Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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Capítulo 4: La profecía del Dragón y la Dama
La noche cayó sobre el Imperio Cristal.
Sin embargo, nadie pudo dormir con tranquilidad.
El extraño cielo escarlata permaneció iluminando el continente hasta la medianoche, como si una inmensa herida hubiera aparecido sobre los cielos.
Los sacerdotes elevaron plegarias.
Los magos buscaron respuestas entre antiguos grimorios.
Los ancianos recordaron leyendas que llevaban siglos prohibidas.
Y, en el corazón del Palacio Imperial...
Un hombre abrió lentamente un libro que jamás debía volver a ser leído.
Las gruesas cadenas que mantenían cerrado el antiguo volumen fueron retiradas una por una.
El anciano Gran Oráculo respiró profundamente antes de acariciar la desgastada portada.
Sobre ella solo había unas palabras.
"La Profecía del Dragón y la Dama."
Sus manos temblaban.
—Hace más de quinientos años que el cielo no volvía a teñirse de rojo...
Con cuidado abrió las primeras páginas.
Muchas estaban destruidas.
Otras habían desaparecido.
Solo una hoja permanecía intacta.
El anciano leyó en voz baja.
"Cuando el cielo sangre sobre el Imperio Cristal...
el Dragón encontrará a la Dama.
Sus almas se reconocerán antes que sus nombres...
y el destino del continente cambiará para siempre."
El resto del pergamino estaba completamente quemado.
Como si alguien hubiera querido ocultar el final de la profecía.
El Gran Oráculo cerró el libro de golpe.
—No... esto no puede estar ocurriendo otra vez.
A varios kilómetros de allí...
Arion permanecía de pie sobre el balcón de su residencia.
El viento nocturno agitaba lentamente su cabello negro.
Sus ojos rojos observaban la luna.
Entonces ocurrió.
Una suave brisa llevó hasta él un delicado aroma.
Flores silvestres.
Lluvia.
Y un leve perfume a lavanda.
Arion abrió los ojos con sorpresa.
Era exactamente el mismo aroma de aquella joven.
Cerró los ojos por un instante.
Podía sentirlo con claridad.
Como si ella estuviera muy cerca.
Apretó la barandilla con fuerza.
—¿Qué...?
Los dragones poseían sentidos mucho más desarrollados que cualquier otra raza.
Pero aquello era imposible.
Ningún aroma podía permanecer grabado con tanta intensidad después de un simple encuentro.
Respiró profundamente otra vez.
Allí seguía.
Su esencia.
Su presencia.
Como una marca invisible sobre su alma.
Frunció el ceño.
—¿Qué me pasa...?
Nunca antes había perdido el control de sus pensamientos.
Sin embargo...
Desde esa mañana solo existía una persona ocupando su mente.
—¿Por qué... solo pienso en ella?
Su voz se perdió entre el viento.
Y, por primera vez en muchos años, Arion no encontró respuesta.
Esa misma noche...
Alisa despertó sobresaltada.
—¡Ah...!
Su respiración era agitada.
Pequeñas gotas de sudor recorrían su frente.
Otra vez...
Había tenido el mismo sueño.
Un enorme dragón negro cubría el cielo con sus alas.
Ciudades enteras ardían entre llamas oscuras.
Miles de personas corrían desesperadas.
Y, en medio de todo aquel caos...
Una voz la llamaba por su nombre.
—...Alisa...
Era una voz grave.
Melancólica.
Llena de dolor.
Ella intentaba encontrar a quien la llamaba.
Pero solo veía sombras.
Entonces dos inmensos ojos dorados aparecían entre la oscuridad.
Y justo antes de despertar...
Una mano sujetaba la suya.
—No me abandones...
Alisa abrió los ojos de golpe.
El silencio llenaba su habitación.
Se llevó una mano al pecho.
Su corazón latía con fuerza.
—Solo fue... una pesadilla...
Pero aquella tristeza...
Aquella voz...
Se sentían demasiado reales.
No logró volver a dormir.
Al amanecer, las enormes puertas del Palacio Imperial comenzaron a abrirse.
Una larga columna de caballeros entró en la capital.
Al frente cabalgaba un joven de cabello rubio como el oro.
Vestía una brillante armadura blanca adornada con detalles azules.
Los ciudadanos comenzaron a vitorearlo.
—¡Es el príncipe heredero!
—¡El príncipe regresó!
—¡Su Alteza volvió de la inspección del norte!
El joven levantó una mano saludando a todos con una sonrisa amable.
Era admirado por el pueblo.
Educado.
Valiente.
Carismático.
Todo lo contrario al temido Archiduque Arion.
Desde una de las ventanas del palacio, el emperador observó el desfile con satisfacción.
—Bienvenido a casa, hijo.
Sin embargo...
Nadie notó la preocupación en el rostro del Gran Oráculo.
Mientras todos celebraban el regreso del heredero...
Él solo podía pensar en la antigua profecía.
Porque sabía que, si esta había despertado...
Muy pronto el Imperio Cristal sería arrastrado por una tormenta imposible de detener.
Al caer la tarde...
El anciano sirviente del Archiduque regresó con nuevas noticias.
Entró en el despacho e hizo una profunda reverencia.
—Mi señor.
Arion dejó de leer los documentos que tenía frente a él.
—Habla.
—He descubierto la identidad de la joven.
El silencio inundó la habitación.
—Su nombre es Alisa Beaumont.
Hija única del barón Harold Beaumont.
Tiene diecisiete años.
Es conocida por pasar la mayor parte de su tiempo estudiando historia, criaturas mágicas y leyendas antiguas.
No posee enemigos conocidos.
Ni compromiso matrimonial.
Arion permaneció inmóvil.
Repitió lentamente aquel nombre.
—...Alisa.
Por alguna razón...
Pronunciarlo hizo que una extraña calidez recorriera nuevamente su pecho.
Cerró los ojos unos segundos.
Después habló con la misma serenidad de siempre.
—No permitas que ella descubra que la estamos investigando.
—Como ordene, mi señor.
—Y mantén su seguridad bajo vigilancia.
El anciano levantó la cabeza, sorprendido.
—¿Cree que alguien podría hacerle daño?
Arion volvió a mirar por la ventana.
Sus ojos rojos se perdieron en el horizonte.
—No lo sé...
Pero tengo el presentimiento...
De que muy pronto todo el continente comenzará a buscarla.
Y cuando ese día llegue...
Nadie podrá detener la guerra que está por comenzar.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/