Me casé enamorada con mi primer novio cuando tenía justo 18 años, lo amaba sin límites, era mi todo, pero tres años de casada no había podido quedar embarazada, eso me estaba causando nostalgia, aparte me sentía presionada por los padres de Vincent, y hasta de mi familia, que no tenía muy buena relación con ellos porque odiaba que siempre estuvieran de parte de mi hermanastra siendo que ella era adoptiva y yo su hija biológica. Lo peor vino cuando encontré a mi esposo revolcandose con ella. Mi familia no me apoyó,
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Presión alocada
Federico llegó a la cita que había conseguido en el colegio con una de las maestras de aquel entonces.
Pero no contaba que Olivia lo había seguido sigilosamente.
— Maldito viejo, eso era lo que estabas escondiendo. Miró su vehículo donde estaba estacionado. Tomó su teléfono, la voz del otro lado de la línea se enfadó.
— ¿Que quieres Olivia? - si no me darás más dinero ni te esfuerces en llamarme.
Ven inmediatamente a la dirección que te voy a enviar, pero necesito que lo hagas para ¡yaaa! - gritó con rabia.
— Viejo imbesil si crees que con saber la verdad me vas a dejar por esa maldita basura de tú hija. No te lo voy a permitir.
— ¡Te odio maldita! - ¡te odio Zoé! ¡quiero que mueras, maldita mil veces maldita! ¡Todo es mío, todo me pertenece, mis padres son míos, Vincent ahora es mío, la herencia de mí padre siempre me ha pertenecido, soy la señora Evans! - gritó dentro de su auto fuera de control.
DENTRO DEL EDIFICIO DEL PLANTEL.
Federico le mostró la foto de Olivia y después la de Zoé.
— Intento obtener información, creo que cometí un error y aunque se que ya no hay vuelta atrás, quiero enterarme de la verdad. - expresó Federico, muy diferente a su habitual postura.
Zoé es mi hija biológica, Olivia la adopte a los cinco años de edad.
La mujer negó. Y suspiró.
Zoé fue la chica más fuerte y disciplinada, siempre obtuvo los primeros puntos de la carrera, una chica súper espectacular. Llevo a nuestra escuela a los primeros lugares a nivel estatal.
— Sin embargo Olivia…
Lo pensó por unos instantes
— Debe disculparme, por lo que le voy a decirle. Fue una piedra en el zapato de la pobre Zoé.
— Olivia compró la calificación real, obviamente cuando lo supimos se despidió a los implicados maestros y secretarios del colegio. Y a Olivia se le suspendió.
Federico hizo un gesto de no entender nada.
— ¿No lo sabía? - preguntó la mujer.
— Pero Olivia se graduó con honores.
— No, no había como hacerlo, bueno quizás lo hizo de la manera que ella sabía. - le dijo mirando como palidecía.
— Compró el título. - lo entendió.
La maestra asintió.
— Eso creo.
Zoé siempre nos sorprendió, era dedicada con la interesa de graduarse, a pesar de que no guardo el debido reposo por haberte donado su médula, estábamos en plenos exámenes para graduarse, pero ella ni siquiera así lo tomó en cuenta. Y lo logró.
Federico se tambaleó, se tuvo que sujetar de la pared.
— Se encuentra bien.
Gracias por la información.
La maestra, lo observó, sin entender que le había sucedido, pero el hombre le dijo que estaba bien, cuando intentó ayudarlo. Lo observó por un par de segundos, retirándose a la clase que impartía.
Federico llegó a su auto, deteniéndose para respirar se había dejado manipular por una víbora sin remordimientos.
Había estado engañado durante más de quince años. Y Zoé había sido la víctima, la iba a enfrentar. Pero primero tenía que advertirle a Vincent. Del alacrán que se había echado encima.
Zoé jamás lo iba a perdonar, le dolía el pecho, sus lágrimas aparecieron en sus ojos por un instante, pero las limpió con rapidez, era su culpa haber confiado en quien menos se lo merecía.
Subió a su automóvil, un Grand Prix clásico que era una maravilla a su ver, tomó la carretera que lo llevaba hasta la ciudad, tenía que advertirle también a su esposa de quién era Olivia. Ya lo había decidido, rompería lazos con ella.
MANSIÓN NEWMAN.
Un fin de semana que Xavier disfrutaba con su mujer, el sentado en un sofá y Zoé en medio de sus piernas viendo películas, era una costumbre adquirida por la chica, y el por complacerla sería capaz de comer algodón de azúcar.
Irene reía de verlo asumiendo su papel de un hombre complaciente.
Para Zoé era relajante sentir que Xavier se esforzaba para que ella pudiera sentirse confortable, porque sabía que él se quería adaptar a ella y eso la enamoraba mucho más.
Se levantó y el le rodeó su cuerpo con ambos brazos.
Para Zoé su toque era firme y protector, como si quisiera grabar su amor en su piel. Zoé dejó escapar un suspiro.
Su sola presencia llenaba el aire con una calidez que contrastaba, con lo que sentía en el pecho. Un cálido beso sintió en su cuello. Para después sentarse flotando cuando Xavier la levantó en brazos subiendo con ella a la habitación, mientras que ella suspiró sonriendo.
MIENTRAS TANTO.
Federico observó un cartel, en unos pocos kilómetros estaba a punto de entrar a la ciudad, por lo tanto tenía que bajar la velocidad, pues el límite se reducía, pero al querer frenar no obtuvo respuesta de los frenos, lo intentó de nuevo, y no fuenciono, de pronto un pensamiento cruzó por su cabeza.
El vehículo aumentó la velocidad, no sabía que hacer, el freno de mano estaba atascado parecía echó adrede. Mientras tanto el auto seguía avanzando a gran velocidad.
Alcanzó su teléfono, tratando de comunicarse con Vincent, estaba llegando a una curva pronunciada y eso era muy peligroso a la velocidad que el vehículo avanzaba.
— Hola, - respondió Vincent al otro lado de la línea, estaba nervioso ya que estaba llegando a la clínica pues el doctor le avisó que sus estudios estaban listos, quería leerlos para él.
— Vincent, necesito ayuda de emergencia, los frenos no me responden, vengo por la estatal apunto de tomar una curva. Me voy a volcar sobre un peñasco.
Vincent se preocupó.
Tranquilo, trata de usar el freno de mano. - sugirió.
Está atascado esto fue premeditado. Fue todo lo que escucho para enseguida escuchar un estruendo fuerte. Llamó a emergencias y dio los señalamientos. Federico se había volcado por lo mínimo esperando que no hubiera pasado a mayores.
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