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EL NIDO DEL FENIX. ALIANZA DE ALQUILER

EL NIDO DEL FENIX. ALIANZA DE ALQUILER

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Matrimonio arreglado / Matrimonio contratado / Romance / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Natalia tiene 25 años y es la exitosa CEO de un prestigioso bufete de abogados en Londres. Sin embargo, su imperio de cristal esconde un pasado oscuro: huyó de Zúrich para escapar de un matrimonio forzado impuesto por su multimillonario y arcaico padre. Cuando el patriarca la localiza y le lanza un ultimátum económico para arrastrarla de vuelta a Suiza, Natalia y su mejor amiga diseñan una solución desesperada: contratar a un marido de alquiler para blindarse legalmente.
Lo que Natalia no imagina es que el candidato enviado en secreto por su hermano es Óscar Alexander Sterling, su primer amor de la adolescencia. Nueve años de separación lo han transformado de un chico desgarbado con gafas en un imponente, musculado y sofisticado ingeniero naval. Ella no lo reconoce, y él decide ocultar su identidad para protegerla. Encerrados en una convivencia forzada dentro de un ático de una sola habitación, la pasión y los roces domésticos no tardarán en estallar.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 2. EL PRIMER DIA EN EL MUNDO REAL

El cambio de ciclo escolar llegó acompañado de un viento otoñal que parecía arrastrar los últimos restos de mi infancia. Tras la traumática tarde en la que descubrí el pacto de mi padre, los meses restantes en el colegio de niñas pasaron como una neblina borrosa. Me dediqué a estudiar con una intensidad casi obsesiva, refugiándome en las notas perfectas para no pensar en el contrato que pesaba sobre mi cabeza. Pero el tiempo no se detiene, y finalmente llegó el día de ingresar al instituto.

Para mi padre, que yo asistiera a un instituto público mixto de la zona alta de Zúrich era simplemente un trámite necesario para que obtuviera el bachillerato internacional antes de enviarme a una universidad de prestigio. Para mí, en cambio, significaba cruzar una frontera invisible hacia un territorio completamente desconocido.

Toda mi vida se había reducido a los muros de nuestra mansión, a los paseos controlados con Thomas y a un aula de monjas donde solo compartía pupitre con chicas de mi misma clase social. El concepto de convivir con chicos de mi edad me aterraba y me fascinaba a partes iguales. En los libros que Thomas me colaba en la habitación, los chicos eran descritos como caballeros o como aventureros intrépidos; en la realidad de la adolescencia, estaba a punto de descubrir que podían ser mucho más crueles.

Recuerdo perfectamente mi primer día. Llevaba un uniforme impecable, aunque en este nuevo centro no era obligatorio. Mi madre se había empeñado en que luciera perfecta, alisando cada pliegue de mi falda y colocándome una diadema azul en el pelo que combinaba con mis ojos.

—Sé amable con todos, Natalia —me había sintonizado ella con una sonrisa dulce antes de que el chófer me dejara en la entrada—. Recuerda quién eres y el apellido que representas. Las señoritas de nuestra familia siempre destacan por su gracia.

Al bajar del coche y ver el patio del instituto, me sentí ridículamente fuera de lugar. Cientos de adolescentes se amontonaban en las escaleras, reían a carcajadas, se empujaban y hablaban a un volumen que me pareció ensordecedor. Los chicos vestían vaqueros desgastados, sudaderas amplias y zapatillas deportivas. Las chicas caminaban en grupos compactos, murmurando secretos al oído y lanzando miradas críticas a los recién llegados. Sentí que todas las miradas se clavaban en mí, en mi ropa formal y en mi postura rígida. Era como un cisne metido a la fuerza en un corral de gallinas.

Las primeras semanas fueron un auténtico choque cultural. En las clases, los chicos se sentaban al fondo, tiraban bolas de papel cuando el profesor se daba la vuelta y hacían comentarios ruidosos que hacían reír a toda la clase. Yo me sentaba siempre en la primera fila, con la espalda recta y los bolígrafos perfectamente ordenados sobre la mesa, intentando pasar desapercibida. Pero mi timidez, sumada a mi ropa de marca y al hecho de que un coche de lujo me recogiera cada tarde en la puerta principal, no tardó en convertirme en el blanco perfecto.

El acoso comenzó de forma sutil. Risitas a mis espaldas cuando salía a la pizarra, susurros que se cortaban de golpe cuando pasaba por el pasillo y motes como "la princesita de papá" o "la muñeca de porcelana". Al principio intenté ignorarlo, repitiéndome a mí misma las palabras de Thomas sobre mantener la mente fría y jugar a largo plazo, pero la hostilidad fue ganando terreno.

El cabecilla del grupo que me había tomado manía se llamaba Marcus. Era un chico de mi curso, alto para sus catorce años, con una sonrisa burlona y una corte de dos amigos que le reían todas las gracias. Marcus disfrutaba demostrando su poder ante los demás, y mi aire de superioridad involuntaria —que no era más que puro pánico— le resultaba intolerable.

—Miren, ahí va la heredera —solía gritar en el patio para que todos lo escucharan—. Cuidado no la toquen, no sea que se rompa o que su papi nos mande a sus abogados.

Cada palabra se sentía como un golpe, pero yo apretaba los dientes, agachaba la cabeza y seguía caminando hacia la biblioteca, que se había convertido en mi único refugio durante los descansos. Deseaba con todas mis fuerzas que Thomas estuviera allí para protegerme, pero él ya estaba en la universidad, absorbiendo los conocimientos de gestión empresarial que mi padre le exigía, y solo podíamos hablar por las noches.

El punto de inflexión ocurrió un viernes por la tarde, justo a la salida de las clases. El cielo de Zúrich estaba gris y amenazaba tormenta, reflejando perfectamente el tormento que estaba a punto de vivir. Me retrasé unos minutos en el aula de música para recoger mis partituras, por lo que el patio ya estaba prácticamente desierto cuando salí al exterior. Apresuré el paso, con la mochila al hombro, deseando ver los faros del coche de nuestro chófer esperándome en la verja principal.

Sin embargo, al torcer la esquina del edificio principal, cerca de la zona de los casilleros exteriores, tres sombras me cortaron el paso. Era Marcus y sus dos inseparables secuaces.

—¿Tan rápido te vas, princesita? —preguntó Marcus, cruzándose de brazos y cerrándome el camino con una sonrisa maliciosa—. Hoy no está tu cochecito esperándote. Parece que tu papá se ha olvidado de su joya más preciada.

—Déjenme pasar, por favor —dije, intentando que mi voz sonara firme, aunque el corazón me latía con tanta fuerza en el pecho que temía que pudieran escucharlo.

—¿Y si no queremos? ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a llorar? —se burló uno de los acompañantes, dándole un empujón a mi mochila que me hizo tambalear.

Intenté rodearlos, pero Marcus se interpuso con brusquedad. Extendió las manos y me empujó con fuerza por los hombros. Perdí el equilibrio por completo. El suelo de asfalto frío y rugoso me recibió con violencia. Mi mochila se abrió, desparramando mis libros, mis cuadernos y mis lápices por los charcos de agua que empezaban a formarse por la lluvia fina.

Sentí un dolor agudo en las rodillas y en las palmas de las manos, que se habían raspado contra el suelo. El ardor de las heridas no era nada comparado con la humillación que me quemaba por dentro. Las lágrimas, calientes y rebeldes, acudieron a mis ojos, pero me negaba a dejarlas caer frente a ellos.

—Mírala, si parece una muñeca rota —se rio Marcus, señalando mis cuadernos empapados—. A ver si ahora tu dinero te sirve para levantarte del suelo.

Los tres chicos se carcajearon, disfrutando de mi absoluta indefensión. Me quedé allí, hecha un ovillo sobre el asfalto húmedo, sintiendo cómo el mundo que tanto me había costado construir se desmoronaba por completo. En ese instituto mixto, lejos de las monjas y de la protección de mi hermano, yo no era nadie. Era solo una víctima fácil para su crueldad.

Justo cuando Marcus se agachaba para coger uno de mis cuadernos arruinados, probablemente para romperlo y rematar su faena, una voz grave, profunda y cargada de una fría autoridad resonó a nuestras espaldas, rompiendo el eco de sus risas.

—Dejen eso en el suelo y lárguense de aquí. Ahora mismo.

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Maria del Carmen Herrera
Una linda historia de amor, de sueños, de superación. Bien narrada. Me gustó! Gracias autora por brindarnos este material! Adelante!!
Adiana Navas
muy linda historiae enamoró
Maria del Carmen Herrera
Lindo capítulo 💕
Shony Zatarain
excelente 🌹
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, sin matadero y maldad, solo un padre que quiso someter a sus hijos a sus decisiones, sin importar lo que ellos querían, los hermanos apoyándose mutuamente....
Felicidades autora que sigan los éxitos!!! ☺️
Yolanda Vaca
Dicen 17 años y ella tiene 25 años y según la novela se firmó ese contrato cuando nació!!!
Maria del Carmen Herrera
Humm...ya sé...es ficción...Perooo...algo de cordura... La salida del problema no impediría que el padre, frustrado por no poder llevar a cabo su plan, igualmente destruya el prestigio de su buffet, aunque sea temporalmente. Solo por venganza
Eva Sirena
Enhorabuena de lo mejor que he leido, gran temática, buena redacción y se entiende perfectamente su drama. Muchas gracias y siga así
Helizahira Cohen
interesante una trama sencilla, pero ese padre es de lo último como es capaz de esa locura
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
Hiradia Cohen
Yo no puedo creer que ella ni el tono de voz le parezca conocido al menos algún rasgos se que son 9 años pero la voz sigue siendo la misma tengo 72 años y es mi misma voz físicamente uno puede cambiar algo pero no como para no reconocer nada
Helizahira Cohen
Va muy interesante y vi que es corta
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