Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Caroline Ashford 1
El almuerzo fue servido poco después del mediodía.
Caroline todavía estaba intentando acostumbrarse a la idea de que aquella era su nueva realidad.
Se sentó en uno de los extremos de la enorme mesa del comedor.
La mesa era tan larga que, por un instante, tuvo la impresión de que podrían celebrar una boda allí.
Miró los cubiertos.
Después los platos.
Después las copas.
Después el resto de la mesa.
Estaba sola.
[¿Todo esto para una persona?]
Se llevó una mano a la frente.
[Definitivamente esta gente tenía demasiado dinero.]
La comida comenzó a llegar.
Sopa.
Carne.
Verduras.
Pan recién horneado.
Postres.
Caroline observaba cada plato con creciente fascinación.
[¿Y yo que antes tenía que preocuparme por llegar a fin de mes?]
Probó un poco de la comida.
Sus ojos se abrieron.
[Oh.]
Probó otro bocado.
[¡Oh!]
Intentó mantener la compostura.
[Esto está delicioso.]
Una de las doncellas sonrió al verla comer con tanto entusiasmo.
—Parece que mi lady ha recuperado el apetito.
Caroline levantó la mirada.
—Sí.
Hizo una pausa.
—Por cierto...
Dejó los cubiertos.
—¿Dónde está mi madre?
Las doncellas intercambiaron una mirada.
—La duquesa salió esta mañana, mi lady.
—¿Por asuntos del ducado?
—Sí.
—¿Cuándo volverá?
—Probablemente esta tarde. Nos informó que regresaría a la mansión antes de la cena.
Caroline asintió.
[Entonces todavía no la he conocido.]
En los recuerdos había visto a su madre.
Una mujer que amaba a Caroline, pero que siempre estaba ocupada.
Quizá ahora tendría la oportunidad de conocerla realmente.
No quería juzgarla por lo que había visto.
La duquesa parecía haber hecho todo lo posible por cuidar de su hija.
Simplemente...
No había sabido cómo acercarse a ella.
Caroline tomó nuevamente sus cubiertos.
—¿Y qué hago normalmente durante el día?
Las doncellas se miraron.
Una de ellas sonrió.
—Mi lady suele leer.
Otra agregó..
—Y estudiar.
—También pasa bastante tiempo en la biblioteca.
Caroline sonrió.
[Perfecto.]
—¿Tengo alguna actividad hoy?
—No, mi lady.
—¿Ninguna?
—Ninguna. Hoy no tiene compromisos.
Caroline dejó escapar un pequeño suspiro de alivio.
[¡Un día libre!]
—¿Y mañana?
Una de las doncellas respondió:
—Mañana debe ir a la tienda de modas.
Caroline levantó una ceja.
—¿Para qué?
La doncella sonrió.
—Para escoger sus nuevos vestidos.
Caroline se quedó inmóvil.
Vestidos.
La palabra despertó inmediatamente un recuerdo.
Una de las escenas que había visto en aquella extraña película.
La antigua Caroline estaba en una tienda de modas.
Había varias mujeres alrededor.
Una costurera mostraba diferentes diseños.
Y Caroline...
Elegía vestidos enormes.
Demasiado grandes.
Faldas voluminosas.
Escotes discretos.
Prendas diseñadas para ocultar completamente sus curvas.
La razón era evidente.
Su busto era considerable.
Mucho más grande de lo que Caroline consideraba apropiado para los estándares de belleza de aquella época.
Y la antigua Caroline sentía vergüenza.
Intentaba esconderse.
Intentaba parecer más delgada.
Intentaba que nadie mirara demasiado.
Incluso cuando encontraba un vestido hermoso, terminaba eligiendo uno más grande y menos favorecedor.
Todo para disimular su cuerpo.
Caroline actual permaneció en silencio durante unos segundos.
Después miró hacia abajo.
Observó su figura.
Luego volvió a mirar a las doncellas.
[¿Ella realmente hacía eso?]
Le costaba comprenderlo.
No porque quisiera burlarse de la antigua Caroline.
Al contrario.
Ahora que tenía sus recuerdos, podía comprender perfectamente cuánto había sufrido.
Pero ella...
Ella era diferente.
Había pasado toda su vida siendo consciente de que la belleza no tenía una única forma.
Y, sobre todo, sabía algo que la antigua Caroline todavía no había aprendido.
No había absolutamente nada malo en su cuerpo.
Se llevó una mano al cabello morado.
[Además...]
Miró su reflejo en una de las superficies pulidas de la mesa.
[¡Soy preciosa!]
La sonrisa apareció lentamente.
No era una sonrisa arrogante.
Era una sonrisa de satisfacción.
Una sonrisa de alguien que acababa de recibir un regalo inesperado.
[Estoy viva.]
[Estoy sana.]
[Estoy en una mansión.]
[¡Soy una duquesa!]
Bueno...
Técnicamente era la hija de una duquesa.
Pero la diferencia no parecía importante.
[¡Soy rica!]
Miró nuevamente la comida.
[Extremadamente rica.]
Después recordó su biblioteca.
[¡Y tengo todos los libros que quiera!]
Sus ojos brillaron.
Pero había algo más.
Se levantó discretamente.
Miró nuevamente su cuerpo.
La antigua Caroline había pasado años intentando ocultarlo.
Ella, en cambio, sonrió.
[¿Por qué debería esconderme?]
Se acercó a una de las ventanas.
La luz del día iluminó su cabello morado.
Era realmente hermosa.
No una belleza delicada y extremadamente delgada como las mujeres que parecían ser admiradas en aquella sociedad.
Era una belleza distinta.
Voluptuosa.
Femenina.
Llamativa.
Y ahora que había llegado a aquel cuerpo...
Pensaba disfrutarlo.
[Además, después de morir una vez, me niego a volver a preocuparme por cosas tan tontas.]
Se miró una última vez.
[Quiero vestidos bonitos.]
[Quiero vestidos que me queden bien.]
[Quiero colores hermosos.]
[Quiero joyas.]
[Quiero libros.]
[Quiero comida deliciosa.]
Y después de una pequeña pausa...
[Quizá también quiero conocer hombres guapos.]
Sus mejillas se sonrojaron.
Ella carraspeó.
[¡Bueno! Una mujer tiene derecho a divertirse.]
Recordó todos aquellos romances oscuros que había leído en su vida anterior.
Suspiró.
[Definitivamente no voy a buscar un hombre peligroso y obsesivo como los protagonistas de mis libros.]
Pausa.
[Probablemente.]
Otra pausa.
[Quizá.]
Sacudió la cabeza.
[¡No! Primero voy a disfrutar de mi nueva vida.]
Volvió a sentarse.
La sonrisa no desapareció.
La antigua Caroline había vivido sintiéndose insuficiente.
Había pasado demasiado tiempo comparándose con otras mujeres.
Había intentado desaparecer dentro de vestidos demasiado grandes.
Había creído que debía esconder partes de sí misma para ser aceptada.
Pero la mujer que ahora ocupaba su cuerpo no tenía intención de continuar viviendo de esa manera.
Ella había recibido una segunda oportunidad.
Una vida completamente nueva.
Y pensaba aprovecharla.
Miró por las enormes ventanas del comedor.
El ducado.
La mansión.
La ropa.
Los libros.
La libertad.
Una madre que, aunque distante, parecía quererla.
Y una vida en la que nadie esperaba que fuera una maestra de preescolar responsable de veinte pequeños terremotos.
Caroline sonrió.
[Esto no es un castigo.]
[Esto es un regalo.]
Apoyó la mejilla sobre una mano.
Y entonces recordó algo.
Mañana tendría que ir a comprar vestidos.
Su sonrisa se volvió todavía más grande.
[Perfecto.]
[Que preparen la tienda.]
[La antigua Caroline quería esconderse.]
Ella no.
[La nueva Caroline va a encontrar el vestido más bonito de toda la tienda.]
Y quizá...
Solo quizá...
También uno un poquito más atrevido.
Después de todo...
Había sobrevivido a una tormenta, había muerto y había despertado en otro mundo.
Se había ganado el derecho de usar un vestido bonito.
Aunque provocara algunos dolores de cabeza.