NovelToon NovelToon
Olvidada Por Mi Marido

Olvidada Por Mi Marido

Status: Terminada
Genre:CEO / Pérdida de memoria / Embarazo no planeado / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:706
Nilai: 5
nombre de autor: 1x.santx

Ella se casó por amor.
Él, un poderoso CEO, perdió la memoria… y con ella, el corazón.
Después de un accidente, empieza a creer que solo lo quisieron por su dinero y la expulsa de casa sin piedad. Sola, embarazada y traicionada por quien más amaba, lucha por sobrevivir… hasta descubrir que lleva tres vidas en su vientre. Entre habitaciones baratas, trabajos extenuantes y noches frías en pasillos de hospitales, ella elige resistir.
Cuando la verdad finalmente sale a la luz y los recuerdos regresan, tal vez ya sea demasiado tarde para pedir perdón.
Porque algunas heridas no se borran… ni siquiera con amor.

NovelToon tiene autorización de 1x.santx para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Luisa

Dos semanas pasaron sin que nada realmente se afirmara en mi vida. Me desperté en camas diferentes, cocinas prestadas, autobuses demasiado llenos. Cada día comenzaba con la misma pregunta martillando en mi cabeza: ¿cómo voy a pagar el próximo mes? Intentaba no pensar mucho hacia adelante. Pensar demasiado lejos dolía. Nunca me acostumbré a la riqueza que Arthur me había proporcionado, nunca me importó eso, siempre fui humilde, mis padres no eran ricos, pero al menos conseguíamos sobrevivir, pero nunca pasé por esto, nunca había sido tan humillada como estaba siendo ahora. El empleo fijo parecía una broma de mal gusto. Siempre había algo.

"Tienes experiencia, pero estamos buscando a alguien con disponibilidad integral."

"Tu perfil es genial, pero la vacante acaba de ser congelada."

"Te llamamos."

Pero claro, nunca llamaban. Lo que aparecía eran trabajos temporales. Pocas horas aquí, dos días allí. Lavaba ropa para una señora del barrio, ayudaba en una panadería tres mañanas por semana, organizaba el almacén en una tiendita que cerró quince días después. Nada seguro. Nada constante. Fue en una de esas semanas que conseguí, finalmente, alquilar una habitación. El dueño me miró de arriba abajo cuando expliqué mi situación.

"Es pequeña," avisó. "Y no está amueblada."

"No hay problema," respondí rápido. "Me las arreglo."

La habitación tenía paredes desconchadas, un colchón demasiado fino y una ventana que apenas cerraba bien. El baño era compartido. No era confortable. Pero era mía. Cuando cerré la puerta tras de mí en la primera noche, sentí un alivio extraño. Limpié todo, intenté organizar alguna cosa u otra, era simple, pero también estaba limpio.

"Al menos nadie puede echarme de aquí," murmuré para mí misma acostándome tras una ducha.

Con el pasar de los días comencé a sentirme diferente, el cuerpo, no obstante, no acompañaba mi intento de seguir adelante. Las náuseas empeoraron. El cansancio se convirtió en algo casi físico, como si mis huesos estuvieran más pesados. En algunos días, subir una escalera me dejaba sin aire. Me decía a mí misma que era nerviosismo, estrés, miedo acumulado, creía que no era el embarazo, me estaba cuidando bien incluso con todo este caos que estaba sucediendo en mi vida.

Hasta el día en que todo se apagó por algunos segundos. Estaba en una fila de entrevista, sujetando el bolso con fuerza, cuando la visión se oscureció. Un calor subió de la nada, mis piernas se pusieron blandas.

"Señorita, ¿está bien?" alguien preguntó.

No dio tiempo de responder. Solo recuerdo sentarme rápido en el suelo, el corazón disparado, la respiración corta.

"Estoy embarazada," conseguí decir, asustada. "Creo que me he mareado."

Llamaron a una ambulancia. Yo temblaba el camino entero. En el consultorio, la médica me examinó con atención. Era una mujer que aparentaba tener treinta años, ella era gentil y muy profesional.

"Necesitas descansar," dijo. "Tu cuerpo está dando señales claras."

"No puedo parar," respondí, la voz débil. "Necesito trabajar."

Ella me miró por encima de las gafas. "¿Y si pierdes al bebé?"

La palabra perder me atravesó entera. "He sentido cólicos fuertes," confesé. "Y mareo."

"Vamos a hacer una ecografía ahora," decidió.

Me acosté en la camilla con el corazón en la garganta. Yo ya sabía que estaba embarazada. Sabía eso hacía semanas. Pero en aquel momento, el miedo era otro. Miedo de no oír nada. Miedo de silencio. La médica observó la pantalla en silencio por demasiado tiempo.

"¿Está todo bien?" pregunté, desesperada.

Ella ajustó el aparato, acercó más. "Calma."

Respiré hondo, conteniendo las lágrimas. Entonces oí. No uno. Más de uno y mi corazón se disparó.

"Espera..." mi voz salió trémula. "¿Por qué hay más de un sonido?"

Ella giró la pantalla un poco. "Porque no es apenas uno."

Sentí mis manos ponerse heladas. "¿Cómo así?"

"Estás embarazada de trillizos."

El mundo giró. "¿Trillizos?" repetí, incrédula. "No... eso no puede..."

"Puede," ella respondió con firmeza. "Y por eso tu cuerpo está reaccionando de esa forma. Es una gestación de alto riesgo."

Las palabras vinieron como una avalancha. Alto riesgo. Reposo. Acompañamiento constante. Cuidado redoblado.

"¿Casi los perdí?" pregunté, la voz quebrada.

"Tuviste una crisis," ella explicó. "Si hubieras forzado más, podría haber sido grave."

Llevé las manos al rostro y lloré. No de alegría. No solo de miedo. De todo junto.

"No tengo estabilidad," confesé. "No tengo marido. No tengo dinero. Yo... estoy sola, completamente sola."

Ella suavizó el tono. "No estás sola. Pero vas a necesitar cuidarte. Por ellos."

Miré a la pantalla una vez más. Tres pequeños puntos. Tres latidos insistentes. Tres vidas de las que ahora yo era responsable, incluso la mía. A la salida, me senté en un banco del corredor y llamé a Ana.

"Casi los pierdo," dije así que ella respondió.

"¿Qué? Lu, calma, ¿dónde estás?"

"En el médico," tragué en seco. "Y no es un bebé."

Ella quedó en silencio por un segundo. "¿Cuántos?"

"Tres. Estoy embarazada de trillizos," digo llorando.

"Dios mío..." ella quedó en silencio y después habló de nuevo. "Calma, amiga, voy a ayudarte."

"Tengo miedo," confesé. "Mucho."

"Escúchame," dijo, firme. "Te vienes a mi casa hoy. No discutas. Vamos a organizar todo."

Cerré los ojos. "Gracias."

Cuando llegué a la habitación aquella noche, me acosté despacio, protegiendo el vientre como si ya pudiera abrazarlos.

"No sé cómo, pero voy a luchar. Luchar por mí. Luchar por ellos. Incluso si el mundo entero pareciera conspirar para derribarme otra vez," dije acariciando mi barriga aún plana.

Mi vida podría estar de cabeza ahora, todo se viró de una vez, lo que era un sueño, se viró una pesadilla, pero yo no iba a desistir. Yo era madre ahora, tenía tres pequeñas vidas para cuidar y yo no iba a desistir.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play