Su familia la vendió para saldar una deuda
Adrian Ferraro la compro para cerrar un trato
El contrato decía su nombre, una cifra y una fecha de entrega
No decía que tenia los ojos rotos de tanto llorar
No decía que temblaba como si el aire doliera
Pero negocios son negocios, hasta que él la vio y la toco para entender una cosa
Acababa de comprar su propia perdición y su única regla
#Ella no se toca
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castigó
La mano de Rizzo sube despacio por mi muslo, me niego abrir mis ojos, aunque un ruido en la puerta me obliga abrirlos
La puerta no se abrió, se arrancó de la bisagra terminando en el suelo, no hubo gritos, no hubo advertencia, Adrián en dos pasos llego hasta nosotros, agarro a Rizzo del cuello golpeandolo contra la pared, levantado del piso, agarrado del cuello con una sola mano, los pies de Rizzo patean en el aire, buscando suelo.
Adrián no lo miraba a él, me mira a mí, algo que me asusta más, pensara que tuve la culpa o tal vez la tuve, salí de la habitación sin permiso, mi cara pálida, la marca roja de los dedos de Rizzo en mi barbilla, como me abrazo el vestido amarillo como si fuera armadura, tiemblo y mi respiración se me dificulta
Adrián- tranquila Ámbar, respira de forma tranquila, pausada, cuenta la respiración
Hace el gesto de respirar, lo sigo mirándolo, hasta que mi respiración se normaliza y me siento mejor
Adrián- ¿Mejor?- le asiento así que mira a Rizzo- Dije que ella no se toca.
Rizzo gorgoteó, rascando la mano de Adrian. —J-jefe... yo... solo...
Adrián- Dijiste- ladeó la cabeza- que era la perra de todos
Los ojos de Adrián no son los mismos que me miraba no hace mucho, si mirada cambio
Adrián- ¡Enzo!
Enzo apareció en la puerta rota, pistola en mano, Pálido y así de nuevo quede yo, acaso es para mi
Adrián- Sácale la lengua -ordenó, sin dejar de mirar a Rizzo- Ayer lo dije, hoy lo cumplo
Rizzo empezó a llorar, a patear más fuerte- ¡Perdón, jefe! ¡Perdón! ¡No sabía!
Adrián me mira a mí y de nuevo a Rizzo- Ahora sabés
Le soltó el cuello, Rizzo cayó al piso, tosiendo, babeando, antes de que pudiera levantarse, el zapato de Adrián le pisó la mano sana, la mano que me tocó, el crujido de huesos llenó la cocina, el aullido de Rizzo también
Si eso le tocó a su hombre de confianza, que me espera a mí
Adrián se agacha, le habla al oído, pero lo suficientemente alto para que yo escuchara, para que la casa entera escuchara.
Adrián- Regla número dos, Rizzo- Le levantó la cara agarrándolo del pelo- La regla número uno es que ella no se toca, la dos... es que si alguien olvida la uno, yo le recuerdo por qué me dicen Ferraro.
Se levantó, miró a Enzo- Llevatelo, le cortás la lengua y me la traés en una caja, después lo tirás en la puerta de los Acosta con una nota: “La deuda está pagada, el próximo que la mire, que la toqué, lo entierro vivo.”
Enzo asintió y arrastró a Rizzo que lloraba fuera de la cocina
Silencio fue lo que siguió
Adrian se quedó quieto, manos en los bolsillos, Mirándome, no me moví ni un musculo, Sigo contra la mesada, temblando, que me espera ahora
Adrián- el vestido -dijo al final, señalando con la cabeza- Quemalo
Parpadeó, confundida, no sabe que es lo único que tengo
Adrián- nunca más te lo ponés- aclaró con voz baj- Nunca más te vestís como deuda en mi casa, sobre la cama encontrarás ropa para que te cambies
Dio media vuelta para irse, ya estaba en la puerta cuando me decidí hablar
-Adrian - primera vez que digo su nombre, sin darme cuenta, debía decirle señor
Él se frenó, no se dio vuelta, seguro se enojó, hable sin permiso
Adrián- dime
-Gracias -susurró- Por... llegar a tiempo.
Adrian apoyó una mano en el marco roto de la puerta, apretó hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
Adrián- Siempre voy a llegar a tiempo, Ámbar- dijo, sin mirarme- Aunque tenga que cruzar el infierno
Se fue, dejándome sola en la cocina
Conté las horas, una hora, dos horas, tres horas, que castigo me dará, mi desobediencia le costó un hombre, uno de confianza, salí de la habitación sin permiso, hable sin permiso, escucho la puerta alguien golpea, de inmediato me pongo de rodillas, posición de gato, cabeza agachada, escucho que la puerta es abierta
Adrián- que haces en el suelo
No respondo, no quiero más golpes de los que ya me espera
Adrián- Ámbar te he preguntado algo, que haces arrodillada
- esperando mi castigó señor
Adrián
Escuche bien, me acaba de decir que está arrodillada, humillada, esperando castigó, ¿Por qué la castigaría?
- dime que has hecho
Tiembla, lo puedo notar
- estoy esperando Ámbar
Ámbar- salí de la habitación sin permiso- dice temblando y con poca voz- provoque que usted debiera acabar con su hombre de confianza, su enojo, hable sin permiso, estoy esperando él castigó
Trato de calmarme, acaso por tonterías la castigaban o esas ideas le metió su madre en la cabeza, ni siquiera se sacó el vestido que le dije que tirara
- Ámbar creí haberte dicho que te quitaras ese vestido, porque aún lo tienes puesto
Se endereza sentándose sobre sus rodillas y se lo saca tirándolo al suelo y quedando en ropa interior, vuelve a la posición anterior aun temblando más
Ámbar- lo siento señor, no volverá a pasar, me pondré lo que usted diga
- no es eso Ámbar, puedes vestir lo que desees, pero ese vestido está horrible, como te vestían con ropas así, ahora levántate
Ámbar- lo siento señor, no volverá a pasar lo juró
Como hago que entienda que no estoy enojado con ella sin perder la poca paciencia que de por sí tengo, deberé cambiar mi forma de hablar, expresarme y tener más cuidado, en lugar de acercarla a mí, solo la estoy alejando más