BL!!
¿Castigar a tu lobo por llamar destinado al vampiro que se casará con tu hermana?
¿Negar el instinto , los celos y la decepción de un lobo?
Para Nyx que su lobo llame destinado a Lazarus es un error, solo es un chupasangre engreído que se casara con su hermana por el bien de ambos reinos , ¿porque importarle?
Lo mejor sería negarlo y solo proteger su reino de la amenaza externa que advierte que le quitarán su alma……
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El príncipe de sangre
El reino de los vampiros no conocía el amanecer.
Las enormes torres del castillo Bloodreign se alzaban entre montañas oscuras, rodeadas por una niebla permanente que jamás parecía disiparse.
Allí, la noche era eterna.
Y a Lazarus le encantaba.
Estaba sentado sobre el respaldo de un enorme sillón del salón real, ignorando por completo la expresión de desaprobación de su padre.
—Bájate de ahí.
Lazarus giró una copa entre los dedos.
—¿Por qué?
—Porque eres el príncipe.
—Precisamente por eso.
Su madre soltó un suspiro desde el otro extremo de la sala.
—Lazarus.
Él sonrió.
—Madre.
—Tu padre lleva diez minutos intentando hablar contigo.
—Lo escucho perfectamente.
—No parece.
Lazarus bebió un poco de la copa.
Su padre lo observó con esa mirada severa que había aprendido a ignorar desde pequeño.
—Los exploradores encontraron rastros cerca de nuestra frontera.
Lazarus dejó de jugar con la copa.
—¿Lobos?
—No.
Eso sí consiguió interesarlo.
—¿Humanos?
—Tampoco.
El rey Bloodreign apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Dos licántropos fueron encontrados muertos.
Lazarus ladeó la cabeza.
—Entonces sí fueron lobos.
—No entiendes.
—Ilústrame.
—Les arrancaron el lobo interno.
Por primera vez, Lazarus dejó de sonreír.
El salón quedó completamente silencioso.
Aquello no era una forma normal de matar.
Era algo mucho peor.
—¿Quién? —preguntó.
—Eso intentamos averiguar.
Lazarus bajó del sillón.
—¿Y qué tiene que ver eso con nosotros?
—La frontera entre ambos reinos está demasiado cerca del lugar donde ocurrieron los ataques.
—Entonces los lobos probablemente pensarán que fuimos nosotros.
—Exactamente.
Lazarus sonrió nuevamente.
—Qué conveniente.
Su padre entrecerró los ojos.
—No es gracioso.
—No dije que lo fuera.
Pero sí lo era.
Al menos para él.
Porque una pequeña parte de Lazarus siempre había sentido curiosidad por los lobos.
Eran impulsivos.
Ruidosos.
Territoriales.
Y, según los rumores, tenían una habilidad particularmente interesante.
El vínculo destinado.
Un licántropo podía reconocer a la persona destinada a él mediante una mordida.
Lazarus siempre había considerado aquella tradición un poco ridícula.
Los vampiros no necesitaban destinos.
Elegían.
Y una vez que elegían, permanecían fieles.
—Quiero ir a la frontera —dijo.
Su padre levantó la mirada.
—No.
Lazarus sonrió.
—Qué rápido.
—No irás.
—Entonces enviarás soldados.
—Sí.
—Y ellos negociarán.
—Sí.
—Y probablemente conseguirán empeorar la situación.
El rey no respondió.
Lazarus se acercó a la mesa.
—Déjame ir.
—Eres mi hijo.
—Tu único hijo.
La frase hizo que su padre endureciera la expresión.
Todos los vampiros conocían la importancia de un único heredero.
Lazarus era el único descendiente de la Gran Realeza Bloodreign.
El futuro rey.
El único hijo que sus padres tendrían.
Y, precisamente por eso, estaba acostumbrado a conseguir lo que quería.
—No irás —repitió el rey.
Lazarus suspiró.
—Está bien.
Su padre pareció relajarse.
Demasiado pronto.
—Pero mandaré un mensaje a los lobos.
—Lazarus…
—Solo un mensaje.
—¿Qué mensaje?
La sonrisa del príncipe se volvió peligrosa.
—Que quiero hablar con su heredero.
Horas después, Lazarus estaba frente a un espejo.
Vestía completamente de negro.
Un abrigo largo, adornado con pequeños detalles plateados, cubría su cuerpo. Sobre sus dedos llevaba varios anillos de la familia real.
Se acomodó el cabello.
—¿Príncipe?
Lazarus miró hacia la puerta.
Uno de los guardias permanecía allí.
—Habla.
—El mensaje fue enviado.
—¿Respuesta?
—Todavía no.
Lazarus sonrió.
—Entonces tendremos que esperar.
El guardia dudó.
—¿Puedo preguntar algo?
—No.
—Pero…
—Puedes hacerlo.
—¿Por qué quiere conocer al heredero lobo?
Lazarus se acercó lentamente a la ventana.
Desde allí podía ver la frontera.
El bosque se extendía bajo la oscuridad.
—Curiosidad.
—¿Solo eso?
Lazarus apoyó una mano contra el cristal.
Durante un instante, sintió algo extraño.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Se quedó quieto.
Había sentido algo.
Un tirón.
Una presencia.
Lejana.
Extrañamente familiar.
Lazarus cerró los ojos.
Y entonces percibió un olor.
Bosque.
Nieve.
Y algo más.
Lobo.
Abrió los ojos.
Una sonrisa lenta apareció en sus labios.
—Interesante.
—¿Príncipe?
Lazarus se giró.
—Puedes retirarte.
Cuando quedó solo, volvió a mirar hacia la frontera.
No sabía quién era.
No sabía por qué podía sentirlo.
Y definitivamente no sabía por qué su cuerpo había reaccionado de aquella manera.
Pero una cosa sí sabía.
Quería conocerlo.
En el reino de los lobos, Nyx se despertó sobresaltado.
Su corazón latía con fuerza.
Su lobo estaba inquieto.
Está cerca.
Nyx se sentó en la cama.
—¿Quién?
Silencio.
Entonces volvió a sentir aquel aroma.
Frío.
Oscuro.
A sangre.
Y por primera vez, una palabra apareció claramente dentro de su cabeza.
Lazarus.
Nyx no sabía cómo su lobo conocía aquel nombre.
Pero al otro lado de la frontera, un príncipe vampiro acababa de pronunciar exactamente el mismo.
—Nyx Hestrongord…
Lazarus sonrió.
—Creo que vamos a divertirnos mucho.