Él es el padre de su mejor amiga... Pero también el dueño de sus fantasías más prohibidas.
Cristóbal es un hombre maduro, exitoso y comprometido con su familia, alguien a quien todos ven como un ejemplo de responsabilidad. Pero desde el día que conoció a Julieta, la joven compañera de su hija, nada ha sido igual. Cada encuentro la hace más irresistible, cada mirada profundiza una conexión que no debería existir.
Ella es joven, dulce e "inocente" ... Y él lucha por no caer en la tentación.
Julieta siempre ha visto en Cristóbal algo más que el padre de su mejor amiga: un hombre que despierta en ella emociones que nunca imaginó sentir. A pesar de saber que está jugando con fuego, no puede evitar buscarlo, soñarlo, desearlo con una intensidad que la abruma.
Un amor que desafía los límites, un deseo que no sabe de reglas.
Entre secretos, mentiras por omisión y el miedo a destruir vidas enteras, Cristóbal y Julieta se ven envueltos en una pasión que amenaza con consumirlos...
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Capítulo 17.
Cristóbal.♥️
Nunca imaginé que aceptar la invitación de Rafael para salir esta noche terminaría poniéndome en una situación como esta. Una discoteca cualquiera, luces de neón, música a todo volumen y copas llenas; lo que jamás esperaba era encontrarme aquí con Jessica y… con Julieta. La mujer que trae vuelto un ocho, me tiene babeando cada vez que la veo.
Desde el reservado del segundo piso, copa en mano, observo la pista de baile. Jessica se ríe con un par de chicas más y luego la vi a ella… Julieta. Mi mirada se detiene en la manera en que mueve las caderas, cómo cierra los ojos disfrutando cada nota, completamente entregada al ritmo.
Rafael está distraído con dos chicas que le bailaban encima, incluso una intentó acercarse a mí, pero ni siquiera la miré. No podía. Tenía los ojos fijos en la mejor amiga de mi hija, en esa mujer de curvas perfectas que parece bailar únicamente para provocarme. Y lo está consiguiendo.
Bebo un sorbo más de whisky, como si eso pudiera apagar el fuego que me recorre el cuerpo, pero solo empeora. Imagino lo que sería sentir esas caderas contra las mías, el roce de su piel, su perfume mezclado con el sudor de la pista.
Jessica le susurra algo al oído y luego se dirige a los baños, dejándola sola. Julieta no se detiene. Sonríe, muerde su labio inferior y segue bailando como si cada movimiento fuera un reto para mí. Entonces comienza a sonar 'Procura de Chichi Peralta', y fue como si la canción hubiera sido escrita para ella, para ese instante.
No lo pienso más. Bajo del reservado con decisión y avanzo directo a la pista. Justo cuando un muchacho se acercaba a invitarla a bailar, me interpongo.
—Ella no bailará contigo —digo, con una calma peligrosa—. Lo hará conmigo.
El chico se aparta refunfuñando, y yo poso mis manos en la cintura de Julieta, atrayéndola hacia mí. Sentí un leve temblor recorrerla, pero en sus ojos había algo más: deseo.
_¿Me estás provocando? _pregunto en su oído.
—¿Tú qué creés ? —me susurra al oído mientras comenzábamos a movernos al ritmo del merengue, pegados, desafiando cualquier límite.
Su risa coqueta me erizó la piel.
—¿Te gusta que te provoque? —respondió con picardía—. Bailar contigo es como una poesía, Cristóbal… aunque mientras lo hago, imagino otras cosas.
Su confesión me hizo apretar un poco más su cintura. Nuestros cuerpos se rozaban con una naturalidad peligrosa, como si hubiéramos bailado juntos toda la vida, como si el mundo alrededor hubiera desaparecido.
Cuando llegó la parte más intensa de la canción, me incliné y le canté al oído una estrofa, modulando la voz con intención, sintiendo cómo se erizaba entera.
_🎶"Procura coquetearme más
Y no reparo de lo que te haré
Procura ser parte de mi
Y te aseguro que me hundo en ti
Procura no mirarme más
Y no sabrás de qué te perderás
Es un dilema del que tú ni yo podemos escapar"🎶
—No juegues conmigo —dijo entre risas nerviosas, pero su mirada me decía lo contrario.
La canción terminó y nos quedamos frente a frente, respirando agitadamente, demasiado cerca. Ella fue quien dio el siguiente paso.
—Vamos a un lugar más privado… —susurró, casi imperceptible.
La tomé de la mano y la guié de regreso al reservado del segundo piso. Nadie nos vio, ni Rafael ni Jessica. El corazón me latía con fuerza, consciente del riesgo, de lo prohibido, pero también de que no podía detenerme.
Apenas cerramos la cortina del reservado, Julieta me besó. No hubo duda ni vacilación, fue un choque de labios ardientes, una batalla de lenguas y dientes que me arrancó un gemido contenido. La sujeté de la nuca con fuerza, respondiendo con la misma intensidad.
—Siempre te he visto como una mujer… —le confesé entre besos, mientras mis manos exploraban su espalda—. Una mujer hermosa.
Ella se separó un instante, mirándome con esos ojos llenos de brillo.
—¿Y yo que pensaba que para ti era solo la nena, la amiga de tu hija… hasta el beso de la otra noche.
—Julieta… —su nombre salió de mis labios como un suspiro cargado de deseo. Apreté la mandíbula—. Si me he cohibido es porque eres la mejor amiga de Jessica. Y eso lo hace todo más complicado.
Ella sonrió con descaro, mordiéndose el labio, mientras volvía a buscar mis labios.
—Entonces deja de cohibirte, Cristóbal. Al menos esta noche, déjame ser tuya aunque sea con un beso.
Nos hundimos otra vez en un duelo de labios, en caricias cada vez más atrevidas, pero sin cruzar esa línea final. Sus manos exploraban mi pecho, las mías se adueñaban de su cintura, de su cuello, de cada curva que me estaba permitido tocar. El aire en el reservado se volvió espeso, cargado de deseo, de complicidad y de un secreto que jamás debería salir de allí.
Cuando al fin nos separamos, nuestras respiraciones estaban desordenadas, y sus mejillas encendidas eran el reflejo de lo que ambos sentíamos.
La miré fijamente, sabiendo que nada volvería a ser igual.
—Acabas de encender un fuego en mí, Julieta. Uno que no sé si pueda apagar.
Ella sonrió con malicia y apoyó su frente contra la mía.
—Entonces no lo apagues, Cristóbal. Déjalo arder. Ardamos juntos, aunque sea una vez _su mano viajó a mi entrepierna y me acarició por sobre los pantalones.
Y en ese instante supe que habíamos cruzado un punto sin retorno.
_Te haré mía, pequeña traviesa _le mordí los labios _Pero no aquí...
Que te mejores pronto te mando un abrazo de oso.