En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Marca de alma
El duque sostuvo su mirada con frialdad.
—¿Qué cree que estaba haciendo?
Lila retiró las manos de inmediato.
No parecía avergonzada.
Solo un poco sorprendida de haberlo despertado.
—Quería descubrir qué está provocando su enfermedad.
Respondió con total naturalidad.
—No puedo tratar algo cuyo origen desconozco.
Liam soltó una risa seca.
Sin humor.
—Nadie en este reino ha podido averiguarlo.
Sus ojos ámbar se endurecieron.
—Así que no vuelva a tocarme sin mi permiso.
Lila parpadeó.
No entendía su actitud.
Había esperado resistencia.
Pero no tanta resignación.
Respiró hondo y decidió cambiar de estrategia.
—Entonces comenzaré desde el principio.
Tomó un pequeño cuaderno que llevaba en el bolso.
—¿Alguna vez le hicieron un examen completo del flujo de maná durante una crisis?
—Sí.
—¿Compararon el flujo cuando estaba dormido con el de cuando el dolor aumentaba?
—También.
Lila anotó una pequeña marca.
—¿Revisaron una posible intoxicación por minerales mágicos?
—Sí.
—¿Anomalías en los cristales de afinidad?
—También.
Ella continuó.
—¿Daño en los canales de maná?
—Sí.
—¿Pociones estabilizadoras de tercera generación?
—Sí.
—¿Tratamientos con magia elemental combinada?
—También.
Cada respuesta llegaba antes de que ella terminara de formular la siguiente pregunta.
Lila comenzó a fruncir el ceño.
[Parece que realmente intentaron de todo.]
Pero siguió preguntando.
Durante varios minutos mencionó enfermedades, tratamientos, rituales y estudios que había aprendido durante años.
La respuesta siempre era la misma.
—Sí.
—Ya.
—También.
—Lo intentaron.
Finalmente decidió comprobar algo.
Inventó un nombre.
—¿Y el tratamiento de resonancia astral de Ravel?
Liam respondió sin siquiera pensarlo.
—También lo hicieron.
Lila dejó de escribir.
Lo miró fijamente.
Hubo unos segundos de silencio.
Después cerró despacio el cuaderno.
—Ese tratamiento no existe.
El duque permaneció inmóvil.
Lila suspiró.
—Acabo de inventarlo.
Por primera vez desde que habían comenzado a hablar, Liam desvió ligeramente la mirada.
Su expresión se volvió aún más seria.
—No tengo tiempo para sus juegos.
Lila ladeó un poco la cabeza.
Su voz seguía siendo tranquila.
—¿Juegos?
—Si ya decidi que nadie puede ayudarme, no tiene sentido continuar esta conversación.
Ella lo observó unos segundos.
Luego preguntó con absoluta sinceridad:
—Entonces... ¿Qué quiere?
La pregunta quedó suspendida entre ambos.
Liam abrió ligeramente la boca.
Pero ninguna respuesta salió.
¿Qué quería?
Llevaba tantos años sobreviviendo que jamás se había detenido a pensarlo.
¿Curarse?
Ya no creía posible hacerlo.
¿Dejar de sufrir?
Claro que sí.
Pero tampoco sabía si aquello era alcanzable.
Lila esperó.
El silencio continuó.
Finalmente comprendió.
—Ya veo...
Bajó un poco la mirada.
—Ni siquiera usted lo sabe.
Aquellas palabras hicieron que Liam frunciera el ceño.
Lila levantó nuevamente la vista.
Su voz seguía siendo amable.
Pero ahora estaba cargada de una firmeza que pocas veces mostraba.
—Si no quiere buscar una respuesta...
Hizo una breve pausa.
—Entonces solo le quedan dos opciones.
Liam la observó.
—Soportar el dolor... O morir.
La habitación quedó completamente en silencio.
Los ojos ámbar del duque se abrieron apenas un poco.
Nadie.
Absolutamente nadie.
Le había hablado de esa manera.
Los médicos evitaban mencionar la muerte.
Los nobles intentaban animarlo.
Los sirvientes fingían que todo mejoraría.
Ella, en cambio...
Había pronunciado aquellas palabras con una serenidad desconcertante.
Lila continuó.
—Tengo una marca de alma.
Liam asintió lentamente.
Sabía perfectamente qué significaba.
Las personas con una marca de alma conservaban recuerdos de una existencia anterior.
Eran extremadamente raras.
Y sus testimonios habían permitido descubrir muchos avances en la época, aunque esa información solo la manejaban algunas personas.
Lila apoyó suavemente las manos sobre su regazo.
—En mi primera vida... Morí por una enfermedad desconocida.
Liam permaneció en silencio.
—Nadie encontró una cura. Los tratamientos solo calmaban el dolor.
Sonrió con nostalgia.
—Asi que me mudé muy lejos de mi hogar. No porque quisiera empezar de nuevo. Sino porque no quería que mi familia me viera morir. No quería preocuparlos. No quería convertirme en una carga.
Su voz no tembló.
Había aceptado hacía mucho tiempo aquel recuerdo.
—Probé todo lo que estuvo a mi alcance. Hospitales. Medicamentos. Especialistas. Aunque supiera que probablemente no funcionaría... Lo intenté.
Respiró profundamente.
—Y no me arrepiento. Porque cuando llegó el momento... Sabía que había hecho todo lo posible. No me quedó la duda de pensar... "¿Y si hubiera intentado una cosa más?"
Liam sintió que aquellas palabras golpeaban algo muy profundo dentro de él.
Lila lo miró directamente.
—Pero si usted desea morir... Está bien.
El duque la observó sorprendido.
Ella continuó con la misma calma.
—Solo usted sabe cuánto dolor soporta cada día. Yo no voy a juzgarlo.
Hizo una pequeña pausa.
—Pero entonces deje su ducado en orden. Prepare a quienes dependen de usted. Ayude a las personas que todavía pueda ayudar. Despídase de quienes ama. Y márchese sin arrepentimientos.
Liam permanecía completamente inmóvil.
Nunca había escuchado a alguien hablar de la muerte con tanta tranquilidad.
Lila sonrió apenas.
—Pero... Si en realidad quiere vivir... Entonces deje de responder "ya lo intenté" a todo. Porque mientras siga respirando... Siempre existirá algo más por descubrir.
El duque sintió que aquellas palabras rompían lentamente el muro que había construido durante años.
Lila bajó la mirada unos segundos antes de volver a hablar.
—Hay algo más. Según las investigaciones que conocí sobre las marcas de alma... No hay registros de que los hombres reencarnen conservando los recuerdos de su vida anterior.
Liam frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué?
—Porque, al parecer, no generan el mismo vínculo con la vida que permite conservar esos recuerdos. No sabemos la razón. Se cree que es por la capacidad de la mujer de dar vida y el mana que debe tener para la gestación del bebe.. pero, solo es una teoría. Pero, si fuera cierta... Cuando usted nazca otra vez... Olvidará todo esto. Todo el dolor. Todo el sufrimiento. Todo lo que aprendió.
Levantó lentamente la vista.
—Y también olvidará cada oportunidad que tuvo para vivir.
La habitación volvió a quedar en silencio.
Lila no añadió una palabra más.
No intentó convencerlo.
No insistió.
Simplemente esperó.
Porque había aprendido, tanto en su primera como en su segunda vida, que había decisiones que ningún médico, ningún sanador y ningún mago podían tomar por otra persona.
La decisión de seguir viviendo... siempre pertenecía al propio paciente.