En su vida pasada, Evangeline sacrificó todo por seguir a Julian al campo, solo para ser devorada por la traición. Engañada por el hombre que amaba y por su mejor amiga, Genevieve, terminó drogada, con el cuerpo consumido por la enfermedad y viendo a su familia quedar en la ruina.
En sus últimos y más oscuros momentos, no fue su "gran amor" quien la salvó, sino Alistair, el hombre rudo y marginado al que ella tanto había despreciado. Tras pasar quince años en prisión, él gastó cada moneda de su fortuna para comprar su libertad, pagar su tratamiento y cuidarla con una ternura infinita hasta su último aliento.
Ahora, el destino le ha otorgado un milagro: Evangeline ha despertado a los dieciocho años, justo el día en que llegó a Valle Umbrío.
Con el conocimiento del futuro y un misterioso espacio lleno de recursos a su disposición, Evangeline no solo busca venganza contra quienes la destruyeron, sino que tiene una misión más urgente: entregarse al hombre que la amó cuando nadie más lo hizo.
—He oído que a tus veintitrés años todavía no tienes esposa y el pueblo se burla de ti —le dice ella, acurrucándose en los brazos del tosco Alistair—. ¡Yo seré tu esposa!
Él, mirando a la delicada joven con los dientes apretados, solo alcanza a decir: —No bromees.
—Vi a los vecinos presumiendo de sus hijos ante ti —susurra ella con una sonrisa traviesa—. ¿Qué te parece si formamos nuestra propia familia para que mueran de envidia?
Alistair, con las orejas encendidas por el rubor, sentencia: —¡Te arrepentirás!
Pero el arrepentimiento no está en los planes de Evangeline. Mientras todo el Valle Umbrío murmura con envidia, Alistair, el hombre que "no tenía ni para comer", ahora protege a su gentil esposa, disfruta de manjares cada día y ve crecer a sus hijos, transformando su destino de soledad en una leyenda de amor y prosperidad.
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Capítulo 13: La mitad del cielo
—¡Elowen Valdemar! ¡Mujer despiadada! —chilló Beatrice, fuera de sí—. ¡Eres una arpía! Tu estirpe está maldita; tu familia está destinada a extinguirse, ¡jamás verás a un nieto varón caminar por estas tierras!
Beatrice rabiaba de impotencia. Aunque solía tener roces con la Señora Elowen, nunca había sufrido una derrota tan humillante. Evangeline notó de inmediato que el rostro de su futura suegra palidecía; aquellas palabras habían dado en el blanco de una herida profunda y dolorosa.
Cerca de ellas, Rosalind, la nuera mayor de la familia, bajó la cabeza mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. Criada en una familia de cinco hermanas y un solo hermano, siempre había sido desplazada; su propia madre la llamaba "gafe" por haber dado a luz a dos niñas y no a un heredero varón. Se sentía inferior, una carga para los suyos, y las crueles palabras de Beatrice solo confirmaban sus miedos más oscuros.
Elowen miró a su nuera. Aunque a ella también le dolía la ausencia de un nieto, su orgullo no le permitía desmoronarse en público.
—¿Por qué lloras, Rosalind? —le espetó, tratando de ocultar su propia vulnerabilidad tras una fachada de firmeza.
Evangeline reaccionó de inmediato. Vio que Silas Valdemar, el líder de la brigada, se dirigía hacia ellos tras oír el escándalo. Sabía que si Elowen seguía golpeando a Beatrice, la situación se volvería indefendible. Se plantó frente a su futura suegra y, con una rectitud impecable que cautivó a los presentes, alzó la voz:
—Señora Beatrice, lo que acaba de decir es inadmisible. ¡Nuestro gran líder proclamó que hombres y mujeres son iguales y que las mujeres sostienen la mitad del cielo!
La multitud enmudeció. Evangeline continuó con un tono severo y educado:
—Al despreciar a las hijas de esta familia, dudo seriamente de su formación ideológica. Si los habitantes de otras aldeas escucharan sus palabras, pensarían que la educación en el Valle de los Valdemar es inadecuada. ¿Está usted sugiriendo que las palabras del líder no tienen valor?
Le puso una etiqueta política tan pesada que Beatrice se quedó atónita, balbuceando con temor:
—Yo... eso no es lo que quise decir...
En ese momento llegó Silas Valdemar, con el rostro ensombrecido.
—¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué no están trabajando? ¡¿Acaso quieren morir de hambre cuando llegue el invierno?!
Beatrice, aterrada por la implicación de las palabras de Evangeline, decidió no causar más problemas. Sabía que un error de "pensamiento" en estos tiempos podía terminar en una granja de rehabilitación. Con una nuera embarazada en casa y bocas que alimentar, necesitaba cada tan que pudiera ganar para que el invierno fuera llevadero.
—No pasa nada, Capitán —dijo Beatrice, ocultando las marcas en su rostro—. Solo hacíamos una breve pausa para conversar.
Silas sabía perfectamente que se habían peleado, pero como ninguna de las partes quería presentar una queja formal, decidió no involucrarse. El trabajo debía continuar.
Alistair permanecía en la periferia, con los puños apretados, listo para intervenir si su madre corría peligro. Se quedó de piedra al ver cómo la "niña dulce" no solo había inmovilizado físicamente a Beatrice, sino que la había derrotado usando solo su inteligencia.
Su mirada se fijó en Evangeline. Ella estaba allí, firme, protegiendo a su madre. Cuando ella se giró, sus ojos se encontraron con los de él de forma instantánea. Alistair, abrumado por la intensidad del momento y la gratitud, desvió la cabeza con incomodidad y se alejó a grandes zancadas.
Evangeline, por su parte, estaba de excelente humor. Había defendido a su familia y le había dado agua azucarada a su "cachorro de lobo". Como Alistair ya casi terminaba su jornada, ella decidió regresar al asentamiento para buscar algo de comida especial del Espacio y llevársela más tarde. Su plan para cuidar de él apenas estaba comenzando.
¿Acaso no a escuchado el dicho de "mejor sólo que mal acompañado" y el que dice "con locas no"?.🤨🤷♀️🙎♀️🤦♀️
Vieja loca, abusiva y envidiosa. Que debe de dar gracias que la dejan vivir ahí..😒🤷♀️🙎♀️