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El Colmillo Carmesí: Historias Del Mar

El Colmillo Carmesí: Historias Del Mar

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Fantasía épica / Venganza
Popularitas:74
Nilai: 5
nombre de autor: Fernando Perez

Un chico marcado por 10.000 voces zarpa en un mar maldito para escribir el final de todas las historias.

Nicolás solo quería ser libre. Pero cuando las historias de los muertos lo eligieron, tuvo que pelear contra piratas, monstruos hechos de arrepentimiento y su propio destino.

Ahora con "El Colmillo Carmesí" en la mano debe decidir: ¿salvar el mundo de historias o dejar que todo se queme?

Fantasía épica, aventura y piratas. Para lectores que aman un buen viaje en el mar.

NovelToon tiene autorización de Fernando Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El Bardo Ciego

El viento traía música.

Nicolás estaba en cubierta escribiendo cuando lo escuchó. Una lira. Lejana. Triste.

"Marco", dijo sin levantar la vista. "¿Oyes eso?"

"Capitán, no hay nada en 3 millas", dijo Marco desde el timón. "Solo mar."

Nico cerró el libro. El Colmillo Carmesí latía.

"5/10", susurró. "Faltan 5."

La música se hizo más fuerte.

"Ahí", dijo Nico señalando. Entre la niebla había un bote pequeño. Y en el bote... un hombre viejo con una lira.

Ciego. Ojos blancos. Pero sonreía.

"¡Barco a la vista!" gritó el viejo. "¡Suban a un bardo ciego o los dejo componiendo solo!"

Marco lo subió. El viejo olía a sal, a ron y a papel viejo.

"Me llamo Silas", dijo dejando la lira. "Fui el bardo del rey. Hasta que Rojosangre me sacó los ojos."

Nico se quedó helado. "¿Él?"

"Él", dijo Silas. "Dijo que si no podía ver libros, no podía escribir historias. Que las historias son peligrosas."

Nico sacó el Colmillo Carmesí. "Yo escribo historias. Para liberarlas."

Silas se rió. "Lo sé. Te escuché. Tienes 10.000 voces en la cabeza, ¿no? Pobre chico."

"¿Puedes oír las voces?" preguntó Nico.

"No", dijo Silas. "Pero puedo oír el dolor. Y el tuyo grita."

Silas estiró la mano. "Déjame tocar tu libro."

Nico dudó. Y se lo dio.

Silas pasó los dedos por la portada. Sintió el relieve. "El Colmillo Carmesí... El último. Pensé que estaba perdido."

"¿Lo conocías?"

"Fui amigo del anterior Portador", dijo Silas. Su voz se quebró. "Se volvió loco. Las voces lo consumieron. No escribió lo suficientemente rápido."

Nico apretó la mandíbula. "Yo sí voy a escribir. 5 más."

"Entonces déjame ayudarte", dijo Silas. "Antes de morir quiero escribir una última historia. La mía."

Nico abrió el libro. Página en blanco.

"Capítulo 5: El Bardo Ciego", escribió.

Silas empezó a cantar. Sin lira. Solo su voz.

Cantó de cómo era niño en el palacio. De cómo aprendió a leer con los dedos porque no tenía papel. De cómo conoció a la reina y le escribió 100 poemas. De cómo Rojosangre llegó una noche y le quemó los ojos con un hierro.

Mientras cantaba, Nico escribía. Rápido.

"Silas no lloró cuando se quedó ciego", escribió. "Dijo: 'Ahora veo mejor. Veo con la memoria'."

Cuando terminó, Silas dejó de cantar.

El Colmillo brilló.

6/10.

"Gracias, Portador", susurró Silas. Y sonrió. "Ahora puedo descansar."

Pero no murió. Se quedó ahí. Tocando aire como si tocara su lira.

"¿Por qué sigues aquí?" preguntó Nico.

"Porque aún queda una canción", dijo Silas. "La canción para matar a Rojosangre."

De repente el mar se agitó. La niebla se abrió.

El barco negro de Rojosangre.

"Te olí, bardo", rugió la voz del pirata. "Hueles a tinta y a traición."

Rojosangre saltó a la cubierta. Solo. Con su espada negra.

"Dos bardos", escupió. "El doble de basura que quemar."

Silas se puso de pie. Ciego, pero de pie. "No me toques, asesino."

"¿O qué, viejo? ¿Me vas a cantar hasta dormirme?"

Silas sonrió. "Algo mejor."

Miró a Nico. "Escribe, chico. Ahora."

Nico abrió el libro.

"7/10", susurró.

Rojosangre atacó a Silas.

"¡Llamado de Recuerdos!" gritó Nico.

La cubierta se llenó de fantasmas. Elena. La mamá de Lucas. Tomas. Ana.

Rojosangre frenó en seco. "¡No! ¡Fuera de aquí!"

"¡No podemos!" dijo Ana. "Somos recuerdos. Y tú no puedes quemarnos."

Rojosangre rugió y lanzó fuego negro. Los fantasmas aguantaron. Pero dolía.

Nico sangraba por la nariz. Escribir y pelear a la vez era demasiado.

"Silas", gritó. "¿Cuál es la canción?"

Silas levantó la cara al cielo. "La canción es esta: Que nadie olvida. Que nadie muere mientras alguien lo recuerde."

Y empezó a cantar.

Una canción fea. Sin rima. Sin música. Solo nombres.

"Ana. Elena. Lucas. Tomas. Todos los que mataste, Rojosangre. Los recuerdo. Y mientras yo viva, ellos viven."

Rojosangre gritó de rabia. Se tapó los oídos. "¡Cállate!"

Pero no podía. La canción entraba en su cabeza.

Nico aprovechó. "7/10", gritó y escribió.

Escribió la historia de Silas. De cómo perdió los ojos pero no la voz. De cómo murió cantando.

Cuando terminó la última palabra, el Colmillo explotó.

Luz roja.

Silas cayó de rodillas. "Lo hice... lo hice, Portador."

Y murió. Sonriendo.

Rojosangre retrocedió. "Esto no termina aquí." Saltó a su barco y huyó entre la niebla.

Silencio.

Nico estaba en el suelo. Agotado.

7/10.

Marco abrazó el cuerpo de Silas. "Era buena gente, ¿no?"

"El mejor", dijo Nico. Le temblaba todo. "Escribe con el corazón. No con miedo."

Guardó el libro. En la portada decía:

"7/10 Historias escritas. 3 para el tercer poder."

Nico miró el mar. "Tengo que ser más rápido. Antes de que él mate a más gente."

"¿Y ahora qué, Capitán?"

"Ahora", dijo Nico poniéndose de pie. Le dolía la cicatriz pero ya no le importaba. "Ahora vamos a la siguiente isla. Tengo 3 historias que escribir."

Y 1 pirata al que silenciar para siempre.

El viento se llevó la última nota de la canción de Silas.

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