Emir Abdala y Aysun viven un amor perfecto en la lujosa mansión Abdala. Pero su felicidad termina cuando Aysun sufre un terrible accidente provocado en secreto por Myna, la envidiosa hermana de Emir.
Al despertar, Aysun ha perdido la memoria y ya no recuerda al hombre que ama ni el matrimonio que compartían. Desesperado, Emir hará todo lo posible por recuperar a su esposa y demostrarle que su amor sigue vivo.
Pero el destino pondrá en el camino de Aysun a Merth, un humilde artesano que se enamorará de ella sin conocer toda su historia. Mientras Emir lucha por recuperar el corazón de su esposa, Aysun quedará atrapada entre dos hombres y dos formas de amar.
Entre secretos, traiciones, pasiones y sorprendentes revelaciones, Aysun tendrá que descubrir quién es realmente... y cuál de los dos hombres está destinado a quedarse con su corazón.
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Capítulo 18 — Hermanos enfrentados
La oscuridad envolvió la habitación.
Aysun permanecía inmóvil, con la carta apretada entre las manos.
Aras dio un paso hacia ella.
—Aysun, mírame. Yo jamás te traicionaría.
—¡No te acerques!
La voz de Aysun temblaba.
Emir encendió la linterna de su teléfono.
—Todos tranquilos.
La luz iluminó los rostros.
Myna estaba contra la pared.
Kemal observaba a sus hijos con una expresión de profunda preocupación.
—¿Dónde está el interruptor? —preguntó Emir.
—A la derecha —respondió Kemal.
Aras fue hasta allí.
La electricidad regresó.
Pero el teléfono que habían encontrado sobre la mesa había desaparecido.
—¡El teléfono! —exclamó Aras.
Todos miraron alrededor.
Ya no estaba.
Alguien había entrado en la habitación durante la oscuridad.
Emir tomó la carta de las manos de Aysun.
—Necesito leerla.
Aysun dudó.
—No sé si quiero saber más.
—Precisamente por eso tenemos que hacerlo juntos.
Ella asintió.
Emir leyó en voz alta:
«“Aysun, si estás leyendo esto, significa que mi plan fracasó. Tu memoria está regresando antes de lo previsto. No confíes en Aras. Él sabe dónde está el verdadero archivo y hará todo lo posible para impedir que lo encuentres.”»
Aras negó con la cabeza.
—Eso es una mentira.
Emir continuó.
«“Tu hermano no murió. Desapareció voluntariamente. Y la razón fue porque hizo un pacto con el hombre que destruyó nuestra familia.”»
Aysun levantó la mirada.
—¿Qué pacto?
Aras permaneció en silencio.
Emir lo observó.
—Responde.
—No hice ningún pacto.
—Entonces explícanos por qué esta carta dice lo contrario.
Aras respiró profundamente.
—Porque alguien quiere que crean que fui yo.
—¿Quién?
Aras miró a Kemal.
—Papá sabe la verdad.
Todos miraron a Kemal.
—Habla —exigió Emir.
Kemal cerró los ojos.
—Aras no me traicionó.
Aysun soltó un suspiro de alivio.
Pero Kemal añadió:
—Sin embargo, sí hizo algo que puso a nuestra familia en peligro.
Aras bajó la cabeza.
—Papá...
—Ya no podemos ocultarlo.
Kemal se sentó lentamente.
—Después del incendio, Aras descubrió que las personas que nos perseguían querían encontrar a Aysun.
—¿Por qué? —preguntó Emir.
—Porque Aysun había visto algo.
Aysun frunció el ceño.
—¿Qué vi?
Kemal la miró.
—A la persona que mató a nuestra madre.
Aysun quedó petrificada.
—¿Mamá...?
—No murió en el incendio.
El rostro de Aysun se descompuso.
—¿Qué?
Kemal bajó la mirada.
—Fue asesinada antes.
Aysun comenzó a llorar.
—Toda mi vida pensé que había muerto aquella noche...
—Lo sé.
—¿Quién la mató?
Kemal respondió con dificultad:
—Nunca pude demostrarlo.
Aras intervino:
—Pero yo sí sé quién fue.
Emir lo miró.
—¿Quién?
Aras apretó los puños.
—El hombre que ahora está detrás de todo esto.
—¿El Patriarca?
Aras asintió.
—Sí.
Myna observaba en silencio.
Aquella conversación estaba revelando secretos que ella jamás había conocido.
De pronto, su teléfono vibró.
Un mensaje.
“Sal de la casa inmediatamente.”
Myna miró hacia la puerta.
Después llegó otro.
“Si te quedas, descubrirán quién eres realmente.”
Myna palideció.
Guardó el teléfono.
Pero Aysun la vio.
—¿Quién te escribe?
—Nadie.
—Myna...
—Te he dicho que nadie.
Emir se acercó.
—Enséñame el teléfono.
—No.
—Myna.
—¡No tienes derecho!
Emir la miró con dureza.
—Después de todo lo que has hecho, ya no sé qué derecho tengo que darte.
Myna comenzó a llorar.
—Yo cometí errores.
—Intentaste matar a mi esposa.
—¡No quería matarla!
—¿Entonces qué querías?
Myna respondió entre lágrimas:
—Quería que desapareciera.
Aysun la miró con tristeza.
—¿Por qué me odias tanto?
Myna guardó silencio.
Finalmente respondió:
—Porque desde que llegaste, Emir dejó de verme.
Emir se quedó helado.
—¿Eso fue suficiente para intentar destruirla?
Myna bajó la cabeza.
—No.
Hubo una pausa.
—Pero alguien aprovechó mi odio.
Emir frunció el ceño.
—¿Quién?
Myna levantó la mirada.
—No sé quién es.
En ese momento, Aras recibió una llamada.
Contestó.
—¿Sí?
Una voz masculina habló.
Aras se quedó pálido.
—¿Dónde estás?
La respuesta fue breve.
Aras colgó.
Emir se acercó.
—¿Quién era?
Aras respiró profundamente.
—El hombre que me ayudó a mantenerme escondido durante todos estos años.
—¿Qué quería?
—Me dijo que dejara a Aysun en paz.
Emir frunció el ceño.
—¿Por qué?
Aras respondió:
—Porque sabe quién provocó el accidente.
Aysun se acercó.
—¿Quién fue?
Aras la miró.
—No puedo decírtelo todavía.
—¡Sí puedes!
—Aysun, si te lo digo, estarás en peligro.
—¡Ya estoy en peligro!
Aras guardó silencio.
Entonces Kemal habló:
—Díselo.
Aras lo miró sorprendido.
—Papá...
—Ya no podemos seguir escondiéndola de su propia vida.
Aras cerró los ojos.
—Está bien.
Miró a Aysun.
—El hombre que ordenó el accidente...
Hizo una pausa.
—...no es el Patriarca.
Emir quedó desconcertado.
—¿Entonces quién?
Aras respondió:
—Es alguien que trabaja para él.
—¿Quién?
Aras tragó saliva.
—Un hombre llamado Darian.
Myna abrió los ojos.
—No...
Emir la miró.
—¿Lo conoces?
Myna comenzó a temblar.
—Sí.
—¿Quién es?
—Fue el hombre que me contactó.
Aysun dio un paso atrás.
—Entonces él provocó mi accidente.
Myna asintió.
—Sí.
De repente, se escuchó el sonido de un automóvil alejándose.
Emir corrió hacia la ventana.
—¡Alguien se está yendo!
Aras salió detrás de él.
En el camino había un vehículo negro.
Pero antes de que pudieran seguirlo, una explosión sacudió la casa.
—¡Aysun! —gritó Emir.
La joven cayó al suelo.
Emir corrió hacia ella.
—¡Aysun!
Ella abrió lentamente los ojos.
—Estoy bien...
Pero entonces vio algo.
Una pequeña caja metálica había salido despedida debajo de una mesa.
Aysun la señaló.
—Eso...
Aras se acercó.
La recogió.
Tenía grabado un nombre:
AYŞUN DEMIR.
Kemal palideció.
—Esa caja...
—¿Qué tiene? —preguntó Emir.
Kemal respondió:
—Todo lo que tu madre dejó antes de morir.
Aysun comenzó a llorar.
—Quiero abrirla.
Kemal negó.
—No.
—¡Papá!
—Porque dentro hay una verdad que puede destruir a esta familia.
Aysun lo miró.
—Entonces quiero conocerla.
Kemal finalmente cedió.
Aras abrió la caja.
Dentro había una cinta de vídeo antigua.
Un sobre.
Y una fotografía.
Emir tomó la fotografía.
Era una imagen de la madre de Aysun junto a otra mujer.
Emir reconoció inmediatamente a la segunda mujer.
Su rostro se quedó sin color.
—No puede ser...
Aysun lo miró.
—¿Quién es?
Emir levantó lentamente la fotografía.
—Es alguien que conozco.
—¿Quién?
Emir tragó saliva.
—La madre de Myna.
Myna dio un paso atrás.
—¡Eso es imposible!
Kemal cerró los ojos.
—No.
Aysun miró a su padre.
—¿Qué significa?
Kemal respondió:
—Significa que nuestras familias estaban unidas mucho antes de que tú y Emir nacieran.
Entonces la vieja televisión de la habitación se encendió sola.
La pantalla mostró una grabación.
Apareció la madre de Aysun.
Estaba llorando.
Y detrás de ella estaba el padre de Emir.
La mujer miró directamente a la cámara.
—Si alguien encuentra esta grabación, significa que nosotros ya no estamos.
Hizo una pausa.
—Y quiero que sepan algo.
La imagen se distorsionó.
Luego volvió.
—El Patriarca no es quien ustedes creen.
Todos quedaron inmóviles.
La mujer continuó:
—El Patriarca está dentro de nuestra propia familia.
La pantalla se apagó.
Aysun miró a Emir.
Emir miró a Myna.
Aras miró a Kemal.
Y Kemal comprendió que el secreto que había protegido durante décadas acababa de regresar para cobrar su precio.
Porque alguien dentro de aquella habitación sabía perfectamente quién era el verdadero Patriarca.