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LA HEREDERA DEL SILENCIO

LA HEREDERA DEL SILENCIO

Status: En proceso
Genre:Aventura de una noche / Casarse por embarazo / Malentendidos
Popularitas:929
Nilai: 5
nombre de autor: Genesis YEPES

Valentina Rivas es la heredera de un poderoso imperio empresarial. Tras desaparecer dos meses, regresa a casa marcada por un secreto que no puede revelar. Su matrimonio por contrato con Aniel, un hombre reservado y observador, se tensa cuando comienzan a llegar amenazas silenciosas: fotografías de su hija y mensajes que demuestran que alguien cercano conoce cada debilidad de su familia.
Mientras el tiempo del contrato se agota, Valentina debe decidir entre seguir callando para proteger a los suyos o enfrentar la verdad que podría destruirla. En un mundo donde el poder se hereda y el silencio tiene un precio, algunas herencias no se eligen.

NovelToon tiene autorización de Genesis YEPES para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL HOMBRE QUE OBSERVA

Rafael

Rafael llevaba varios minutos mirando la pantalla de su computadora.

No había música.

No había televisión encendida.

Ni siquiera había encendido las luces de la habitación.

La única iluminación provenía del monitor frente a él, donde una serie de imágenes aparecían una detrás de otra.

Valentina entrando a la empresa.

Valentina saliendo de la empresa.

Valentina llegando a casa.

Anisette entrando al colegio.

Anisette saliendo.

Valentina caminando junto a su madre.

Valentina hablando por teléfono.

Valentina sentada en una cafetería.

Rafael observaba cada imagen con una tranquilidad que contrastaba demasiado con la naturaleza de lo que estaba haciendo.

Había aprendido a esperar.

A observar.

A no precipitarse.

Porque sabía que las personas cometían errores cuando creían que tenían el control.

Y Valentina estaba cometiendo muchos.

Rafael tomó una copa de agua de la mesa y bebió lentamente.

—Te estás escondiendo detrás de él

murmuró mientras observaba una fotografía de Valentina y Aniel.

Amplió la imagen.

La mirada de Valentina estaba dirigida hacia Aniel.

No parecía feliz.

Pero tampoco parecía completamente indiferente.

Aquello le molestó.

Mucho.

—¿De verdad crees que puedes olvidarte de todo?

Su mandíbula se tensó.

No.

No iba a permitirlo.

El padre de Valentina había cometido demasiados errores.

Había tomado decisiones que habían cambiado la vida de otras personas.

La suya incluida.

Y Rafael nunca había olvidado aquella sensación.

Ser apartado.

Ser aislado.

Ser tratado como si fuera alguien que debía desaparecer para que otros pudieran conservar su comodidad.

Durante años había tenido que construir nuevamente su vida.

Y durante años había alimentado la misma idea.

Él tenía que pagar.

No solamente con dinero.

No solamente con miedo.

Tenía que sentir lo que significaba perder el control de su propia vida.

Rafael se levantó y caminó hasta la ventana.

—Tú decidiste apartarme

dijo mirando su propio reflejo en el cristal.

—Tú decidiste que yo no merecía tener lo que quería.

Su expresión cambió.

—Pero yo también merecía tenerlo todo.

Se quedó unos segundos en silencio.

—Y ahora voy a recuperarlo.

No le importaba cuánto tiempo hubiera pasado.

No le importaba que algunas personas pensaran que el pasado estaba enterrado.

Para Rafael, el pasado no estaba enterrado.

Estaba esperando.

Y él había esperado demasiado.

Regresó al escritorio y abrió otra carpeta.

Esta vez apareció un archivo de video.

Rafael lo miró durante unos segundos antes de reproducirlo.

Valentina apareció en la pantalla.

Rafael sonrió.

No era una sonrisa de felicidad.

Era la sonrisa de alguien que acababa de confirmar que todavía tenía una pieza importante del tablero.

—Te tengo.

Pausó el video.

Lo había guardado durante meses.

No necesitaba utilizarlo todavía.

Una amenaza era mucho más efectiva cuando la persona sabía que podía hacerse realidad.

Y Valentina todavía no había entendido eso.

Rafael volvió a mirar las fotografías.

—Tienes que aprender.

Pasó una imagen.

Anisette.

Otra.

Valentina.

Otra.

Aniel.

—Porque esto ya no se trata solamente de ti.

Su mirada se endureció.

—Ahora tienes algo que perder.

El teléfono vibró sobre la mesa.

Rafael lo tomó.

Leyó el mensaje.

Su expresión cambió ligeramente.

Volvió a leerlo.

Una segunda vez.

Luego una tercera.

—¿Qué?

Se sentó lentamente.

El mensaje contenía información sobre Valentina.

Sobre su hospitalización.

Sobre aquella noche.

Rafael permaneció inmóvil durante unos segundos.

Después soltó una pequeña risa incrédula.

—Wow...

Negó con la cabeza.

—No pensé que fueras tan pendeja como para buscar el camino fácil.

La sonrisa desapareció lentamente.

No porque sintiera compasión.

Sino porque aquella información cambiaba las cosas.

—Así que llegaste hasta ahí...

Miró nuevamente la pantalla.

—Y yo ni siquiera tuve que empujarte tanto.

Rafael apoyó la espalda contra la silla.

Aquello le provocaba sentimientos contradictorios.

Por un lado, le parecía absurdo.

Valentina había intentado escapar de su propio dolor antes de enfrentarlo.

Por otro, había algo útil en ello.

Si ella estaba emocionalmente vulnerable, sería mucho más fácil hacerla reaccionar.

Pero había una línea que Rafael entendía perfectamente.

No quería que muriera.

No todavía.

No antes de conseguir lo que quería.

—No.

Se inclinó hacia adelante.

—No vas a desaparecer todavía.

Su voz se volvió baja.

—Todavía no terminamos.

Tomó el teléfono.

Escribió algo.

Lo borró.

Volvió a escribir.

Lo borró nuevamente.

Finalmente dejó el teléfono sobre la mesa.

No.

Todavía no.

Primero quería observar.

Quería saber cómo había reaccionado Aniel.

Quería saber si había cambiado algo entre ellos.

Y, sobre todo, quería saber cuánto había contado Valentina.

Porque si ella había hablado...

el juego podía complicarse.

Rafael abrió otra ventana en la computadora.

Había información suficiente para confirmar algo que ya sospechaba.

Aniel había aumentado la seguridad.

Cambios en los horarios.

Nuevos controles.

Más vigilancia.

Rafael sonrió.

—Así que ya estás preocupado.

No le sorprendía.

Aniel era inteligente.

Pero Rafael también sabía algo.

La seguridad tenía un problema.

Dependía de personas.

Y las personas cometían errores.

—No puedes vigilar todo.

Rafael cerró una de las ventanas.

—Nadie puede.

Se quedó pensando.

Había conseguido información demasiado específica.

Los horarios de Anisette.

Los movimientos de Valentina.

Los momentos en los que Aniel permanecía en la empresa.

Las visitas.

Las rutinas.

Incluso detalles familiares.

Eso significaba una cosa.

Alguien estaba hablando.

Alguien estaba proporcionando información.

Y Rafael tenía una idea bastante clara de dónde empezar a buscar.

No necesitaba saberlo todo.

Solo necesitaba saber quién podía ver suficiente.

Tomó nuevamente la fotografía de Valentina.

La sostuvo entre los dedos.

—Tu padre va a pagar.

Hizo una pausa.

—Y tú vas a ayudarme a conseguirlo.

No era una amenaza vacía.

Para Rafael, aquello era una promesa.

Durante demasiado tiempo había observado cómo otros construían vidas que él sentía que también le pertenecían.

Ahora quería entrar nuevamente en ese mundo.

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karencitha
no entiendo porque se queda cayada porque no le cuenta lo que le paso 😡
rey marisol
oh Dios
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