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Mi Mundo Termina Contigo (Vindicta Dinasty 3)

Mi Mundo Termina Contigo (Vindicta Dinasty 3)

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor eterno / Mafia
Popularitas:77
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Romero

Años después, Chiara y Markus han construido algo más que un imperio: tienen una hija que se convierte en lo único que realmente los une.

Pero los enemigos del pasado no han desaparecido.

Las guerras que comenzaron años atrás vuelven con más fuerza, y esta vez el precio es mucho más alto. Traiciones, venganzas y viejos secretos provocan una caída devastadora.

Muchos aliados mueren, las familias se destruyen y el imperio que tanto costó mantener empieza a desmoronarse.

Chiara tendrá que enfrentarse a la decisión más difícil de su vida: seguir luchando por el poder o salvar a lo único que queda de su mundo: su familia.

NovelToon tiene autorización de Paula Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitolo 6

Después de la llamada con su padre, Valeria pasó los siguientes días intentando convencerse de que no necesitaba más seguridad.

Pero, en el fondo, sabía que Markus tenía razón.

Había algo diferente en el ambiente.

No podía explicarlo. No era solamente el acoso de las llamadas ni aquella sensación constante de estar siendo observada. Era algo más profundo. Una especie de advertencia que su instinto se negaba a ignorar.

Había comenzado a revisar dos veces las puertas de su oficina antes de marcharse. Cambiaba ocasionalmente sus rutas y prestaba atención a los mismos rostros que aparecían repetidamente a su alrededor.

Aun así, se negaba a admitir que tenía miedo.

Hasta aquella noche.

El reloj marcaba las 9:00 p. m.

Una tormenta eléctrica se acercaba a Lombardía.

Los relámpagos iluminaban el cielo mientras la lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de la oficina. Los truenos hacían vibrar ligeramente los cristales.

Valeria miró por la ventana.

La carretera que conducía hasta su mansión seguramente estaría en pésimas condiciones.

Sacó el teléfono y llamó a Charlotte.

—Dime, Val.

—¿Puedo quedarme esta noche en tu apartamento?

Charlotte soltó una pequeña risa.

—¿Qué?

—No creo que sea viable ir hasta mi mansión con estas condiciones. La carretera estará imposible.

—Wow... o sea que tendremos una pijamada.

Valeria sonrió ligeramente.

—Algo así. Pero necesito trabajar.

—Entonces no es una pijamada.

—Charlotte...

—Está bien, está bien. Como tú digas, jefa.

Poco después, ambas llegaron al edificio donde vivía Charlotte.

Era una construcción moderna, elegante y extremadamente discreta. Nada en el exterior llamaba demasiado la atención.

Subieron hasta el cuarto piso.

Charlotte acercó la mano al panel digital junto a la puerta e introdujo el código.

Un pitido.

La cerradura se abrió.

El apartamento era sencillo, pero contaba con todas las comodidades necesarias. Una sala amplia, una pequeña biblioteca, una cocina moderna y enormes ventanales desde donde podían contemplarse las luces de la ciudad bajo la tormenta.

Valeria dejó su bolso sobre el sofá.

—No sé cómo consigues vivir aquí.

—¿Qué tiene de malo?

—Demasiado silencioso.

Charlotte arqueó una ceja.

—Tú eres la que vive en una mansión.

—Precisamente.

Ambas rieron.

Durante unos minutos intentaron concentrarse en el trabajo.

Documentos.

Informes.

Contratos.

Cifras.

La tormenta se intensificaba cada vez más.

Un relámpago iluminó completamente el apartamento.

Valeria levantó la mirada.

—¿Tienes el informe de las exportaciones de la semana pasada?

—Creo que sí.

Charlotte se levantó.

—Déjame buscarlo.

Caminó hacia la pequeña biblioteca situada al fondo del apartamento.

Valeria continuó revisando los documentos.

Entonces escuchó algo.

Un sonido apenas perceptible.

Se detuvo.

Miró hacia la puerta.

Nada.

Volvió a sus documentos.

Otro trueno hizo temblar las ventanas.

Charlotte seguía buscando.

—¿Lo encuentras?

No obtuvo respuesta.

—¿Charlotte?

Silencio.

Valeria se levantó.

Charlotte abrió uno de los cajones inferiores de la biblioteca.

—Tiene que estar aquí...

Entonces escuchó un ruido detrás de ella.

Se giró.

Nada.

Frunció el ceño.

Dio un paso hacia el pasillo.

Una sombra cruzó rápidamente frente a ella.

Charlotte se quedó paralizada.

Su respiración se detuvo durante un segundo.

—¿Valeria?

No hubo respuesta.

Entonces un hombre apareció frente a ella.

Vestía completamente de negro.

Charlotte retrocedió.

—¿Quién eres?

El hombre no respondió.

Otro apareció detrás de ella.

Charlotte comprendió inmediatamente lo que estaba ocurriendo.

No habían venido por ella.

Habían venido por Valeria.

—Mierda...

El primero avanzó.

Charlotte reaccionó antes de que pudiera acercarse. Lo golpeó y salió corriendo hacia la sala.

—¡VALERIA!

Valeria levantó la cabeza.

—¿Qué pasa?

—¡Corre!

Un estruendo sacudió el edificio.

Valeria se quedó inmóvil al ver a los hombres.

—¿Quiénes son?

—¡No preguntes! ¡Corre!

Charlotte tomó su brazo y la arrastró hacia el interior del apartamento.

En el exterior del edificio, los hombres de seguridad enviados discretamente por Markus vigilaban los alrededores.

Uno de ellos levantó la mano para comunicarse por radio.

—Tenemos movimiento en el cuarto piso.

Un ruido detrás de él.

Se giró.

Demasiado tarde.

—¡Tenemos que escondernos!

Charlotte cerró rápidamente la puerta del dormitorio.

Valeria respiraba agitadamente.

—¿Qué está pasando?

—Nos encontraron.

—¿Quiénes?

—No lo sé.

—¡Charlotte!

—¡Valeria, no hay tiempo!

Se escuchó un golpe en la puerta principal.

Ambas se quedaron en silencio.

BAM.

Valeria dio un paso atrás.

Otro golpe.

BAM.

La puerta comenzó a estremecerse.

—¿Y la seguridad? —Susurró Valeria.

Charlotte la miró.

—Tu padre envió hombres.

—Entonces, ¿dónde están?

Charlotte no respondió.

Porque acababa de comprender algo.

Si los hombres que protegían el edificio habían dejado de responder...

Significaba que aquellos que estaban intentando entrar no eran simples delincuentes.

Eran profesionales.

Charlotte llevó a Valeria hacia un pequeño espacio oculto detrás de un armario.

—Aquí.

—No pienso esconderme mientras tú te quedas fuera.

—No te estoy preguntando.

—Charlotte...

—Valeria, escúchame.

La tomó de los hombros.

—Si vienen por ti, tienes que mantenerte viva.

Valeria la miró fijamente.

—¿Y tú?

Charlotte sonrió débilmente.

—Yo siempre encuentro una salida.

Un ruido metálico llegó desde la sala.

La puerta estaba a punto de ceder.

Charlotte cerró el armario.

Valeria quedó oculta en la oscuridad.

—Pase lo que pase, no salgas.

—Charlotte...

—Confía en mí.

La puerta del dormitorio comenzó a abrirse.

Charlotte retrocedió.

Los pasos se acercaban.

La puerta terminó de abrirse.

Un hombre apareció.

Charlotte tomó un objeto pesado que había sobre la mesa.

—¿Dónde está?

Ella no respondió.

—Sabemos que está aquí.

Charlotte apretó la mandíbula.

—Pues, al parecer, lamento decirles que han llegado al lugar equivocado.

El hombre avanzó.

Pero entonces ocurrió algo inesperado.

Una pequeña luz roja apareció en el panel de seguridad de la pared.

Charlotte la vio.

Durante una fracción de segundo, sus ojos cambiaron.

Recordó algo que escucho en una conversación que valeria habia tenido con sus padres en una situación extrema en una pequeña parte de donde viviera habría una medida para llamar ayuda, un código que jamás debía utilizarse salvo que la familia estuviera en verdadero peligro.

Corrió hacia el panel.

El hombre intentó detenerla.

Charlotte introdujo rápidamente una secuencia de números.

La pantalla se encendió, ella solo con su huella dactilar encendio la alerta y contando cinco minutos arrojo agua a esta para dañarla y mientras ella trataba de evitarlos En algún lugar de Lombardía, un celular comenzó a sonar.

Markus levantó la cabeza.

Volker dejó de hablar.

Ricci miró inmediatamente hacia su jefe.

Markus tomó el dispositivo.

Vio el código.

Su rostro cambió.

—No...

Volker se acercó.

—¿Qué ocurre?

Markus levantó la mirada.

—Si nos vamos en el jet hacia Londres, ¿cuánto nos demoramos?

Ricci se puso de pie.

—Dos horas si volamos ya.

Volker miró con duda a Markus.

—Le pasó algo a Valeria.

Markus no respondió.

Solo tomó su arma y su abrigo.

—Vamos.

—¿A dónde? —preguntó Volker.

Markus lo miró.

—Por mi hija.

En el apartamento, Charlotte escuchó cómo los hombres avanzaban por el pasillo.

El sistema había enviado la alerta.

Pero nadie sabía cuánto tardaría la ayuda.

Charlotte retrocedió.

Entonces uno de los atacantes abrió completamente la puerta.

Valeria, escondida detrás del armario, contenía la respiración.

Podía escuchar sus pasos.

Cada vez más cerca.

El hombre miró alrededor.

—Tiene que estar aquí.

Otro apareció detrás de él.

—Revisen todas las habitaciones.

Valeria cerró los ojos.

Su mano encontró el pequeño cuchillo que había tomado de la cocina.

Lo sostuvo con fuerza.

Los pasos se acercaron.

Charlotte estaba sola frente a ellos.

Y afuera, bajo la lluvia torrencial de Lombardía, tres vehículos avanzaban a toda velocidad.

Dentro del apartamento, uno de los hombres llegó hasta la puerta donde Valeria permanecía escondida.

Extendió la mano.

La manija comenzó a bajar.

Valeria contuvo el aliento.

...CONTINUARÁ......

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