Selena era una joven de 19 años que convivía con sus padres y sus dos hermanos: Celia, una adolescente de 15 años, y Samuel, un joven de 23 años que se encontraba viviendo en el extranjero con su esposa. Su padre, Santiago, había casado a Samuel a la edad de 20 años, y ahora estaba decidido a encontrar una pareja para Selena. La persona elegida para contraer matrimonio con ella era Carlos Fernández, un joven proveniente de una familia adinerada.
Santiago no tenía dificultades económicas, ya que disponía de una buena situación financiera, pero su objetivo era asegurarse de que sus hijos formaran parte de familias acomodadas a través de sus matrimonios. Esta insistencia por parte de Santiago en unir a sus hijos con personas de buenas posiciones económicas reflejaba su deseo de mantener un estatus social elevado, lo cual se había convertido en una prioridad para él, independientemente de lo que sus hijos pudieran desear. De esta manera, estaba decidido a casar a Selena, sin considerar s
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capítulo 5
Selena llegó a casa y se dio cuenta de que, para poder entrar, tenía que esperar a que su hermana le avisara. Mientras tanto, Celia salió rápidamente y se dirigió al vigilante de seguridad.
—Oye, Luis, ¿podrías acompañarme a buscar a mi hermana? Me dijo que iría al patio de atrás, pero no la veo por ninguna parte. No quiero decirle a mamá, ya que seguramente nos regañaría.
Luis, con una expresión seria, le respondió:
—Señorita, debo estar pendiente de la entrada, así que usted vaya sola. No pasa nada.
Celia, sintiendo un poco de temor, insistió:
—Me da miedo. Ven, por favor, acompáñame. ¿O acaso tú también le tienes miedo a la oscuridad?
Luis sonrió ante el comentario y, con una actitud más amable, aceptó:
—Está bien, vamos.
Celia aprovechó ese momento y marcó a Selena en su teléfono; esa era la señal que habían acordado.
Selena entró de manera apresurada y se dirigió rápidamente al patio trasero. Allí, encontró un lugar para esconder su bolso y se sentó en una esquina, asegurándose de que su posición le permitiera ser vista cuando Celia llegara con Luis. Mientras tanto, Celia caminó con cierta precaución por un lado y luego hizo que Luis se moviera hacia el otro lado del patio, donde efectivamente podrían ver a Selena. Celia solo estaba dándole tiempo a su hermana para que pudiera entrar sin ser descubierta.
Al percatarse de la presencia de Selena, Luis comentó: Mire, señorita, creo que ella está allí. Celia asintió con la cabeza y respondió: Es cierto, antes de correr hacia su hermana. Luis, siguiendo a Celia, se apresuró a llegar al lugar donde estaba Selena y, al llegar, exclamó: ¡Señorita Selena! ¿Qué está haciendo aquí? Al mismo tiempo, Celia la llamó: ¡Hermana!
Selena abrazó a su hermana con ternura antes de volverse hacia Luis y decirle que necesitaba un momento a solas. Luis, aún lidiando con la noticia de que mañana sería la boda de Selena, una ceremonia que ella no deseaba, la observó con tristeza en el rostro. Lo siento mucho, señorita, expresó él, pero ya es muy tarde; deberían ir a sus habitaciones. Yo me encargaré de vigilar la entrada.
Selena asintió con comprensión, y dijo: Eso haremos, Luis. No quise preocupar a mi hermana. En un momento nos marcharemos.
Luis se dirigió hacia la entrada, mientras que Selena y Celia tomaron el bolso rápidamente y subieron las escaleras hacia la habitación de Selena. Una vez allí, Celia, visiblemente preocupada, le preguntó a su hermana qué había sucedido.
Selena volvió a abrazar a su hermana y, al instante, las lágrimas comenzaron a caer por su rostro. Celia, preocupada, la envolvió con sus brazos y le preguntó con ternura: Hermana, ¿por qué estás así? ¿Qué te ha pasado?.
Selena, entre sollozos, empezó a relatarle todo lo que había sucedido con Diego. Celia, sorprendida y en estado de shock, no podía creer lo que escuchaba. Después de escuchar la historia, la abrazó aún más fuerte y le dijo: Hermana, estoy contigo. Sé que soy menor que tú, pero si lo deseas, podríamos escaparnos juntas. No te cases si no lo quieres y olvida a ese idiota de Diego.
Con gratitud, Selena abrazó a su hermana, sintiendo el apoyo y el amor que le brindaba. Sin embargo, tras un instante de reflexión, le respondió con voz firme: Me casaré, hermana, para poder alejarme de todo esto.
—¿Estás segura de lo que quieres hacer, hermana? —preguntó Celia, con una expresión de preocupación en su rostro.
—Sí, sí, hermana —respondió Selena con firmeza—. Sé que debo alejarme de Diego para poder olvidarlo. Además, estoy convencida de que no me dejará en paz. Según él, está enamorado de las dos y nos ama a ambas. Es muy descarado al decir que no quiere que ninguna de nosotras lo dejemos.
—Eres una idiota por pensar que él se preocupa por ti. ¡Está loco! —dijo Celia, indignada—. Pero no te preocupes, hermana, te apoyaré en lo que decidas hacer.
—He tomado una decisión. Voy a casarme. Y tú, hermana, recuerda lo que te dije: si al llegar a la mayoría de edad no deseas casarte, búscame.
Celia le dijo a su hermana: Así lo haré, hermana. Ahora ve a darte una ducha para que puedas relajarte. Yo me quedaré aquí contigo esta noche. Selena, sintiendo una calidez en su corazón por las palabras de su hermana, le sonrió y se dirigió al baño para darse una ducha.
Mientras el agua caía sobre ella, las preocupaciones del día se desvanecían poco a poco. Después de un rato, ambas hermanas se acomodaron en la cama, dispuestas a descansar y a disfrutar de la compañía mutua. La cercanía fortalecía su vínculo y les otorgaba un sentido de seguridad.
Mientras tanto, Diego estaba con Cintia, a quien le costaba creer todo lo que él le estaba diciendo. Con una expresión de desconcierto, ella exclamó: Esto no puede ser cierto, Diego. No estás bien. Diego, sintiendo la urgencia de que ella entendiera su situación, le rogó que no se alarmara y que confiara en él.
Cintia, dudando aún, decidió quedarse a pesar de que era muy tarde y que su hogar quedaba lejos. Después de un largo y difícil momento de reflexión, finalmente se acostó, intentando calmar su mente y tratando de encontrar el sueño en medio de la confusión que sentía.
Diego permanecía en la sala, marcando el número de Selena en su teléfono. Estaba ansioso por saber si ya había llegado a su casa y deseaba escuchar su voz para poder explicarle mejor los sentimientos que lo atormentaban. Sin embargo, la llamada no fue respondida. Frustrado, dejó caer su teléfono, sintiendo cómo las lágrimas comenzaban a asomarse en sus ojos. Se encontraba en un torbellino emocional, su corazón dividía entre dos mujeres a las que amaba profundamente y no quería perder a ninguna de ellas.
Mientras sus pensamientos se agolpaban en su mente, se dijo a sí mismo que al día siguiente la buscaría en la boda que tenían programada. Quería llevar a Selena con él, no podía permitir que se sintiera sola en un momento tan difícil. Sabía que ella no deseaba casarse, y pensaba que quizás, si estaba a su lado, podría perdonarlo por lo que había pasado. Esta idea lo impulsaba, con la esperanza de que su presencia pudiera cambiar el rumbo de la situación.