de la cintura de la joven bajo sus manos. En el taller, confundía las líneas de los bocetos con las curvas de su espalda descubierta. Estaba obsesionado, y el orgullo le escocía como el ácido. Él no se obsesionaba. Él controlaba las variables. Pero Scarlett Moreno era una anomalía del sistema que no podía recalibrar.

A las siete de la tarde de un martes, solo en su oficina del último piso del complejo automotriz, Damiano arrojó la tableta sobre el escritorio de madera de nogal. Se desabrochó los dos primeros botones de la camisa gris y se pasó las manos por la cara. La frustración física lo estaba matando. El hecho de haberla dejado ir, de haber frenado el deseo en seco por miedo a sus propios demonios y a su esterilidad, solo había multiplicado las ganas por mil.

Abrió la aplicación *Velvet* en su teléfono privado. Buscó su perfil. Estaba en verde: *Disponible*.

Una oleada de posesividad irracional y violenta le subió por el pecho al pensar que cualquier otro tipo con la cuenta bancaria lo suficientemente llena podía presionar un botón y tener a Scarlett en su cama esa misma noche. Tocando su piel. Escuchando sus gemidos.

—No —gruñó Damiano para sí mismo, con la voz rota.

No iba a compartirla. Si tenía que pagar el precio por apagar esa sed, lo pagaría por completo. Sus dedos se movieron con rapidez sobre la pantalla, redactando una oferta personalizada a través del sistema de mensajería encriptada de la plataforma. Una propuesta que ninguna chica de veintidós años en su sano juicio podría rechazar.

En el otro extremo de la ciudad, Scarlett Moreno estaba sentada en la cama de su habitación, con los apuntes de Macroeconomía desparramados a su alrededor. Llevaba una camiseta tres tallas más grande de una banda de rock y el cabello recogido en un moño alto y desordenado. Sin embargo, no podía concentrarse en los gráficos de oferta y demanda. Su mente no dejaba de reproducir la intensidad de la mirada gris de Damiano Serrano, la firmeza de sus hombros tatuados y la forma salvaje, pero extrañamente contenida, en que la había besado en el sofá de la suite.

Nadie la había dejado con la miel en los labios de esa manera. Había una herida profunda en ese hombre, un dolor que la intrigaba tanto como la atraía físicamente.

El sonido personalizado de *Velvet* vibró en su escritorio, interrumpiendo sus pensamientos. Scarlett estiró el brazo y tomó el teléfono. Al abrir la notificación, se le cortó la respiración.

> **[PROPUESTA DE CONTRATO EXCLUSIVO - CLIENTE D.S.]**

> *Se ofrece una asignación mensual fija de cincuenta mil dólares. Las condiciones implican la baja inmediata del perfil público en Velvet. No atenderás a ningún otro cliente. Disponibilidad exclusiva para D.S. bajo demanda previa de veinticuatro horas. Duración inicial: Tres meses.*

>

Scarlett parpadeó varias veces, asombrada. Cincuenta mil dólares al mes. Era una cantidad obscena de dinero. Con el primer pago mensual podría liquidar por completo la deuda de la cirugía de su abuela y asegurar los próximos seis meses de su costoso tratamiento postoperatorio sin parpadear. El dinero significaba libertad, significaba un respiro, significaba quitarle un peso enorme a su vida estudiantil.

Pero también significaba peligro.

Una cláusula de exclusividad con un hombre como Damiano Serrano borraba la línea del desapego profesional. Ya no sería una transacción aleatoria; se convertiría en su acompañante personal, en el objeto exclusivo de su deseo. Y estar tan cerca de un hombre que la hacía temblar con una sola mirada era prenderle fuego a la cerradura con la que protegía su corazón.

La puerta de la habitación se abrió y Camila entró con una bandeja de palomitas de maíz. Al ver la cara pálida de Scarlett, dejó la bandeja en la mesa de noche.

—¿Qué pasa? Parece que has visto a un fantasma —dijo Cami, sentándose a su lado.

Scarlett le tendió el teléfono en silencio. Camila leyó las condiciones y ahogó un grito, llevándose las manos a la boca.

—¡Por Dios, Scar! Esto es... es una locura. Es el sueldo de un año de un ejecutivo top, en un solo mes. ¿Quién es este tipo? ¿Un príncipe de Arabia?

—Es el hombre del hotel —respondió Scarlett, con la voz baja, mirando al vacío—. El de los autos. Damiano.

Camila guardó silencio, perdiendo la emoción inicial. Conocía a su amiga. Sabía que Scarlett era fuerte, pero también sabía que el dinero no era lo único que estaba pesando en su decisión. La química de la que Scarlett le había hablado tras el primer encuentro era real.

—Te estás metiendo en la boca del lobo, Scar —advirtió Cami con suavidad—. Un hombre que ofrece esa cantidad de dinero por exclusividad no quiere solo tu tiempo. Quiere poseerte. Quiere que seas suya. Y tú eres demasiado libre para que te compren.

—No me está comprando a mí, Cami. Está comprando mi exclusividad en la app —replicó Scarlett, tratando de convencerse a sí misma mientras sentía un nudo de expectación y deseo en el estómago—. Es un negocio perfecto. Con esto salvo a mi abuela. Puedo soportar sus humores, su arrogancia y lo que haga falta por tres meses. Sé defenderme.

—¿Incluso de lo que sientes cuando te besa? —preguntó Cami.

Scarlett no respondió. Volvió a mirar la pantalla. La atracción juvenil por el peligro, la adrenalina de lo prohibido y la imperiosa necesidad económica se mezclaron en sus venas. Deslizó el dedo por la pantalla y presionó el botón verde: **[Aceptar contrato de exclusividad]**.

Dos horas más tarde, el teléfono de Scarlett vibró con una dirección y una hora. No era un hotel esta vez. Era el penthouse de Damiano.

A las diez de la noche, Scarlett bajaba de un taxi frente al exclusivo edificio residencial de cristales oscuros. Vestía unos pantalones vaqueros ajustados de tiro alto que marcaban la curva de sus caderas, unos botines de tacón y un top de satén color burdeos con un escote halter que dejaba sus hombros y gran parte de su pecho juvenil al descubierto. El viento de la noche agitaba su cabello.

El conserje, que parecía estar sobre aviso, la guió directamente al ascensor privado que subía al piso treinta. Cuando las puertas se abrieron directamente en el salón del penthouse, Scarlett contuvo el aliento. El lugar era inmenso, minimalista, decorado en tonos negros, grises y acero, con una iluminación tenue que acentuaba la atmósfera íntima. Al fondo, junto al gran ventanal, Damiano la esperaba de pie, con un vaso de whisky en la mano. Ya no llevaba el traje de la oficina; vestía unos pantalones deportivos oscuros y una camiseta negra de algodón que se pegaba a su pecho musculoso.

Damiano se giró al escuchar el ascensor. Sus ojos grises recorrieron el cuerpo de Scarlett con una lentitud que la hizo arder por dentro. Hubo un silencio denso, cargado de una tensión sexual tan palpable que el aire parecía vibrar.

—Has firmado —dijo él, su voz ronca resonando en el espacio vacío.

—Cumplo mis promesas, Damiano —respondió ella, dando pasos firmes hacia él, haciendo resonar sus tacones contra el parqué—. Y me gusta el dinero fácil. Aunque supongo que esto no va a ser tan fácil.

Damiano dejó el vaso en una mesa cercana y acortó la distancia entre ambos con zancadas felinas. Se detuvo a un palmo de ella. La diferencia de altura la obligaba a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada. El calor que emanaba del cuerpo del empresario la envolvió de inmediato.

—No hay nada de fácil en lo que quiero de ti, Scarlett —dijo él, bajando la mano para delinear la mandíbula de la joven con el dorso de sus dedos. Su tacto era cálido, firme—. A partir de hoy, eres mía en esa plataforma. Ningún otro hombre vuelve a ponerte las manos encima. Ningún otro vuelve a mirarte como yo te miro. ¿Está claro?

Scarlett sintió un escalofrío de puro deseo recorrerle la espina dorsal ante las palabras posesivas de Damiano. Lejos de intimidarse, sonrió con esa audacia juvenil que a él tanto lo descolocaba. Levantó las manos y las apoyó en el pecho firme de Damiano, sintiendo el latido acelerado de su corazón bajo la tela de la camiseta.

—Está claro, jefe —susurró ella, arrastrando las palabras con sensualidad—. Pero recuerda lo que te dije la primera noche. El contrato compra mi exclusividad, pero si quieres mi sumisión, vas a tener que ganártela.

Damiano soltó un gruñido bajo, una mezcla de exasperación y excitación salvaje. Sin previo aviso, la tomó por las caderas y la levantó en vilo, sentándola sobre la encimera de mármol de la cocina americana que comunicaba con el salón. Scarlett ahogó un gemido de sorpresa, entrelazando de inmediato sus piernas alrededor de la cintura de él, tirando de su cuello para acortar toda distancia.

Los labios de Damiano se estrellaron contra los de ella en un beso hambriento, desprovisto de la contención de la primera noche. Era un beso que sellaba el trato, un choque de voluntades donde la atracción y el deseo crudo dictaban las reglas. El juego de la exclusividad había comenzado, y la línea entre el negocio y la obsesión se había borrado para siempre.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play