Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.
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Capítulo 24 La persona que amaba
La puerta se cerró detrás de Victoria.
El golpe resonó en el pasillo.
Clac.
Victoria quedó inmóvil.
Frente a ella, una habitación iluminada por una sola lámpara.
Y una silla.
Alguien estaba sentado de espaldas.
Victoria respiró profundamente.
—¿Quién eres?
La persona no respondió.
Victoria avanzó.
Un paso.
Luego otro.
—No voy a tener miedo.
La figura movió lentamente la cabeza.
—Eso mismo dijiste aquella noche.
Victoria se quedó helada.
Conocía esa voz.
No podía ser.
—Levántate.
La figura permaneció sentada.
—Acércate.
Victoria apretó los puños.
—Primero dime quién eres.
La persona se levantó.
Se giró.
Victoria dejó escapar un grito.
—No…
Era alguien que conocía.
Alguien en quien había confiado.
Alguien que había llorado junto a ella.
Alguien que había estado a su lado cuando todos los demás desaparecieron.
Victoria retrocedió.
—Tú…
La persona sonrió con tristeza.
—Sí.
Victoria negó.
—No.
—Sabía que reaccionarías así.
—Tú no pudiste…
—Morir.
Victoria sintió que las piernas le temblaban.
—Todos dijeron que habías muerto.
—Porque necesitaban que lo creyeras.
—¿Por qué?
—Para protegerte.
Victoria soltó una risa amarga.
—Otra vez esa palabra.
La persona se acercó.
—No vine a hacerte daño.
—Entonces dime la verdad.
—La verdad puede destruirte.
—Ya me destruyeron.
Silencio.
Victoria levantó la barbilla.
—¿Fuiste tú?
—¿Qué?
—¿Tú provocaste el accidente?
La persona la miró fijamente.
—No.
Victoria respiró.
—Entonces ¿por qué Daniel dijo que fue alguien que yo amaba?
La expresión de aquella persona cambió.
—Porque Daniel sabe que tú nunca sospecharías de mí.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Qué estás diciendo?
—Que yo estaba allí.
—¿En el automóvil?
—Sí.
—¿Por qué?
La persona bajó la mirada.
—Porque Arturo me pidió que te vigilara.
Victoria dio un paso atrás.
—¿Me vigilabas?
—Durante años.
—¿Y nunca me lo dijiste?
—No podía.
—¡Siempre pudieron!
Su voz retumbó.
—Todos pudieron hablar. Todos pudieron decirme la verdad. Pero decidieron mentirme.
La persona se acercó.
—Porque eras demasiado importante.
—¿Para quién?
—Para todos.
Victoria negó.
—No.
—Sí.
—No soy especial.
—No entiendes.
La persona tomó un sobre de la mesa.
—Esto estaba en el automóvil.
Victoria lo tomó.
Reconoció la letra.
Era la suya.
—Yo escribí esto.
—Sí.
—¿Cuándo?
—La noche del accidente.
Victoria abrió el sobre.
Solo había una frase.
“Si alguna vez olvido, no dejen que Lucía se vaya.”
Victoria cerró los ojos.
Una lágrima cayó.
—Yo sabía que la amaba.
—Sí.
—Antes de perder la memoria.
—Sí.
—Entonces todo lo que sentí después…
—Nunca desapareció.
Victoria apretó la carta contra su pecho.
—¿Por qué me hicieron olvidar?
La persona respondió:
—Porque Lucía era el motivo por el que podían controlarte.
Victoria levantó la mirada.
—¿Qué?
—Arturo descubrió que estabas dispuesta a morir por ella.
Victoria sintió un nudo en la garganta.
—Y quiso usarla contra mí.
—Exactamente.
—¿Qué hizo?
—La amenazó.
Victoria cerró los ojos.
Ahora entendía por qué Lucía había desaparecido.
Por qué había aceptado alejarse.
Por qué durante tantos años había vivido con miedo.
—¿La obligó a traicionarme?
—Sí.
—¿Y tú lo sabías?
—Sí.
Victoria comenzó a llorar.
—Entonces todos sabían.
—No todos.
—¿Quién no?
La persona guardó silencio.
—Daniel.
Victoria levantó la mirada.
—¿Daniel no sabía?
—No al principio.
—¿Cuándo lo supo?
—Después del accidente.
Victoria apretó los dientes.
—Entonces sí sabía.
—Sí.
—¿Y se quedó conmigo?
—Porque se enamoró de ti.
Victoria cerró los ojos.
—Pero yo nunca lo amé.
—Lo sé.
La persona dio un paso atrás.
—Y él también lo supo.
Victoria sintió una punzada.
—¿Entonces por qué siguió conmigo?
—Porque creyó que podía protegerte.
—¿De Arturo?
—De todos.
Victoria guardó silencio.
Después levantó la mirada.
—Dime quién provocó el accidente.
La persona la observó durante unos segundos.
—Ya lo sabes.
—No.
—Sí.
—Daniel dijo que fue alguien que yo amaba.
—¿Y quién amas?
Victoria sintió que el corazón se le detenía.
—Lucía.
La persona negó.
—No.
—Entonces…
—También amabas a esa persona.
Victoria retrocedió.
—No entiendo.
—La persona que provocó el accidente era alguien a quien considerabas familia.
Victoria quedó inmóvil.
—¿Mi madre?
—No.
—¿Sebastián?
—No.
—¿Julián?
La persona negó.
Victoria sintió un escalofrío.
—Entonces ¿quién?
La persona la miró directamente.
—Yo.
Victoria dejó caer el sobre.
El silencio fue absoluto.
—No.
—Sí.
—Tú no.
—Yo estaba conduciendo.
Victoria comenzó a temblar.
—Daniel conducía.
—Eso es lo que todos creyeron.
—Yo lo vi.
—Viste a Daniel sentado al volante.
—Entonces…
—Después del choque intercambiamos lugares.
Victoria sintió que la cabeza le daba vueltas.
—¿Por qué?
—Porque yo sabía que si Arturo descubría que había sido yo, te mataría.
—¿Tú provocaste el accidente?
—No.
Victoria lo miró.
—Entonces, ¿qué hiciste?
La persona respiró profundamente.
—Intenté detenerlo.
—¿A quién?
—A quien había manipulado los frenos.
Victoria dio un paso.
—¿Quién?
La persona miró hacia la puerta.
—Está afuera.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Arturo?
—No.
—¿Esteban?
—No.
—¿Entonces quién?
La persona respondió:
—Tu padre.
Victoria quedó paralizada.
—Julián.
—No.
—Entonces ya no entiendo nada.
La persona se acercó.
—Porque Julián nunca fue tu padre.
Victoria apretó los puños.
—¿Quién lo fue?
La puerta comenzó a abrirse lentamente.
Victoria giró.
Una sombra apareció detrás.
La persona junto a ella susurró:
—Él.
Victoria miró.
Julián estaba en la entrada.
Herido.
Con sangre en el rostro.
Pero vivo.
—No la escuches —dijo.
Victoria retrocedió.
—¿Qué quieres?
Julián cerró la puerta.
—Salvarte.
Victoria soltó una risa amarga.
—¿Otra vez?
—Esta vez es verdad.
—Entonces dime quién es mi padre.
Julián se quedó inmóvil.
—No puedo.
—¡Todos dicen lo mismo!
Victoria avanzó hacia él.
—¡Quiero una sola verdad!
Julián bajó la mirada.
—Tu padre murió antes de que nacieras.
—Mentira.
—No.
—¡Entonces por qué Arturo dice que una de nosotras lleva su sangre!
Julián guardó silencio.
Victoria sintió que había encontrado la grieta.
—¿Cuál de las dos?
Julián levantó la mirada.
—Isabel.
Victoria quedó inmóvil.
—¿Ella es hija de Arturo?
—Sí.
—¿Y yo?
Julián tardó demasiado en responder.
Victoria comprendió.
—No.
Julián cerró los ojos.
—Tú no eres hija de Arturo.
—Entonces ¿quién?
La puerta volvió a temblar.
Alguien estaba golpeando desde afuera.
¡BAM!
Julián miró hacia atrás.
—No tenemos tiempo.
—¡Dime!
—Tu padre es el hombre que Arturo más odiaba.
—¿Quién?
Julián se acercó.
—El hombre que murió la noche del accidente.
Victoria sintió que el corazón se le detenía.
—¿Mi padre murió esa noche?
—Sí.
—¿Y tú lo conocías?
—Era mi hermano.
Victoria retrocedió.
—¿Qué?
Julián asintió.
—Tu padre era mi hermano.
La otra persona intervino.
—Y también era mi padre.
Victoria la miró.
—Entonces…
La persona tragó saliva.
—Somos hermanos.
Victoria se quedó inmóvil.
La puerta volvió a temblar.
¡BAM!
Una voz gritó desde afuera:
—¡ABRAN!
Victoria miró a Julián.
—¿Quién es?
Julián palideció.
—Arturo.
—¿Y por qué viene por nosotros?
Julián respondió:
—Porque encontró la última grabación.
—¿Qué grabación?
Julián sacó un pequeño dispositivo del bolsillo.
—La que demuestra quién ordenó realmente el accidente.
Victoria extendió la mano.
—Dámela.
Julián negó.
—Si la escuchas, no habrá vuelta atrás.
—Ya no quiero volver atrás.
Julián le entregó el dispositivo.
Victoria lo tomó.
Presionó el botón.
Primero se escuchó estática.
Después una voz.
La voz de Arturo.
—Hazlo.
Otra voz respondió:
—No puedo.
Arturo:
—Si no lo haces, matarán a Victoria.
La otra voz:
—Ella no tiene la culpa.
Arturo:
—Nadie tiene la culpa. Solo necesitamos que desaparezca.
Victoria sintió que el corazón se le aceleraba.
Entonces escuchó una tercera voz.
Una voz de mujer.
Una voz que conocía perfectamente.
—Yo lo haré.
Victoria quedó paralizada.
Lucía.
La voz de Lucía.
La grabación continuó.
—Pero prométeme que no la matarás.
Arturo respondió:
—Te lo prometo.
Victoria dejó caer el dispositivo.
—No…
La persona a su lado cerró los ojos.
—Ahora entiendes.
Victoria negó desesperadamente.
—No.
—Lucía fue quien aceptó provocar el accidente.
—¡No!
—Lo hizo para salvarte.
Victoria comenzó a llorar.
—Ella no haría eso.
—Lo hizo.
—¡Mientes!
—Escucha el final.
Victoria recogió el dispositivo.
La grabación continuó.
La voz de Lucía temblaba.
—Si algo me pasa, dile que nunca dejé de amarla.
Victoria se quedó sin aire.
Después se escuchó un golpe.
Y la voz de Arturo:
—Entonces prepara el automóvil.
La grabación terminó.
Victoria permaneció inmóvil.
Las lágrimas le cubrían el rostro.
—No…
La persona se acercó.
—Victoria…
—¡Cállate!
—Ella no quería matarte.
—¡Cállate!
—Intentó salvarte.
—¡CÁLLATE!
De repente, la puerta explotó hacia dentro.
Arturo entró con varios hombres.
Victoria levantó la mirada.
Arturo apuntó directamente hacia ella.
—Se acabó.
Victoria no retrocedió.
—¿Dónde está Lucía?
Arturo sonrió.
—Eso depende.
—¿De qué?
—De cuánto estés dispuesta a sacrificar para volver a verla.
Victoria dio un paso.
—¿Dónde está?
Arturo se acercó.
—En la casa.
Victoria palideció.
—¿Qué casa?
Arturo sonrió.
—La misma donde empezó todo.
Detrás de él, Daniel apareció.
Tenía el rostro desencajado.
—Victoria, no vayas.
—¿Por qué?
Daniel miró a Arturo.
—Porque Lucía no está sola.
Victoria sintió un escalofrío.
—¿Con quién está?
Daniel respondió:
—Con el hombre que provocó el accidente.
Victoria apretó los puños.
—Entonces vamos.
Arturo sonrió.
—Eso esperaba.
Y mientras todos abandonaban la habitación, Victoria no vio que la persona que había permanecido con ella durante los últimos minutos recogía discretamente el dispositivo de la grabación.
Lo guardó en su bolsillo.
Y susurró:
—Todavía no sabes la última parte.