Lara creía que su loba interna jamás volvería a aullar. Tras ser rechazada por la codicia del Alfa Roderick, su espíritu quedó roto. Obligada a asistir al Baile de la Luna, la gran gala de segundas oportunidades, Lara viaja solo para esconderse en las sombras. Lo que no imagina es que el hilo del destino ya está escrito.En mitad de la gala, el aire se congela con la llegada del Rey Alfa, el soberano absoluto de todos los licántropos. Al clavar sus ojos en Lara, el lazo de segunda oportunidad estalla. Él la reclama como su Reina definitiva, pero Lara, indómita e independiente, se niega a ser la compañera sumisa que la corte espera, desatando una intensa tensión entre ambos.Mientras el Rey lucha por derribar los muros de su corazón, una amenaza avanza desde el norte. El hermano menor de Roderick, manipulado con mentiras sobre la muerte de su hermano, jura venganza eterna contra el Imperio y contra Lara. ¿Podrá el Rey Alfa proteger a su Reina, o la guerra devorará su imperio?
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CAPITULO 14. EL ECO DE LAS MENTIRAS.
El salón presidencial del palacio real quedó sumido en un silencio tenso mientras el capitán de los soldados de la manada central daba un paso al frente. El oficial extendió un pergamino lacrado con el emblema de mi estirpe unificada, rompiendo el sello de seguridad antes de entregármelo. El soberano absoluto se colocó a mi lado, apoyando una mano firme sobre mi hombro para transmitirme su inquebrantable protección feroz, mientras nuestros ojos se fijaban en la caligrafía directa y urgente de mi hermano gemelo.
—Lara, tienes que estar en alerta máxima junto a mi cuñado —leí en mi mente las palabras de Leo, sintiendo un sutil tirón de angustia a través de nuestra telepatía familiar—. Nuestros radares de la frontera secundaria acaban de detectar un despliegue masivo de los batallones del norte. El nuevo líder que ha asumido el mando se llama Jared; es el hermano menor de Roderick, un joven que vivía feliz entre los humanos y que odia la política de los clanes. El Beta superviviente lo ha arrastrado de vuelta con engaños, y Jared ha apostado a todo su ejército frente a nuestros límites. El muchacho viene cegado por la cólera trágica del luto, jurando destruirme a mí y cazarte a ti, creyendo que tú causaste la desgracia de su sangre. No bajes la guardia, hermana; la tormenta está a punto de golpear las fronteras.
Mientras el peso de la inminente guerra civil se instalaba en el sur, la desconfianza ya operaba de forma silenciosa en las frías tierras del norte.
En el interior de su despacho, Jared permanecía de pie bajo la luz tenue de un foco, con el semblante endurecido por el desconcertante reporte que sus espías le habían transmitido. El joven Alfa guardaba el colgante ensangrentado de Roderick en su bolsillo, pero su mente analítica ya no se dejaba cegar por completo por la furia. Escuchó los pasos del Beta aproximarse por el pasillo de cemento y, en cuanto el traidor cruzó el umbral de hierro, Jared lo bloqueó contra la pared con un movimiento seco, preciso y de una autoridad profunda que dejó al hombre sin aire en los pulmones.
—Necesito que me repitas la historia del duelo, Beta —le habló Jared en un susurro gélido, y sus ojos se clavaron de forma milimétrica en las pupilas del mentiroso—. Mis informantes en el pueblo real me aseguran que Lara no es la hembra caprichosa y perversa que me describiste. Dicen que es una loba sumida en una agónica y triste melancolía, alguien que trata con una delicadeza extrema a los humildes. ¿Por qué una mujer supuestamente maliciosa actuaría con tanta bondad en mitad de su exilio? Si descubro que has alterado un solo detalle sobre la muerte de mi hermano para camuflar tu propia cobardía, te aseguro que tu cabeza será la que limpie el honor de mi familia ante el Consejo Supremo.
El Beta palideció por el miedo puro ante la ferocidad latente del muchacho, pero apretó los dientes, manteniendo la falsedad para sostener su red de engaños.
—La debilidad del sur es experta en usar máscaras, Jared —mintió el Beta con una severidad peligrosa, recomponiendo su postura—. Lara está fingiendo tristeza para ganarse la devoción del soberano absoluto y usar su corona como un escudo. Ella destruyó a Roderick con su rechazo y Leo lo remató en la penumbra. No dejes que sus artimañas fracturen tu lealtad con el norte. El ejército ya está apostado en la frontera secundaria esperando tu señal de asalto.
Jared lo soltó de golpe, dándole la espalda mientras apretaba los puños, sintiendo que su compañero interior, el enorme lobo gris, se removía con una inquietud sorda. Su buen corazón exigía investigar más a fondo la verdad de los Alfas reales, pero el plan de ataque frontal seguiría en marcha para demostrar su poder militar en los límites del imperio.
Al caer la noche profunda en el palacio real, el soberano y yo nos retiramos finalmente a los aposentos privados del ala norte, buscando un remanso de intimidad en mitad de la tempestad política que se avecinaba. El calor de la chimenea encendida recortaba nuestras siluetas en la penumbra de la habitación. Me despojé de la capa oscura, sentándome en el borde del lecho con los ojos grandes fijos en las llamas, sintiendo que el desgarro emocional de mi pasado y el miedo a la guerra civil me consumían por dentro.
El monarca se acercó con pasos lentos y seguros, sentándose a mi lado sin romper mi espacio. Sus manos se posaron en mi cintura con una suavidad infinita que contrastaba con su robusto físico de guerrero, atrayendo mi espalda contra su pecho.
—Sé lo que estás pensando, Lara —su voz profunda y ronca resonó en mi mente, enviándome ráfagas de una calidez reconfortante que me caló hasta los huesos—. No voy a permitir que el hermano de Roderick ponga una sola garra sobre ti. Mis soldados ya están reforzando el perímetro de la frontera secundaria y mi corona será la muralla infranqueable que te blinde de su cólera ciega.
—No quiero seguir siendo la loba indefensa que todos intentan proteger o destruir, mi rey —le confesé en un susurro firme, girándome para buscar sus ojos dorados mientras sus dedos delineaban mis mejillas con caricias bonitas, tiernas y reconfortantes que me hicieron temblar de felicidad—. Jared tiene mi misma edad y mentiras en sus venas, y viene dispuesto a derramar sangre. Mi loba puede estar pasando por un invierno perpetuo, pero mi orgullo indómito y aguerrido sigue vivo. Mañana a la mañana quiero bajar al patio de armas; es hora de que comience mi entrenamiento junto a tus soldados. Si el norte quiere una guerra por mi causa, me encontrarán de pie al lado de mi pareja destinada, lista para defender el mañana de este imperio con mis propias garras.