Morgana tiene 24 años y siente que su vida se detuvo entre los campos de soja de Entre Ríos. Cansada de la monotonía, del trabajo pesado y de la presión de un futuro trazado por su familia, decide armar las valijas y mudarse a la provincia de Buenos Aires en busca de una nueva oportunidad.
Sin embargo, el cambio de aire resulta ser más caótico de lo que esperaba. En medio del bullicio de la gran ciudad y durante una multitudinaria marcha manifestante, un choque fortuito cambia sus planes por completo: termina cara a cara con el hijo mimado de la presidenta de Argentina.
Entre el choque de dos mundos opuestos -la vida rural y humilde contra el privilegio y la política de alto nivel-, Morgana se verá envuelta en un torbellino de secretos, flashes de prensa y una tensión inesperada de la que no podrá escapar tan fácilmente.
NovelToon tiene autorización de Ana Luz Albarracín para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 22
Tomé aire antes de presionar el botón de llamar. Escuché el tono de marcado un par de veces hasta que la voz de Caín resonó del otro lado, serena pero con un punto de curiosidad.
—Morgana. Pensé que a esta hora ya estabas arriba del avión rumbo a Milán.
—Todavía no —respondí, caminando despacio por la habitación del hotel—. Estuve pensando mucho en lo que me dijiste esta mañana. Y también estuve hablando con Matteo.
—Imagino que el revuelo mediático no aflojó.
—Al contrario. La popularidad se disparó, las cotizaciones de mis piezas subieron y las galerías en Europa están como locas —hice una pausa, midiendo mis palabras—. Pero no me gusta cómo se está dando esto. No quiero que piensen que me aprovecho de un chisme para vender, ni quiero que me asocien con vos por una foto fuera de contexto.
Se hizo un breve silencio del otro lado de la línea. Sentí cómo Caín prestaba toda su atención.
—¿Y qué tenés en mente? —preguntó.
—Una propuesta estratégica —dije con voz firme—. Ya que el público y la prensa decidieron inventar una historia entre los dos, usemos esa atención a nuestro favor, pero bajo nuestros propios términos. Vamos a canalizar esta exposición en un proyecto benéfico y cultural conjunto. Un evento oficial de financiamiento para jóvenes artistas sin recursos en Buenos Aires.
Caín dejó escapar un silbido bajo, comprendiendo la jugada al instante.
—De esa forma —continué—, limpiamos la imagen del 'escándalo nocturno', le damos una causa real a la prensa para que hable y convertimos este morbo en algo productivo. Vos quedás como un patrocinador comprometido y yo como una artista que apoya a su comunidad. Y lo más importante: mi trabajo vuelve a ser el centro de atención por las razones correctas.
—Es una jugada maestra, Morgana —admitió Caín, y pude notar la leve sonrisa en su voz—. Transformar un chisme de pasillo en una alianza estratégica. Me gusta. Contá conmigo.
—Perfecto. Matteo se va a poner en contacto con tu equipo para armar los detalles formales. Nos vemos a mi regreso de Milán.
Corté la llamada y guardé el teléfono. Por primera vez en todo el día, sentí que tenía el control absoluto de mi destino.
Armo mis maletas feliz y saco el primer vuelo para volver a Milán, cosa que me lleva en dos horas al lugar que me dio la fama y llame como segundo hogar.
Llegó al aeropuerto y me rodean una horda de periodistas preguntando lo mismo:
—Estas de pareja con Caín Capell o solamente son rumores?
Tu ya poniendo tu plan en marcha sonries misteriosamente:
—Si tienen ganas de saber van a tener que esperar hasta mi próximo paso para saber.
El vuelo sobre el Atlántico me sirvió para descansar y ordenar las ideas. Cuando el avión tocó pista en el aeropuerto de Malpensa, el aire fresco de Italia me dio la bienvenida, marcando el inicio formal de esta nueva etapa.
Unas horas más tarde, empujé la pesada puerta de madera de mi taller en el corazón de Milán. El olor familiar a arcilla húmeda, yeso y esmalte me envolvió al instante, devolviéndome esa sensación de refugio que tanto extrañaba.
Matteo ya estaba esperándome. Se paseaba de un lado a otro entre las mesas de trabajo con su iPad en la mano, pero al verme entrar, dejó la tablet sobre un mostrador y vino a mi encuentro con los brazos abiertos.
—¡La estrella de la prensa internacional! —exclamó con una sonrisa teatral antes de darme dos besos en las mejillas—. Te juro que tu frase en el aeropuerto de Ezeiza estuvo brillante. Tenés a todos los portales europeos pendientes de cuál va a ser ese famoso "próximo paso".
—Ese próximo paso lo vamos a dar hoy mismo —respondí, dejando el bolso sobre una silla y sirviéndome un vaso de agua—. Se terminó la especulación vacía. Vamos a organizar una gala benéfica y subasta de arte en Buenos Aires, coorganizada con el equipo de Caín Capell.
Matteo me miró fijamente, parpadeando un par de veces mientras procesaba la idea.
—¿Una gala benéfica con la fundación de Capell? —preguntó, afinando la mirada—. Morgana, eso es un movimiento de ajedrez impecable.
—Lo es —asentí, apoyándome contra la mesa de modelado—. Financiaremos talleres y becas para jóvenes talentos sin recursos. Toda la prensa que quiera cubrir el evento va a tener que hablar de la causa, de las esculturas subastadas y del impacto cultural, no de si Caín y yo tomamos un café o si somos pareja. Convertimos el morbo mediático en financiamiento real para futuros artistas.
Matteo agarró el iPad de inmediato y empezó a teclear con entusiasmo renovado.
—Podemos convocar a las galerías más importantes de Italia para que aporten piezas o compradores internacionales —propuso, con los ojos brillándole de emoción—. Me pongo en contacto hoy mismo con los asesores de Caín para coordinar las fechas y el lugar. Esto no solo limpia cualquier rumor, sino que te posiciona como una figura cultural influyente a nivel global.
Miré a mi alrededor, contemplando las herramientas y las piezas a medio terminar que me aguardaban en los estantes. Por fin, la turbulencia de Buenos Aires quedaba atrás y el futuro se abría paso exactamente bajo mis propios términos.
Matteo se sirvió un espresso doble, se ajustó el saco y apoyó el iPad sobre el escritorio principal. Caminaba por el taller con un aire de absoluta importancia, disfrutando del momento como solo él sabía hacerlo.
—Atenta, Morgana —dijo, guiñándome un ojo mientras activaba el altavoz del teléfono—. El arte de la negociación empieza en los primeros
tres segundos.
Marcó el número de la secretaría de prensa de Caín Capell. Tras un par de tonos, una voz profesional y pulcra respondió al otro lado de la línea.
—Oficina de enlace estratégico del señor Capell, buenas tardes.
—Buenas tardes —habló Matteo, impostando su tono más elegante y diplomático—. Les habla Matteo Rossi, marchand y representante exclusivo de Morgana Sinclair. Llamo para coordinar los aspectos ejecutivos de la alianza cultural y la gala benéfica que acuerdan la artista y el señor Capell.
Del otro lado hubo una pausa breve y se escuchó el tecleo rápido de una computadora.
—Un momento, señor Rossi. El señor Capell nos dejó indicaciones directas sobre este asunto. Nos pidió prioridad absoluta.
Matteo me miró con una sonrisa triunfante y levantó los pulgares en el aire.
—Perfecto —continuó Matteo—. De nuestro lado en Milán, sugerimos realizar la subasta a fines del mes próximo en Buenos Aires, idealmente en el Museo de Arte Hispanoamericano o en el Faena Arts Center. La idea es destinar el cien por ciento de lo recaudado a la creación de becas de formación para jóvenes escultores.
—Coincidimos plenamente en el enfoque —respondió la asesora del equipo de Caín—. La fecha de finales del mes próximo encaja perfecto en la agenda pública de la fundación. Nos encargaremos de la logística del recinto, la seguridad y las acreditaciones de prensa oficial.
¿Ustedes se ocupan del catálogo de piezas subastadas y los curadores?
—Exactamente —confirmó Matteo, anotando datos a toda velocidad en su tablet—. Redactaremos un comunicado de prensa conjunto para enviar a los medios europeos y latinoamericanos en cuarenta y ocho horas. Queremos que el foco esté puesto de manera impecable en el impacto social y artístico.
—Excelente, señor Rossi. Le envío ahora mismo la propuesta de convenio por correo electrónico para su revisión. Es un placer colaborar con el equipo de la señorita Sinclair.
—El placer es nuestro. Que tenga buena tarde.
Matteo cortó la llamada y soltó un fuerte suspiro de satisfacción, apoyando ambas manos sobre la mesa.
—Oficial, pulcro y sin fisuras —dijo mirándome con orgullo—. En un mes volvemos a Buenos Aires, pero esta vez, como los verdaderos dueños del juego.
El avión tocó tierra en el aeropuerto de Ezeiza bajo un cielo despejado de primavera. Un mes en Milán había sido suficiente para rearmar mi centro, moldear con furia y pasión en el taller y preparar las piezas clave que se subastarían esa misma noche.
Matteo acomodó su saco antes de levantarse del asiento, ajustándose los lentes de sol con una sonrisa cargada de expectativa.
—Buenos Aires nos recibe de vuelta, Morgana —dijo, ofreciéndome la mano para ayudarme a bajar el equipaje de mano—. Pero esta vez no venimos a apagar incendios, venimos a dar una lección de elegancia.
Al cruzar la puerta de desembarque, la diferencia con nuestro viaje anterior fue evidente. No había corridas torpes ni portales buscando el chisme barato de la noche. En su lugar, el equipo de producción del evento y la seguridad oficial asignada por la fundación de Caín nos esperaban en el área privada con una camioneta negra lista para trasladarnos.
Durante el trayecto hacia el hotel, la ciudad se desplegaba a través de la ventanilla. En las avenidas principales, las pantallas digitales y los afiches promocionales ya anunciaban la cita de esa noche: «Arte e Impacto: Gala Benéfica por los Jóvenes Talentos», con mi nombre y el de la fundación de Caín encabezando la convocatoria.
Matteo miraba el teléfono, repasando la lista de invitados confirmados.
—Coleccionistas de toda Latinoamérica, embajadores, la prensa especializada de Europa y los nombres más pesados de la cultura —murmuró, mostrándome la pantalla—. La subasta ya tiene ofertas base astronómicas antes de empezar.
Dejé escapar un suspiro suave, sintiendo una mezcla de adrenalina y serenidad.
A diferencia de semanas atrás, cuando me sentía acorralada por los rumores y las sombras del pasado, ahora caminaba sobre terreno firme. La propuesta estratégica no solo había acallado los escándalos, sino que le había devuelto el protagonismo a lo único que realmente importaba: el valor de mi trabajo y la posibilidad de cambiarle la vida a futuros artistas.
—Llegó la hora, Matteo —dije, acomodándome en el asiento mientras nos acercábamos al centro—. Vamos a mostrarles de qué estamos hechos.