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OLVIDÓ DE AMOR

OLVIDÓ DE AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Ottavia Silvestri lleva diez años de matrimonio con Nereo Lombardi. A pesar de que su relación ha atravesado momentos difíciles, Ottavia siempre ha creído que cada discusión, cada crisis y cada reconciliación fueron necesarias para construir el matrimonio que tiene hoy.

Madre de tres hijos adultos —Marco, Dario y Elena—, cada uno con su propia empresa y una vida establecida, Ottavia siente que lo tiene todo: una familia de la que está orgullosa, un esposo al que ama y una vida que no cambiaría por nada.
Hasta que una noche, durante el quinto aniversario de la empresa de su hijo menor, Dario, descubre la verdad que destroza todo lo que creía conocer.

Nereo la engaña. Y no con cualquier mujer.

Su amante es Beatrice Sorrentino, la mejor amiga de su hija Elena… una mujer mucho más joven que Ottavia.

Con el corazón hecho pedazos y una humillación que no piensa olvidar, Ottavia decide no enfrentarse a su esposo. En lugar de eso, prepara su venganza en silencio.

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Capitulo 19

El sol entraba claro por las ventanas de la cocina mientras Ottavia terminaba de preparar el almuerzo, moviéndose con una ligereza que hacía tiempo no tenía. Se miró un instante en el reflejo del ventanal y apenas se reconoció: vestía un vestido de color azul que le sentaba a la perfección, se había peinado con cuidado y había puesto ese brillo en los labios que Nereo nunca le había pedido pero que ella misma se había regalado. No era solo la ropa. Era la forma en que se sostenía, en que respiraba, en que miraba el mundo sin encogerse. Se sentía dueña de sí misma, y esa confianza le brillaba en la piel.

—¡Mamá, qué bien huelen todo! —exclamó Elena entrando a la cocina, seguida de Marco y Dario—. Y estás radiante. ¿Pasa algo bueno?

Ottavia se giró y les regaló una sonrisa que le llegó a los ojos, natural y completa, sin esfuerzo. —No pasa nada especial, hija. Solo… me siento bien. Es bueno estar en casa con ustedes.

—Te ves diferente —dijo Marco, estudiándola con la mirada atenta—. Más joven, más segura. No sé cómo explicarlo, pero hay algo en ti que cambió.

—Será que por fin descansé lo suficiente —respondió ella con calma, sirviendo la mesa—. O que me di cuenta de que merezco sentirme bien conmigo misma. Nada del otro mundo.

Dario asintió con una sonrisa satisfecha. —Pues sea lo que sea, quédate así. Te sienta genial verte tan feliz. Hace tiempo no te veíamos así.

Ottavia apretó levemente los labios, con una mezcla de ternura y dolor al escuchar eso. Ellos no sabían cuánto tiempo había pasado ocultando su tristeza, sonriendo por compromiso mientras por dentro se sentía vacía. —Gracias, hijos. Yo también me alegra estar así.

En ese momento entró Nereo, colgando su chaqueta en el perchero como siempre hacía, y al verla se detuvo un instante, frunciendo levemente el ceño antes de encogerse de hombros.

—Te ves muy bien, Ottavia —dijo mientras se sentaba a la mesa—. Como si te hubieras quitado un peso de encima. Me alegra ver que por fin todo marcha bien. Supongo que es porque ya no hay problemas, ¿verdad? La familia está bien, los negocios van… todo en orden.

Ella lo miró con serenidad, sabiendo que él no tenía ni la más remota idea de por qué brillaba ahora. No era porque todo estuviera en orden. Era porque ella misma se había puesto en orden. Había recuperado su voz, su valor, su deseo de ser feliz. Y nada de eso se lo debía a él.

—Todo marcha bien, sí —respondió ella sentándose también, con la espalda recta y la mirada clara—. Pero no porque todo esté perfecto. Sino porque yo decidí que mi bienestar no depende de que las cosas salgan como quiero, sino de cómo yo decido vivirlas.

Nereo soltó una risa suave, como si le pareciera una frase bonita sin darle mayor importancia. —Así me gusta escucharte. Positiva. Como debe ser. Me alegra que hayas superado esos momentos raros que tuviste hace un tiempo. Ahora todo vuelve a ser como antes.

—No —dijo Ottavia con voz suave pero firme, sosteniendo su mirada—. Todo no vuelve a ser como antes. Porque yo ya no soy la misma. Y eso no va a cambiar.

Hubo un silencio breve a la mesa. Sus hijos la miraron con curiosidad, pero con esa admiración que se siente cuando alguien a quien amas se pone de pie y se muestra entera. Nereo parpadeó, confundido por la respuesta, y luego asintió sin comprender del todo.

—Claro, claro —murmuró—. Qué bien. Así se habla.

Elena le tomó la mano por debajo de la mesa y le apretó con cariño. —Tienes razón, mamá. No hay que volver a ser la de antes. Hay que ser mejor. Y lo estás logrando.

Ottavia le devolvió el apretón con gratitud. No necesitaban saber los detalles. Solo bastaba con que lo notaran, con que vieran que su madre estaba viva de nuevo. Y Nereo… él podía creer lo que quisiera. Podía atribuirlo a que todo marchaba bien, a que había superado una crisis, a lo que fuera. La verdad era otra: ella ya no era la mujer que él creyó conocer. La esposa callada, la que esperaba, la que perdonaba sin preguntar… esa mujer se había quedado atrás, junto con las mentiras y los años perdidos.

—Bueno —dijo ella levantando su copa con una sonrisa que le iluminó el rostro—. Por nosotros. Porque aprendamos a querernos tal como somos.

—¡Salud! —dijeron todos al unísono.

Y mientras chocaban las copas, Ottavia sintió algo que le llenó el pecho de orgullo silencioso: nadie sabía aún cómo había llegado hasta aquí, ni quién la había ayudado a despertar, pero todos veían el resultado. Y eso era lo que importaba. No las explicaciones. Sino la mujer en la que se había convertido. Libre, entera, y por fin… dueña de sí misma.

—Pareces otra persona —le dijo Nereo al quedarse solos, con tono de aprobación pero sin entender la raíz del cambio—. Más alegre, más segura. Me gusta verte así. Por fin todo vuelve a su lugar.

Ottavia lo miró de frente, con una calma que lo desarmó por completo. —No vuelve a su lugar, Nereo. Porque yo cambié de lugar. Ya no estoy esperando a que tú me des valor. Yo ya me lo di. Y eso no tiene nada que ver con que todo esté perfecto. Tiene que ver con que por fin me acepté tal como soy.

—¿Y qué me alegra eso? —preguntó él, sin comprender del todo pero sin atreverse a discutirlo.

Ella sonrió con dulzura y con firmeza a la vez: —Te alegra porque ves el resultado. Pero no sabes el camino que recorrí para llegar hasta aquí. Y está bien. No necesitas saberlo. Solo necesitas aceptar que esta soy yo ahora. Y no pienso volver a ser menos.

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Mirna Vargas olortegui
Ya cansa con lo mismo que se dicen y hacen.
Monica Raquel Martin
es muy gracioso ella le reclama la traición pero ella no se queda atrás,
Leonela Soledad Trejo
como que recién se conocen y avanzaron como 20 pasos
Rossy Bta
Hola , estoy confusa como que 10 años de matrimonio y tiene hijos adultos algo no cuadra
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