Monique es médica, independiente y decidida. Después de que su ex la traicionara, tomó una resolución radical: tener un hijo sola mediante inseminación artificial en una clínica de Albania. El procedimiento salió bien —o eso creyó—, hasta que un desconocido irrumpió en la sala en el peor momento posible.
Meses después, con una bebé preciosa en brazos y una vida reconstruida al lado de su familia en casa, Monique está convencida de que lo peor ya quedó atrás. Hasta que veinte hombres armados invaden el comedor durante el desayuno.
Al frente de ellos está Drilon Meksi: segundo hijo de la mafia albanesa Exilio, ejecutor implacable y —según él— el verdadero padre biológico de Estela.
Drilon no vino solo a reclamar a su hija. Vino a llevarse a las dos.
Arrancada de su mundo y encerrada en la mansión de una de las familias más temidas de Albania, Monique descubre que su única opción es aprender a sobrevivir entre mafiosos. Pero la matriarca Hana le enseñará que las batallas más importantes no se ganan con rabia, sino con inteligencia. Que el respeto pesa más que la imposición. Y que a veces los muros más gruesos no están en las fortalezas, sino dentro de las personas.
Mientras Monique lucha por proteger a Estela y recuperar su libertad, algo inesperado empieza a crecer entre ella y el hombre que juró odiar: pequeños gestos, conversaciones honestas, un padre que arrulla a su hija con una ternura que contradice todo lo que representa.
¿Puede una mujer libre enamorarse de un mafioso sin perderse a sí misma?
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capítulo 24
El auto entró lentamente en la propiedad al caer la noche. El viaje de regreso había sido tranquilo, y Estela pasó buena parte del camino dormida en su sillita.
Drilon estacionó el vehículo y apagó el motor. Monique se giró hacia atrás y sonrió al ver a la pequeña profundamente dormida, abrazada a su cobijita.
MONIQUE— Ni se enteró de que llegamos.
DRILON— Creo que el paseo agotó a nuestra pequeña.
MONIQUE— Hoy descubrió que existe un mundo entero más allá de esta casa.
Drilon abrió la puerta trasera con cuidado y soltó los cinturones de la sillita. Con delicadeza, tomó a Estela en brazos.
La niña apenas refunfuñó bajito, apoyando la cabeza en el hombro de su papá antes de volver a dormirse. A Monique se le dibujó una sonrisa al contemplar la escena.
MONIQUE— Le gusta dormirse en tus brazos.
DRILON— Creo que ya descubrió que ese es el lugar donde se siente más cómoda.
Los dos entraron a la casa. En cuanto cruzaron la puerta, encontraron a Hana terminando de poner los platos en la mesa. Agim ya estaba sentado, mientras Altin les servía agua a sus padres.
HANA— Mi nietecita se apagó.
DRILON— Se durmió a medio camino.
AGIM— Eso significa que disfrutó el paseo.
MONIQUE— Bastante.
ALTIN— Está creciendo rápido.
DRILON— Demasiado rápido.
HANA— Lleven a Estela a su habitación primero. Después bajan a cenar.
DRILON— Ya volvemos.
Los dos subieron las escaleras en silencio. Monique abrió la puerta de la habitación de su hija. Drilon caminó despacio hasta la cuna y colocó a Estela cuidadosamente sobre el colchón.
La pequeña apenas suspiró, giró la carita hacia un lado y siguió durmiendo plácidamente. Monique le acomodó la manta.
MONIQUE— Buenas noches, mi amor.
Drilon le acarició el cabello a su hija.
DRILON— Duerme bien, princesa.
Los dos dejaron la habitación y bajaron de nuevo. Pocos minutos después, todos estaban sentados a la mesa.
La cena comenzó entre conversaciones ligeras. Agim observaba a sus hijos con una sonrisa discreta.
AGIM— Entonces, Altin... ¿los preparativos para la boda están listos?
Altin abrió una sonrisa de inmediato.
ALTIN— Por fin lo están.
HANA— Estás contando los días.
ALTIN— Así es.
AGIM— Nunca imaginé verte tan ansioso.
ALTIN— Ni yo. —Rio—. Parece que mientras más cerca está, más lento pasa el tiempo.
HANA— Eso le pasa a todo novio.
ALTIN— Espero que el próximo sábado llegue pronto.
AGIM— Estás enamorado.
ALTIN— No lo sé. Solo sé que me fascina.
Hana le sonrió con cariño a su hijo.
HANA— Hacía tiempo que no veía ese brillo en tus ojos.
ALTIN— Creo que encontré a la persona indicada.
AGIM— Eso es lo que importa.
Monique seguía la conversación en silencio. Era extraño, pero al mismo tiempo reconfortante ver a aquella familia reunida en una cena común.
Después de unos minutos, Drilon se aclaró discretamente la garganta.
DRILON— Aprovechando el tema... —Todos lo miraron—. Yo también tengo una noticia.
ALTIN— Dinos.
Drilon lanzó una mirada rápida a Monique antes de continuar.
DRILON— Después de tu boda... —Esbozó una sonrisa—. Monique y yo también nos casaremos.
Hana se llevó la mano al pecho.
HANA— ¿Es verdad?
Sus labios se curvaron con timidez.
MONIQUE— Sí.
Agim abrió una amplia sonrisa.
AGIM— Es una excelente noticia.
Altin se puso de pie y abrazó a su hermano.
ALTIN— Felicidades.
DRILON— Gracias.
Después, Altin se volvió hacia Monique.
ALTIN— Bienvenida a la familia.
MONIQUE— Gracias.
Hana se levantó y caminó hasta ella.
HANA— Ya eras parte de esta casa por Estela. —Le tomó las manos con delicadeza—. Ahora serás oficialmente nuestra hija.
Los ojos de Monique se llenaron de emoción.
MONIQUE— Gracias por recibirme tan bien.
AGIM— Quien le hace bien a nuestros hijos siempre tendrá un lugar en esta familia.
Drilon esbozó una sonrisa discreta.
ALTIN— Entonces tendremos dos bodas casi seguidas.
AGIM— Esta casa va a estar de fiesta.
HANA— Hacía tiempo que no teníamos tantos motivos para celebrar.
El resto de la cena transcurrió entre historias, risas y planes para los próximos días. Cuando terminaron, cada uno empezó a retirarse.
Drilon se puso de pie al mismo tiempo que Monique.
DRILON— ¿Vamos?
MONIQUE— Vamos.
Los dos subieron las escaleras uno junto al otro. Al pasar frente a la habitación de Estela, Monique abrió la puerta despacio.
La pequeña seguía profundamente dormida. Drilon se acercó a la cuna y le acomodó de nuevo la manta que se había deslizado.
MONIQUE— Ni se movió.
DRILON— Creo que soñó todo el camino.
Los dos sonrieron. Se quedaron unos segundos simplemente contemplando a su hija. Después cerraron la puerta con cuidado.
Continuaron por el pasillo hasta detenerse frente a la habitación de Monique. Ella tomó la perilla antes de mirarlo.
MONIQUE— Gracias por el día de hoy.
DRILON— ¿Te gustó la sorpresa?
MONIQUE— Mucho. —Sonrió—. De verdad creí que nunca más volvería a pisar un hospital como doctora.
DRILON— Naciste para cuidar personas.
MONIQUE— Hacía mucho que no me sentía tan feliz.
A Drilon se le iluminó el rostro.
DRILON— Entonces valió la pena.
Ella dio un paso más cerca.
MONIQUE— Valió. —Los dos permanecieron unos segundos en silencio—. Buenas noches, Drilon.
DRILON— Buenas noches, Monique.
Con todo el respeto, se acercó y depositó un beso delicado en su mejilla. Monique dejó escapar una risa suave, sorprendida por la gentileza del gesto.
MONIQUE— Descansa.
DRILON— Tú también.
Ella entró a su habitación y cerró la puerta lentamente.
Drilon permaneció unos segundos contemplando la puerta cerrada antes de dirigirse a la suya.
Aquella noche, por primera vez en mucho tiempo, tuvo la sensación de que su mayor desafío ya no era enfrentar a los enemigos de la mafia, sino conquistar, con paciencia y respeto, el corazón de la mujer con quien estaba a punto de formar una familia.