Morir en una balacera de la mafia y despertar como la villana tonta de una novela de época no estaba en mis planes. Ahora soy Elara de Valois, y todos esperan que llore, que ruegue por el amor del Príncipe Heredero o que muera a manos de mi prometido, el temible Archiduque Killian.
Los rumores dicen que es un asesino despiadado, pero cuando cruzo miradas con él, solo veo a alguien de mi especie. Él cree que soy una damisela de cristal a la que puede romper fácilmente. Qué gran error. No sabe que bajo este vestido de seda se esconde la mente de una criminal profesional.
Dos lobos en un mismo territorio no pueden convivir en paz... a menos que decidan incendiar el imperio juntos.
NovelToon tiene autorización de La Griss para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 2: El tipo
Penas han pasado unas horas desde que desperté en este cuerpo, y el servicio de la mansión ya es un nido de murmullos.
Mi doncella con las manos temblorosas me informa que el Archiduque Killian acaba de cruzar las puertas del palacio.
Al parecer la noticia de mi "envenenamiento" llegó a sus oídos.
La antigua Elara se habría escondido bajo las cobijas llorando de terror y suplicando no verlo… Yo en cambio, dejo salir una sonrisa de medio lado y me miro al espejo, aliso las faldas de un vestido oscuro, de un azul tan profundo que parece negro y me recojo el cabello oscuro en una elegante pero firme coleta.
No necesito encajes ni colores pasteles para infundir respeto, así que con elegancia bajo las escaleras con paso firme, disfrutando del silencio sepulcral que se ha instalado en la casa.
Al entrar a la sala de estar principal, noto de inmediato cómo la atmósfera se ha vuelto helada, casi asfixiante.
Los guardias de mi familia ni siquiera se atreven a respirar fuerte y sentado en el sofá principal está el hombre que tiene aterrorizado a todo el imperio.
El Archiduque Killian Romanov es imponente, su figura irradia una autoridad implacable; viste un uniforme militar negro con detalles dorados y una capa que descansa sobre sus hombros anchos.
Su cabello es tan negro como la noche y una ligera cicatriz cruza su ceja izquierda, dándole un aire letal, pero lo más perturbador son sus ojos: un par de rubíes encendidos, fríos y calculadores, que parecen escanear la habitación buscando la forma más eficiente de decapitar a cualquiera que se le acerque… No dice una sola palabra… Solo emana un aura asesina pura.
Cualquier noble promedio ya habría caído de rodillas rogando por su vida y a mí, sin embargo, la adrenalina me enciende la sangre.
El pulso se me acelera, pero no por miedo, sino por pura emoción, este tipo pertenece a mi mundo… Huele a peligro, a pólvora, a sangre y a poder.
Es el tipo de hombre con el que solía negociar... O al que solía cazar en mi vida pasada como jefa de la mafia.
Camino con total tranquilidad arrastrando mi vestido con elegancia y me siento en el sofá individual justo frente a él.
Cruzo las piernas con elegancia y me reclino en el respaldo mientras le sostengo la mirada fija, sin pestañear.
Noto un levísimo destello de sorpresa en sus ojos rojos, sé que está acostumbrado a que la gente mire al suelo en su presencia… Que una "chiquilla caprichosa" lo mire directamente a los ojos con absoluta calma no estaba en sus planes.
Pasaron un par de minutos de un silencio tenso, un duelo de miradas en el que ninguno de los dos cedió un milímetro hasta que finalmente, él rompe el hielo.
—Escuché que intentaste suicidarte por el Príncipe.
Su voz es grave, profunda y rasposa como el rugido sordo de un depredador… Va directo a la yugular, sin cortesías palaciegas.
— Un truco patético, Elara.
—Los rumores en esta ciudad son tan exagerados como aburridos, Archiduque.
Respondo apoyando los codos en el reposabrazos y entrelazando mis dedos.
Mi tono es abrumadoramente relajado.
—Solo fue un error de cálculo con una sustancia... Como ve, estoy perfectamente y no tengo intenciones de morir todavía; la vida se ha vuelto demasiado interesante.
Killian se inclina hacia adelante apoyando las manos sobre sus rodillas.
Al reducir la distancia entre ambos, su aura de presión militar se intensifica buscando doblegar mi voluntad.
—Si tu plan con este teatrito del veneno era llamar la atención del Príncipe Heredero para que yo rompa nuestro compromiso, estás perdiendo el tiempo.
Sentencia con una frialdad cortante.
—Este matrimonio es una orden directa del Emperador para mantener a tu familia bajo control… No me importa a quién le ruegues amor en privado, pero no toleraré que ensucies mi nombre.
Suelto una risa suave y genuina, que lo descoloca un poco más.
—¿Rogarle amor al príncipe? Por favor, mis gustos han mejorado drásticamente desde ayer, Milord… El príncipe es... Demasiado blando para mí.
Le lanzo una mirada cargada de picardía y confianza.
Killian entrecierra los ojos analizando mis palabras como si buscara una trampa política.
—No juegues conmigo mi lady, te lo advertiré solo una vez.
Dice levantándose lentamente dominando el espacio con su imponente altura.
—Mi palacio en el norte no es un jardín de rosas, es un lugar sangriento rodeado de monstruos y enemigos políticos. Las mujeres débiles y consentidas no duran ni una semana a mi lado, si te casas conmigo y cruzas mis puertas, podrías terminar muerta antes de la luna de miel, creo que ya lo sabes, mis anteriores prometidas no sobrevivieron a la presión ¿De verdad quieres arriesgarte?
Cualquier damisela de la alta sociedad se habría echado a llorar, pero yo solo me limito a apoyar la barbilla en la palma de mi mano, sosteniéndole la mirada hacia arriba.
Mi sonrisa se vuelve amplia, salvaje y desafiante.
—¿Muerta? Qué propuesta tan encantadora.
Le digo con los ojos brillando de diversión.
— Déjeme aclararle algo Archiduque Romanov... A mí el aburrimiento me mata, pero el peligro... El peligro me fascina… Me resulta adictivo.
Me levanto también quedando a un par de pasos de él, aunque soy más baja, mi postura es tan firme como la de un general.
—Le aseguro que no soy una mujer débil, si su palacio es un nido de lobos yo sé cómo domar fieras. Y si usted mismo intenta matarme... Bueno, tendrá que esforzarse al máximo porque yo también sé perfectamente cómo defenderme y devolver el golpe... Nos vemos en el baile mi querido prometido.
Killian se queda completamente inmóvil y el silencio vuelve a reinar, pero esta vez la tensión es diferente.
Es una tensión electrizante, la frialdad de sus ojos rojos se transforma por primera vez en toda la historia de la novela, en una curiosidad genuina y peligrosa. Ha descubierto que la oveja que esperaba despanzurrar es, en realidad un lobo con piel de cordero.
—Ya veremos si mantienes esa arrogancia cuando estés en mi territorio, Elara de Valois.
Dice finalmente, con un tono que roza la anticipación.
Gira sobre sus talones, su capa ondeando en el aire y sale de la sala con paso firme.
Me quedo sola en el salón, respirando hondo y mi sonrisa no desaparece.
Definitivamente reencarnar en este mundo va a ser el mejor maldito juego de mi vida jajaja.
necesito fotos de ese guardián 🤭