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EL REY DEMONIO ES MI MATE DESTINADO

EL REY DEMONIO ES MI MATE DESTINADO

Status: Terminada
Genre:Pareja destinada / Demonios / Brujas / Hombre lobo / Completas
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Rosaly es una loba Alfa de pura sangre, primogénita de la manada Tierra de Fuego. Sin embargo, para huir de las guerras y de la presión por encontrar a su pareja ideal, se exilia en la ciudad y abre el Spa Serenidad Azul junto a su mejor amiga Thais. Su pacífica vida de oficina cambia por completo cuando dos hombres imponentes vestidos de traje entran exigiendo un masaje VIP.
Al cruzar miradas, su loba ruge una palabra: «¡MATE!». El cliente de ojos carmesí es Asmodeo Vane, el mismísimo Rey del Inframundo. Él busca a unos demonios traidores compinchados con brujas oscuras y con el tío rebelde de Rosaly para destruir a su familia.
Rosaly no es una sumisa damisela en apuros y Asmodeo no acepta un «no» por respuesta. En medio de un sensual tira y afloja entre la CEO de la ciudad y el Soberano del Abismo, se sellará la alianza más peligrosa de sus vidas. ¿Podrá el fuego del infierno domar el orgullo de la manada?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 22. BRINDIS, HOGUERAS Y ACEPTACIONES

La plaza central de la manada Tierra de Fuego se había transformado por completo al caer la noche. El ambiente tenso y cargado de los días anteriores había desaparecido, sustituido por el crujido de las inmensas hogueras que iluminaban los pinos centenarios con un brillo dorado y acogedor. El olor a azufre y miedo fue sepultado bajo el delicioso aroma de los costillares asándose al fuego, el pan casero que las madres habían horneado y la cerveza artesanal que corría de mesa en mesa en inmensas jarras de barro.

Los lobos de la manada reían, cantaban y celebraban que el peligro de mi tío Gustav y las brujas oscuras había pasado para siempre. Los guerreros del abismo de Asmodeo, vestidos de paisano, se mezclaban con los cambiaformas de forma sorprendentemente pacífica; resulta que compartir un buen trozo de carne asada rompe las barreras culturales de cualquier plano. Celeste y sus brujas de luz también se habían quedado a la celebración, aportando un toque de magia blanca que hacía que pequeñas chispas doradas flotaran sobre las cabezas de los niños de la manada.

Thais y yo estábamos apoyadas en la barandilla de madera del porche de la casa grande, observando el bullicio con sendas copas de vino tinto en las manos.

—Aún me cuesta creer que estemos aquí celebrando, Ros —susurró Thais, dándole un sorbo a su copa con una sonrisa radiante—. Hace veinticuatro horas pensaba que mi hermana pequeña estaba perdida y que acabaríamos sepultadas en una cueva. Y ahora… mira. Lucía no se despega de Saúl ni un segundo.

Miré hacia la hoguera central. Mi hermano Saúl tenía el brazo firmemente pasado por los hombros de Lucía, quien reía animadamente mientras Tobías intentaba robarle un trozo de carne del plato. El lazo entre mi hermano y su Luna estaba más vivo que nunca tras el rescate.

—Nos ha costado un Spa destrozado y unas cuantas canas verdes, pero lo hemos logrado, Thais —respondí con una sonrisa, sintiendo un alivio inmenso en el pecho—. Juntas a full, ¿te acuerdas?

—Siempre, jefa —me guiñó un ojo.

En ese momento, dos figuras inmensas se acercaron al porche, abriéndose paso entre los lobos que les mostraban sinceros gestos de respeto al pasar. Asmodeo y Damian habían dejado atrás la tensión militar de las minas. El Rey Demonio vestía una camisa de lino negro con las mangas remangadas hasta los codos, dejando ver las marcas de fuerza de sus brazos, y sus ojos rojos brillaban con una calidez relajada que me aceleró las pulsaciones al instante. Damian caminaba a su lado, tan imperturbable como siempre, pero con la mirada fija en Thais.

—Vaya, las dos heroínas de la ciudad están aquí escondidas en las sombras —comentó Asmodeo, subiendo las escaleras del porche y colocándose justo a mi lado, rodeándome la cintura con su brazo con una naturalidad pasmosa. El lazo entre nosotros ronroneó de felicidad y Kala dio un brinco en mi mente—. Pensé que la CEO de la manada estaría organizando el servicio de mesas.

—El servicio de mesas se gestiona solo cuando hay buena comida, Vane —le devolví el golpe con una sonrisa de medio lado, apoyando mi cabeza en su hombro ancho—. Además, merezco un descanso. He roto unos grilletes de hierro por mi cuenta hoy, ¿recuerdas?

—Y nunca dejaré de admirarlo, mi reina —murmuró, inclinándose para dejar un beso tierno y prolongado en mi sien, enviándome una oleada de calor que me borró el cansancio de golpe.

A unos pasos, Damian Cross se detuvo frente a Thais. Sin decir una palabra, extendió su mano grande hacia ella. Thais parpadeó, sorprendida por el gesto.

—¿El general supremo quiere bailar en una fiesta de lobos? —le retó Thais, arqueando una ceja canela con pura diversión—. Pensé que los de tu plano solo os movíais en formación militar.

—No sé bailar música humana, Thais —confesó Damian con su habitual tono de granito, aunque una milésima de sonrisa asomó en sus labios—. Pero sé cómo sostenerte para que no te caigas. Y mi instinto me dice que si no te reclamo ahora mismo en la pista, algún lobo joven de tu manada intentará acercarse. Y prefiero evitar tener que enterrar a un aliado en una noche de paz.

Thais soltó una carcajada limpia, dejó su copa sobre la barandilla y colocó su mano sobre la del general.

—Eres un bruto celoso, Cross. Vamos, te enseñaré cómo se mueve una loba de la ciudad.

Vimos cómo Thais arrastraba al imponente soldado hacia el círculo que rodeaba la hoguera, donde los músicos de la manada empezaban a tocar una melodía tradicional con tambores y guitarras acústicas. Damian se movía con cierta rigidez al principio, pero en cuanto Thais rodeó su cuello con los brazos, el general se relajó, sujetándola por la cintura con una posesividad que hizo que Martha, la madre de Thais, suspirara con ternura desde la mesa del consejo.

—¿Y tú qué, su majestad? —le pregunté a Asmodeo, girándome en sus brazos para mirarlo directamente a esos ojos rojos que me volvían loca—. ¿Vas a pedirme un baile o vas a seguir usándome de reposabrazos?

Asmodeo sonrió de par en par, una sonrisa que prometía tormenta de la buena.

—Tus deseos son órdenes, mi hermosa Alfa. Aunque te advierto que en el abismo, los bailes reales suelen terminar con el palacio en llamas por la pasión.

—Aquí nos conformamos con no caernos en la hoguera, Vane —le respondí con una risa contenida mientras me dejaba guiar hacia el centro de la plaza.

Nos sumamos al baile. El ritmo de los tambores era sutil, terrenal, marcando el latido del bosque. Asmodeo me pegó por completo a su pecho, y encajamos de una manera tan perfecta que parecía que hubiéramos bailado juntos durante siglos. Kala y su energía se fusionaron con el fuego de su plano en un abrazo cálido que disipó la fresca brisa de la noche. Sostenerle la mirada en medio de la fiesta, ver el respeto mutuo en sus ojos y sentir la seguridad de su lazo me hizo darme cuenta de que mi exilio voluntario en la ciudad me había llevado exactamente al destino que necesitaba.

Estábamos en mitad de un giro cuando una figura canosa y de espaldas anchas se plantó junto a nosotros, carraspeando ruidosamente para romper el hechizo romántico.

Era mi padre, el Alfa Arthur. Llevaba una jarra de cerveza en la mano y el rostro serio, de esos que pone cuando tiene que presidir el consejo superior. Asmodeo y yo nos detuvimos, y Kala se puso un poco a la defensiva en mi interior, temiendo que mi progenitor fuera a iniciar otro interrogatorio de suegro.

Sin embargo, mi padre miró a Asmodeo de arriba abajo por unos largos segundos de silencio que parecieron eternos, y luego desvió la vista hacia el Valle de las Sombras.

—He estado hablando con Celeste y revisando los límites del túnel de las minas —empezó mi padre, con su imponente voz de Alfa Supremo—. Me han contado cómo cubriste las espaldas de mis rastreadores y cómo entraste en esa caverna derribando la roca viva con tus propias manos.

Asmodeo enderezó los hombros, manteniendo su cortesía de rey pero sin achantarse ante la mirada del líder del bosque.

—Hice lo que cualquier hombre con honor haría por su pareja, Alfa Arthur. No busco medallas en vuestro plano.

Mi padre asintió lentamente, y para nuestra sorpresa, una sonrisa suave y cargada de un orgullo paternal inmenso cruzó su rostro canoso. Levantó la jarra de cerveza hacia Asmodeo en un gesto de brindis oficial.

—Los lobos Tierra de Fuego no somos muy dados a los discursos bonitos, señor Vane —declaró mi padre, eliminando por fin el tono inquisidor—. Pero sabemos reconocer a un verdadero líder y a un protector cuando lo vemos en el campo de batalla. Le diste a mi hija la fuerza para liberarse y luchaste codo con codo conmigo como si hubieras nacido en este bosque. No me entusiasma la idea de que mi primogénita se mude al inframundo en el futuro, no te lo voy a negar... pero sé que no estará en mejores manos que en las tuyas. Tienes mi bendición, Asmodeo. Bienvenido a la familia.

Mi padre le dio una palmada tremenda en el hombro a Asmodeo, de esas que habrían dejado sin aire a un humano común, y se dio la vuelta para unirse a mi madre en la mesa de las Lunas, visiblemente aliviado tras haber cumplido con su deber de padre protector.

Asmodeo se quedó mirándolo marchar con una ceja levantada, frotándose el hombro con diversión.

—Vaya... tu padre tiene un agarre bastante potente, Rosaly. Creo que la prueba del suegro ha sido superada oficialmente.

—Te lo dije, Vane —me reí, rodeándole el cuello de nuevo y pegándome a él mientras la música continuaba—. Si salías vivo de la cueva, tenías la mitad del camino hecho. La bendición de mi padre es el contrato definitivo.

—En ese caso, mi hermosa socia… —susurró Asmodeo, estrechándome más contra él y bajando la cabeza hasta que sus labios rozaron los míos con una caricia abrasadora que me hizo suspirar—, considero que el negocio de la manada está cerrado con éxito. Ahora me muero de ganas de volver a la ciudad para empezar a cobrarme los dividendos de esa cita formal que me prometiste.

La fiesta de la victoria continuó bajo las estrellas, sellando la paz de la manada Tierra de Fuego y la aceptación de los dos demonios más poderosos del abismo en el corazón de nuestra familia. El arco de la guerra familiar había terminado, pero la adaptación de los reyes a la vida urbana del Spa estaba a punto de comenzar.

1
Blanca Montero Angulo
Por la confianza y arrogancia.
Blanca Montero Angulo
Desgraciados parásitos. ojalá los haga sufrir mucho. 😡😡😡😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
Pobresitos los lobitos asesinados. 😭😭😭😭😭😭😭😭😭
Blanca Montero Angulo
Se lo toman bien al menos 😅😅😅😅😅🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔
Blanca Montero Angulo
Y sobre todo la tal morgana. le va a ayudar 🤔🤔🤔🤔😡😡😡😡😡
Nancy Liliana Ayrala Gaeta
me encantó 😍 hermosa historia 🤩
Blanca Montero Angulo
Así es, dejen de jugar carajos 🤔🤔🤔🤔🤔😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
😍😍😍😍😍😍😍😍guao ♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
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