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Lazos De Sangre Y Luna

Lazos De Sangre Y Luna

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Vampiro / Yuri
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Bella Swan, una omega humana con un aroma que vuelve locos a vampiros y lobos, descubre que su destino no es el Edward Cullen que conocemos, sino Alice, una vampira alfa que la ha visto en sus visiones durante décadas. Edward, por su parte, encuentra en Jacob Black (un lobo omega rebelde) una pareja que desafía todas las reglas del universo sobrenatural.

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El contrato de sangre

...🩸Lazos de Sangre y Luna🌒...

En la casa de Charlie Swan a las 6 de la mañana.

El alba en Forks no era dorada como en las películas. Era "gris", como si alguien hubiera derramado ceniza sobre el mundo. Bella Swan lo comprobó desde la ventana de su habitación, después de que Charlie la metiera en casa como un paquete sospechoso, sin soltarle el brazo hasta que ella juró por la memoria de su abuela muerta que no volvería a escaparse.

No había dormido. El núcleo omega,su núcleo le latía cada vez que pensaba en Alice, y pensar en Alice era todo lo que hacía. El sabor de sus labios fríos todavía le quemaba la boca. El roce de sus manos heladas en el vientre aún le hormigueaba en la piel. Y entre sus piernas, una humedad constante que la hacía sentir "enferma". O "en celo". O las dos cosas.

—Baja —ordenó Charlie desde el piso de abajo. Su voz de alfa dominante atravesó las paredes como un trueno—. El desayuno está listo.

Bella se miró al espejo. Ojeras moradas. Labio partido por el beso de Alice. El pijama manchado de barro y de algo más que no quería identificar. Se puso una sudadera enorme (de Charlie, que le quedaba como un vestido) y bajó las escaleras con las piernas temblorosas.

La cocina olía a café pan quemado y a huevos revueltos. Charlie estaba frente a la estufa con un delantal de cuadros que le quedaba ridículo. Al lado, sobre la mesa, había una carpeta marrón del grosor de una Biblia.

—¿Qué es eso? —preguntó Bella, sentándose.

—El contrato de sangre. Lo redacté anoche mientras tú no dormías.

—¿Anoche? ¿Cuándo tuviste tiempo?

—Los alfas dominantes no necesitan dormir cuando sus cachorros están en peligro.

Charlie le deslizó la carpeta. Bella la abrió y sus ojos recorrieron las páginas llenas de términos legales que apenas entendía: "Cesión de custodia parcial", "Acuerdo de marcaje no letal", "Cláusula de reversión en caso de celo incontrolado", "Prohibición de transformación sin consentimiento previo".

—Papá, esto es… —levantó la vista—. ¿Un contrato de matrimonio?

—Es un contrato de "supervivencia". Los Cullen quieren reclamarte. Pues que lo hagan con reglas.

—¿Y si no aceptan las reglas?

—Entonces te llevo de vuelta a Phoenix y te encierro en el sótano de tu madre hasta que encuentre un alfa de verdad, de los de sangre caliente, no estos muertos vivientes.

Bella cerró la carpeta. Su núcleo omega dio un vuelco.

—Alice no es una muerta viviente. Es…

—¿Tu pareja destinada? Lo sé. Por eso huelo a miedo y a excitación a la vez. Eso no significa que vaya a dejar que te convierta en vampiro mañana mismo.

—¿Y si yo quiero convertirme?

Charlie dejó la espátula en la sartén. Dio media vuelta y la miró con unos ojos que habían visto demasiadas cosas malas en demasiados años.

—Entonces tendré que matarla antes de que lo haga.

—¡Papá!

—No es negociable, Bella. Los vampiros no tienen alma. Yo no voy a permitir que mi hija,mi única hija se convierta en un monstruo.

—¿Y si ya soy un monstruo? —susurró ella, bajando la mirada—. El núcleo. Los calores. Las ganas de morder a la gente. Eso no es humano, Charlie. Nunca lo fue.

Charlie se acercó y le levantó la barbilla con un dedo. Su tacto era áspero, pero cálido.

—Eres mi hija. Eres humana hasta que demuestres lo contrario. Y no vas a demostrarlo dejando que una vampira de ciento treinta años te chupe la sangre.

—Alice no quiere chuparme la sangre. Quiere "marcarme".

—Peor. Eso es para siempre.

El teléfono de Charlie sonó. Lo miró, gruñó, y contestó.

—Diga.

Una voz femenina, fría como el acero, respondió al otro lado.

—Soy Esme Cullen. Hemos revisado su borrador de contrato. Aceptamos las cláusulas, pero añadimos una nuestra.

Charlie apretó la mandíbula.

—Diga.

—Bella deberá pasar los tres días de su primer celo en la mansión Cullen, bajo custodia de Alice y supervisión médica de Carlisle. Si sobrevive sin ser convertida, entonces firmaremos el acuerdo definitivo.

—¿Y si no sobrevive?

—Entonces habrá muerto como una Omega Pura con honores a su nombre, no como una esclava. ¿Prefiere que lo haga en su sótano, sola y aullando?

Charlie no respondió. Miró a Bella, que había oído toda la conversación gracias a su oído de omega (otro don que estaba descubriendo). Ella asintió.

—Aceptamos —dijo Charlie, y colgó.

Mas tarde mansión Cullen a las 8 de la mañana.

Dos horas después, Bella estaba otra vez en la mansión, esta vez con Charlie a su lado, una maleta con ropa interior y una Biblia que su padre le había metido por si acaso ("los vampiros odian lo sagrado, aunque sea mentira"). La biblioteca estaba igual que la noche anterior, pero ahora había más personas.

Carlisle y Esme en el sofá. Edward y Alice de pie, separados por una distancia que olía a tensión. Emmett y Rosalie en una esquina, discutiendo en susurros. Y dos invitados nuevos: un abogado humano de Seattle llamado Sr. Whitman, con traje gris y cara de póker, y una representante del consejo de los cambiaformas: Emily Young, una mujer de piel bronceada y cicatrices en el rostro, que miraba a los Cullen como si fueran cucarachas.

—Sentémonos —dijo Carlisle, señalando una mesa larga de roble—. Esto va a ser largo.

Bella se sentó entre Charlie y Alice. Su núcleo latió feliz al contacto del hombro de la vampira. Alice sonrió, apenas visible, y le rozó la mano por debajo de la mesa. Un escalofrío recorrió la espalda de Bella.

—Primer punto —comenzó el Sr. Whitman, ajustándose las gafas—. La señorita Swan es mayor de edad según la ley del estado de Washington. Sin embargo, su condición de •omega pura• la cataloga como menor de edad sobrenatural hasta su primer marcaje. Eso significa…

—Que mi padre tiene la patria potestad —interrumpió Bella—. Lo sé. Lo leí anoche.

—No interrumpa, señorita. —Whitman la fulminó con la mirada—. Significa que cualquier acuerdo debe ser refrendado por un alfa dominante de su sangre. En este caso, el jefe Swan.

Charlie asintió, con los brazos cruzados.

—Y yo digo que Alice Cullen puede marcar a mi hija "si", y solo si, se cumplen las siguientes condiciones. —Desplegó una lista manuscrita en una hoja amarilla—. Uno: la marca será en el cuello, no en la muñeca ni en el vientre. Dos: no habrá transformación vampírica hasta que Bella cumpla veintiún años. Tres: los Cullen pagarán un •kanaima• a la manada de lobos por cada día que Bella pase en su territorio. Cuatro: en caso de embarazo…

—¿Embarazo? —Emily Young soltó una risa seca—. Las vampiros no pueden embarazar a humanas. Eso es biología básica.

—Los Omegas Puros no siguen la biología básica —respondió Carlisle con calma—. Ya ha habido casos documentados. El último, en 1783, en Francia. Una omega pura llama Marie Antoinette (no la reina, otra) concibió de una vampira alfa y dio a luz a un bebé que vivió tres días.

—¿Y qué pasó con el bebé? —preguntó Bella.

—Lo mataron los lobos. Temían que creciera y desequilibrara el poder.

Silencio. Bella sintió cómo la mano de Alice se cerraba sobre la suya con fuerza.

—Eso no va a pasar —dijo Alice, y su voz era filo de cuchillo—. Mi hijo no será asesinado por nadie.

—No tienes hijo —recordó Emily—. Ni lo tendrás si los lobos decidimos que no.

Charlie se puso de pie.

—Escúchame, cicatriz. Mi hija no es moneda de cambio. Y si alguien intenta matar a un futuro nieto mío, aunque sea vampiro, le parto la cara.

Emily no se inmutó.

—Los tratados están para cumplirse, jefe Swan. Su hija es una Omega Pura. Pertenece a "ambas" especies. Y si no se llega a un acuerdo, yo misma pediré al consejo que la eliminen.

—¡¿Eliminar?! —Bella se levantó también, y su núcleo omega *ardió*. Literalmente: un calor visible, como un aura dorada, envolvió su cuerpo—. No soy una cosa. Soy una persona. Y voy a decidir •yo• con quién me acuesto, a quién marco y si quiero tener hijos.

Todos la miraron. El aura dorada se intensificó. Las páginas del contrato empezaron a humear.

—Siéntate —ordenó Charlie, usando su voz de alfa.

Bella lo miró. Por un segundo, su instinto le gritó *obedece*. Pero algo más profundo, algo que había nacido con ella, le susurró *resiste*.

—No —dijo.

Charlie abrió los ojos como platos.

—¿No?

—No. No voy a sentarme. No voy a dejar que tú, ni los Cullen, ni los lobos decidan por mí. Soy una Omega Puro, sí. Pero soy •yo• primero. Y yo elijo a Alice.

Se giró hacia la vampira. Alice la miraba con una expresión que Bella nunca había visto: *asombro*. Como si llevara cien años esperando que alguien la eligiera a ella primero.

—¿Me eliges? —preguntó Alice, en un susurro.

—Te elijo. A ti. Sobre mi padre, sobre los lobos, sobre los Volturi y sobre todo el mundo. Te elijo.

Alice se puso de pie y la besó.

Continuará 🔥

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