En la víspera de su boda, Anastasia solo esperaba una noche de risas con sus amigas en su despedida de soltera. Sin embargo, una decisión impulsiva la lleva a cruzar la línea de lo prohibido. Embriagada por la emoción y el deseo de sentirse libre por última vez, despierta al día siguiente en la habitación de un hombre que no debería siquiera rozar en sus sueños.
Él no es un desconocido cualquiera: Damián Volkov, un magnate temido por su crueldad, un hombre sin piedad que mueve los hilos de negocios oscuros y que jamás perdona una traición. Un depredador que la ve como una presa que entró por voluntad propia a su guarida.
Lo que comenzó como un error se convierte en una obsesión peligrosa. Entre amenazas, secretos y una atracción que no debería existir, Anastasia descubrirá que una sola noche puede cambiarlo todo: su futuro, su matrimonio… y hasta su vida.
Porque en el mundo de Damián, nadie escapa sin pagar un precio.
NovelToon tiene autorización de brida cruz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Es el.
—¿Ania?
La voz de René me llega amortiguada desde el teléfono, como si viniera de muy lejos.
—Lo siento… trataré de dormir. Cuídate.
—Bien, mañana te hablo —responde antes de colgar.
La pantalla se apaga y la habitación queda en silencio.
Me acomodo en la cama, pero el sueño no llega.
Doy vueltas una y otra vez, con la mente atrapada en lo que escuché en la cocina.
Las palabras de mi madrastra regresan, insistentes, como un eco venenoso que no se disuelve ni con la oscuridad.
Cuando por fin amanece, me levanto despacio.
Cada movimiento es una negociación con el dolor.
Me observo en el espejo mientras me cambio, acomodando la ropa con cuidado, buscando cubrir las marcas que dejó ese animal.
Arde.
Todo arde.
Hasta ir al baño se ha vuelto una tortura.
Aprieto los dientes.
Lo maldigo en silencio.
Deseo borrarlo de mi cuerpo… de mi memoria.
Pero no puedo.
Al salir de mi habitación, la voz de mi madrastra me corta el paso.
—¿Por qué no vienes a desayunar antes de irte al trabajo?
—No tengo hambre, gracias.
—¿Ves? Siempre es igual —dice con ese tono fingidamente dolido—. Cada que intento acercarme, ella se porta así.
No necesito voltear para saberlo: mi padre está cerca.
Su falsa amabilidad siempre aparece cuando él está presente.
Bajo las escaleras y lo saludo.
Tiene el rostro cansado, ojeras profundas y una preocupación que ya no logra disimular.
—¿Podemos hablar? —le pido.
Asiente.
Rodea mis hombros con un brazo y besa mi cabeza antes de llevarme a su despacho.
Una vez dentro, se deja caer en la silla con un suspiro pesado.
—Anoche bajé por agua y escuché a tu esposa —digo sin rodeos.
—¿Cómo sigues, princesa? —pregunta, esquivando el tema.
—Bien, papá. Ahora respóndeme.
Se pasa la mano por el rostro.
—Es solo un problema pequeño… un bache.
—No se ve pequeño —le reprocho—Mírate.
—Es normal, mi amor. Yo digo que hoy no vayas a trabajar.
—Tengo que ir.
—No.
Respiro hondo.
El pecho me duele al reunir valor.
—Quería hablar contigo. Tienes mi apoyo… con el dinero. El mío.
Me mira serio. Dolido.
—Como ya le dije a tu madrastra, no tocaré ese dinero. Nunca.
—Lo sé. Por eso te lo estoy ofreciendo yo. Tómalo como un préstamo.
Su expresión se suaviza.
—Entonces firmaremos un contrato.
—No hace falta, papá.
—Solo así lo aceptaré. Si no te pago a tiempo, la empresa será tuya. Sabes que la mitad ya te pertenece.
—Jamás te pelearía nada.
—Lo sé —dice, levantándose para abrazarme—. Gracias, mi amor.
Salgo del despacho con un nudo atorado en la garganta.
—Hiciste lo correcto —dice mi madrastra al cruzarse conmigo—. Sabía que no eras una malagradecida.
La ignoro.
Mi padre está enfermo y no pienso añadirle más peso.
Afuera noto algo extraño.
Yajaira no está.
Siempre es la sombra de su madre.
Espero el transporte en la esquina cuando reconozco el auto de René acercándose.
Mi sorpresa es inmediata al ver a Yajaira bajar del asiento.
—Gracias, cuñado —dice sonriente antes de entrar a la casa, como si fuera suya.
René también baja.
—Hola. Pensé que hoy no saldrías. Tienes que reposar —dice—. La encontré en el camino y la traje. De todos modos venía para acá.
El transporte se detiene.
Estoy por subir cuando René me toma del brazo y hace una seña al conductor para que se vaya.
—¿Qué pasa? Te he visto rara. Si es por Yajaira, no la recojo otra vez y ya.
—No es eso —murmuro.
—Entonces dime.
Lo miro.
Respiro profundo.
—La boda se cancela.
Niega, incrédulo.
—Eso no va a pasar. Estás nerviosa, confundida… lo entiendo.
—No, René. Mereces a alguien mejor.
—Tú eres la indicada. Siempre lo fuiste.
Bajo la mirada.
¿Cómo decirle que ya no soy la misma?
Que alguien me robó algo que no puedo darle.
Que lo más íntimo que tenía para ofrecer se perdió en la oscuridad.
—Voy tarde al trabajo —digo al final.
—No irás. Ya hablé con ellos.
—¿Por qué?
—Porque mi esposa no trabajará. Y menos en ese lugar.
—Lo dejaría… con tiempo.
—No. Hoy es la cena de presentación de nuestra boda. Ve a casa. Mandaré el vestido.
Me besa la frente y se va.
Regreso sin fuerzas.
Desde la sala escucho las voces.
—René es demasiado para Anastasia.
—Eso todos lo saben —responde su madre.
Entro.
Me miran sorprendidas.
No digo nada.
Subo a mi habitación y cierro con llave.
Más tarde, una empleada toca.
—Señorita, el vestido para esta noche.
Cuando llega la hora, bajo ya vestida.
Mi padre me espera junto a su esposa y su hija.
Todo brilla.
Todo parece perfecto.
Excepto yo.
En el evento les pido que se adelanten.
Necesito aire.
Me abanico el rostro con la mano cuando un hombre de traje pasa a mi lado.
Alto.
Cabello oscuro.
El perfume.
La voz grave dando órdenes a quien lo acompaña.
Mi cuerpo se tensa.
El corazón me golpea con violencia.
Ese aroma…
El recuerdo me atraviesa como una cuchilla:su peso,su voz,
su aliento.
Pasa sin mirarme.
Pero el mundo vuelve a tambalearse bajo mis pies.
Es él.
¿Y qué hace aquí?