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Siempre Tendrás 18

Siempre Tendrás 18

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Escuela / Amor eterno / Completas
Popularitas:481
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Abril tiene 17 años, leucemia y una lista: aprovechar cada segundo que le queda.

Sus padres siempre trabajan, así que vive sola y se refugia estudiando en el colegio. Hasta que aparece Kael, 18, el chico que divide su tiempo entre las clases y una escuela de boxeo, con los nudillos siempre rotos y el corazón blindado.

Él cree que pelear es la única forma de no sentir. Ella le va a enseñar que vivir también duele.

Lo que Kael no sabe es que Abril se está apagando, que los dolores son cada vez más fuertes y que un día se va a desmayar frente a él.

Una historia sobre amar sabiendo que tienes fecha de vencimiento.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Primer beso en la azotea

Ese día no llovió. Después de una semana con lluvia casi todos los días, salió el sol y hacía calor en la azotea, no tanto calor como en verano, pero calor para estar con polera. Yo llevé agua y un chocolate que me había dado mi mamá y Kael llevó su bolso con las vendas y el saco chico que don Héctor le había prestado para que practicara.

Subimos a las cuatro, como siempre, y don Luis nos dijo que hoy sí que no nos quedáramos tanto porque hacía calor y el techo se ponía resbaloso con el sol. Le dijimos que no, que solo cinco minutos, pero sabíamos que íbamos a estar más.

Nos sentamos en el borde, con los pies colgando un poco, mirando Conce con sol. Se veía distinto, más claro, con los techos brillando y con la gente sin paraguas. Kael me dijo que le gustaba más con sol, porque con lluvia se le mojaba todo en la casa. Le dije que a mí me gustaba más con lluvia, porque con sol me daba más sueño por las pastillas.

Nos quedamos callados un rato y después Kael sacó el saco chico y me dijo que hoy sí que iba a aprender a pegar el cruzado bien. Me paré y me puse las vendas que él me había enseñado a poner, aunque me quedaron chuecas. Me dijo que me parara como él, con un pie adelante y el otro atrás y con las manos arriba. Me paré y me dijo que pegara con la derecha, girando un poco el cuerpo. Pegué y el saco se movió poco. Me dijo otra vez, más fuerte. Pegué otra vez y me salió mejor.

Me dijo que lo había hecho bacán y me dio un abrazo rápido, como si me felicitara. Me quedé cerca de él y sentí que respiraba fuerte, porque había pegado y había hecho fuerza. Me dijo Abril, ¿te puedo decir algo? Le dije que sí. Me dijo que desde la pelea del regional pensaba mucho en mí, que cuando estaba arriba del ring pensó en mí y en mi cuaderno de cálculo y en la azotea y que por eso había ganado.

Le dije que yo también pensaba mucho en él, que cuando estaba en el hospital pensaba en la azotea y en su chaqueta grande y en su mano fría. Me dijo que le daba vergüenza decirme eso. Le dije que a mí también me daba vergüenza, pero que igual se lo decía.

Nos miramos y estábamos muy cerca, más cerca que la vez que casi nos besamos con lluvia. Yo sentía su respiración y él sentía la mía y los dos estábamos con la cara roja por el sol y por el ejercicio. Me preguntó si me podía besar. Le dije que sí, pero que no sabía cómo se hacía, que nunca había besado a nadie. Me dijo que yo tampoco sabía mucho, que solo había visto en películas.

Se acercó despacio y me besó. Fue corto, no largo, con los labios cerrados, como si fuera un susto chico. Me quedé quieta y después me reí un poco porque no sabía qué hacer. Le dije ¿así se hace? Me dijo creo que sí, pero probemos otra vez para asegurarnos. Me besó otra vez, un poco más largo, y yo le puse las manos en los hombros, como había visto en una película.

Nos separamos y nos quedamos mirando Conce con sol y con la cara roja los dos. Kael me dijo ¿estuvo bien? Le dije que sí, que estuvo bien, que fue bacán. Me dijo que a él también le había gustado mucho. Le dije que pensé que iba a ser más difícil, pero que no fue difícil.

Don Luis nos gritó desde abajo que bajáramos, que ya era mucho rato con sol. Bajamos la escalera tomados de la mano, con las vendas todavía puestas y con el saco chico en la otra mano. En la salida Kael me dijo mañana a la misma hora, pero ahora con beso incluido. Le dije mañana a la misma hora con beso incluido.

Llegué a mi casa y mi mamá me preguntó por qué estaba tan roja. Le dije que había hecho ejercicio en la azotea y que hacía calor. Me dijo que se te nota que estás contenta. Le dije que sí, que estaba contenta.

Me metí a mi pieza y saqué el cuaderno de cálculo. Taché el número cinco que decía enamorarme, aunque sea la peor idea. Lo taché con una línea fuerte y al lado escribí: 12 de julio, primer beso en la azotea con sol. Y abajo escribí: no fue difícil.

Guardé el cuaderno y me toqué los labios, como para acordarme de cómo se sentía. Pensé que mañana iba a ser mejor, porque ya sabía cómo se hacía.

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