Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Kayla 2
Durante los siguientes días, Kayla se dedicó a observar.
Y cuanto más observaba, más cosas descubría sobre la vida que había heredado.
Al principio había pensado que la antigua Kayla era una joven desagradable con todo el mundo.
Pero pronto descubrió que no era así.
De hecho, era todo lo contrario.
Con las personas de la nobleza, Kayla Fletcher era una señorita ejemplar.
Elegante.
Distinguida.
Educada.
Siempre sabía qué decir, cuándo sonreír y cómo comportarse.
En las reuniones sociales mantenía una postura impecable y hablaba con delicadeza.
Con otros jóvenes nobles era cordial.
Con las damas mayores era respetuosa.
Incluso con sus padres mantenía una actitud apropiada.
Su familia jamás habría imaginado lo que ocurría detrás de las puertas de la mansión.
Porque el problema no era que Kayla fuera grosera con todo el mundo.
El problema era que escogía cuidadosamente con quién podía ser cruel.
Y siempre escogía a quienes no podían defenderse.
Las doncellas.
Los sirvientes.
Los ayudantes de cocina.
Los jóvenes encargados de limpiar.
Personas que dependían de su trabajo.
Personas que no podían responderle.
Personas que, aunque fueran humilladas, tenían que bajar la cabeza y continuar trabajando.
Kayla descubrió aquello poco a poco.
Una mañana vio cómo una doncella derramaba accidentalmente unas gotas de agua mientras limpiaba una mesa.
La muchacha se quedó paralizada.
Kayla comprendió inmediatamente por qué.
Esperaba un grito.
Una reprimenda.
Quizás incluso un castigo.
Pero Kayla simplemente tomó el paño y limpió las gotas.
—No pasa nada.
La doncella levantó la cabeza con una expresión de absoluto desconcierto.
Kayla también se quedó mirándola.
[¿Por qué parece que acabo de hacer magia?]
La joven hizo una pequeña reverencia y continuó trabajando.
Kayla esperó a que se marchara.
Después caminó hasta su habitación y se plantó frente al espejo.
Se miró fijamente.
—Tú...
Levantó un dedo hacia su reflejo.
—Tenemos que hablar.
Su reflejo, por supuesto, no respondió.
Kayla cruzó los brazos.
[¿Qué clase de cobarde eras?]
Se señaló el pecho.
[Con los nobles.. señorita elegante.]
Señaló el espejo.
[Con los padres.. hija correcta.]
Volvió a cruzar los brazos.
[Con las demás familias.. educada y distinguida.]
Luego hizo una mueca.
[¿Y con los sirvientes?]
Su expresión cambió.
[¡Una abusiva!]
Se quedó unos segundos en silencio.
Después comenzó a caminar de un lado a otro.
[¡No puedo creerlo!]
[¡Tenías dieciocho años!]
[¡Eras adulta!]
[¡Y utilizabas tu posición para molestar a personas que no podían responderte!]
Volvió frente al espejo.
—Qué vergüenza.
Se quedó mirándose.
Luego suspiró.
[Al menos ahora estoy yo.]
Y aquello era precisamente lo que más le sorprendía.
La antigua Kayla no era incapaz de comportarse correctamente.
Sabía perfectamente cómo hacerlo.
Sabía ser amable.
Sabía ser educada.
Sabía controlar sus palabras.
Simplemente había decidido que algunas personas no merecían ese mismo trato.
Y eso era algo que la nueva Kayla no estaba dispuesta a aceptar.
Durante los días siguientes empezó a cambiar pequeñas cosas.
Cuando una doncella cometía un error, no gritaba.
Cuando alguien tardaba demasiado en traerle algo, esperaba.
Cuando una sirvienta tropezaba, la ayudaba a levantarse.
Y cada vez que veía el miedo en los ojos de alguien, sentía una pequeña punzada de culpa.
Porque sabía que ese miedo no lo había provocado ella...
Pero sí lo había provocado la persona que había ocupado aquel cuerpo antes que ella.
Una tarde volvió a mirarse al espejo.
—Escucha, antigua Kayla.
Respiró profundamente.
[Te voy a dar una segunda oportunidad.]
Sonrió.
[La misma que me dieron a mí.]
Se acomodó el cabello.
[Así que deja de ser una abusiva.]
Hizo una pausa.
[Ya no puedes mandar aquí.]
Y finalmente sonrió con picardía.
[La nueva dueña de este cuerpo tiene otras ideas.]
Después salió de la habitación.
Y, sin saberlo, aquel pequeño cambio comenzaría a transformar por completo la mansión Fletcher.
Porque por primera vez en mucho tiempo...
Los sirvientes comenzarían a descubrir que Lady Kayla Fletcher ya no era la señorita a la que debían temer.
Aunque todavía no sabían qué clase de señorita tenían ahora frente a ellos.
Dos bombas sexuales🤭👏👏