Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...
NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 11
La lluvia continuaba cayendo sobre la mansión Kivilcim.
Nadie se movía.
Nadie parecía capaz de comprender lo que acababa de ocurrir.
Fraize estaba allí.
Viva.
De pie frente a Güner.
Durante tres años, su nombre había sido pronunciado en voz baja, rodeado de dolor, rumores y secretos. Su tumba había permanecido en el cementerio como la prueba definitiva de su muerte.
Pero ahora...
Todo era una mentira.
Güner observaba a Fraize como si estuviera contemplando una aparición.
—No puede ser —repitió.
Fraize sintió que aquellas palabras le atravesaban el corazón.
Había imaginado aquel encuentro durante años.
Había pensado en lo que diría.
Había imaginado que Güner correría hacia ella.
Que la abrazaría.
Que le pediría explicaciones.
Pero no había imaginado aquella mirada.
No era alegría.
Era miedo.
Y eso la destruyó más de lo que esperaba.
—Soy yo —dijo suavemente.
Güner negó con la cabeza.
—No.
—Güner...
—¡No!
Su voz hizo que todos se sobresaltaran.
Denmet permanecía unos pasos atrás, observando.
Por primera vez, sintió que estaba presenciando algo demasiado íntimo.
Demasiado doloroso.
Güner pasó una mano por su rostro.
—Yo te vi.
Fraize bajó la mirada.
—Lo sé.
—Vi tu cuerpo.
Ella cerró los ojos.
—No era mío.
El silencio cayó sobre todos.
Emre abrió los ojos.
—¿Qué?
Güner parecía incapaz de respirar.
—¿De qué estás hablando?
Fraize levantó lentamente la mirada.
—Después del accidente...
Su voz comenzó a temblar.
—Alguien me sacó del coche antes de que llegara la policía.
Kerem apareció en ese momento desde el interior de la mansión.
Al ver a Fraize, dejó caer las llaves que sostenía.
—Dios mío...
Fraize lo miró.
—Hola, Kerem.
Él permaneció completamente paralizado.
—Esto...
—No es posible —terminó Güner.
Fraize volvió a mirar a su esposo.
—Pero es verdad.
Güner comenzó a caminar de un lado a otro.
—Entonces, ¿quién estaba en el coche?
—No lo sé.
—¡¿Cómo que no lo sabes?!
Fraize respiró profundamente.
—Cuando desperté, estaba en otro lugar.
—¿Dónde?
—No puedo decirlo.
—¿Por qué?
Fraize bajó la mirada.
—Porque todavía hay personas que podrían encontrarme.
Güner soltó una amarga risa.
—Han pasado tres años.
—Y durante esos tres años he vivido escondida.
—¿Sin decirme nada?
Fraize levantó la mirada.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No podía.
—¡Yo pensé que estabas muerta!
El grito de Güner resonó por toda la entrada.
Denmet sintió un nudo en el estómago.
Fraize comenzó a llorar.
—Lo sé.
—¡Fui a tu funeral!
—Lo sé.
—¡Te enterré!
La mujer dio un paso hacia él.
—Güner...
—¡No me toques!
Fraize se detuvo.
Aquellas palabras fueron como un golpe.
Güner retrocedió.
—Tres años.
Su voz se quebró.
—Tres años creyendo que la mujer que amaba había muerto.
Fraize cerró los ojos.
—Yo también sufrí.
—¿Y eso debería hacerme sentir mejor?
—No.
—Porque no lo hace.
El silencio volvió a ocupar el lugar.
Selin observaba la escena desde la distancia.
Su rostro estaba pálido.
Murat, oculto entre algunos árboles del jardín, observaba cada movimiento.
Fraize estaba viva.
Eso cambiaba los planes.
Pero también podía ser una oportunidad.
—Todos adentro —ordenó Güner.
Nadie se atrevió a discutir.
La familia se reunió en el gran salón.
Fraize permaneció de pie.
Güner estaba frente a ella.
Kerem y Emre se encontraban cerca de las ventanas.
Selin había tomado asiento en uno de los sillones, intentando ocultar el temblor de sus manos.
Denmet permanecía junto a la puerta.
—No tienes que quedarte —le dijo Güner.
Ella lo miró.
—Lo sé.
—Entonces.
Denmet bajó la mirada.
—Pero quiero hacerlo.
Güner no insistió.
Fraize observó a la joven.
Había notado las miradas.
La cercanía.
Y algo en su interior comenzó a incomodarla.
—¿Quién es ella? —preguntó.
Güner miró a Denmet.
—Trabaja aquí.
Denmet sintió una extraña decepción.
Solo trabaja aquí.
Eso era todo.
Fraize sonrió con amabilidad.
—Entiendo.
Pero su mirada decía otra cosa.
—Mi nombre es Fraize.
—Denmet.
—Mucho gusto.
Denmet intentó sonreír.
—Igualmente.
Selin observó aquel intercambio.
Y, por primera vez, comprendió que Denmet y Fraize podían convertirse en enemigas sin que ella tuviera que hacer nada.
Eso le convenía.
—Ahora habla —dijo Güner.
Fraize respiró profundamente.
—La noche del accidente, descubrí algo.
Selin cerró los ojos.
—¿Qué? —preguntó Kerem.
Fraize miró lentamente a cada uno de los presentes.
—Descubrí que alguien estaba robando dinero de la empresa.
Güner frunció el ceño.
—¿Qué?
—Durante meses desaparecieron pequeñas cantidades.
—Eso es imposible.
—Yo también lo pensé.
Fraize miró a Güner.
—Pero encontré documentos.
Kerem se acercó.
—¿Los tienes?
—No.
—¿Dónde están?
Fraize guardó silencio.
—La memoria USB —dijo Güner.
Fraize asintió.
—Todo estaba allí.
Güner sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.
—Entonces alguien quiso recuperarla.
—Sí.
—¿Quién?
Fraize miró directamente a Selin.
La mujer se puso de pie.
—No.
Todos se giraron hacia ella.
—Fraize, no.
Güner frunció el ceño.
—¿Qué sabes tú?
Selin comenzó a retroceder.
—Yo no hice nada.
Fraize dio un paso hacia ella.
—¿No?
—¡No!
—Entonces mírame a los ojos y dime que no estabas allí.
Selin comenzó a llorar.
—Yo...
—Dímelo.
—¡No sabía que iba a ocurrir!
El silencio fue absoluto.
Güner abrió los ojos.
—¿Qué?
Selin comprendió que había cometido un error.
—Yo no...
Fraize se acercó.
—¿Quién estaba contigo?
Selin negó con la cabeza.
—No.
—¿Quién estaba contigo?
—¡No puedo decirlo!
Güner caminó hacia ella.
—Selin.
Ella levantó la mirada.
—No puedo.
—¡Dime quién estaba allí!
Selin comenzó a llorar desesperadamente.
—Tenía miedo.
—¿De quién?
Pero antes de que pudiera responder, las luces se apagaron.
La mansión quedó completamente oscura.
Denmet dejó escapar un pequeño grito.
—¿Qué ocurrió?
—¡Nadie se mueva! —ordenó Güner.
Durante unos segundos solo se escuchó la lluvia.
Entonces...
Un disparo.
El sonido atravesó el salón.
Denmet gritó.
Alguien cayó al suelo.
Las luces regresaron.
Todos miraron alrededor.
El rostro de Güner perdió el color.
—¡Fraize!
Fraize estaba en el suelo.
Una mancha roja comenzaba a extenderse sobre su ropa.
Denmet corrió hacia ella.
—¡Está herida!
Güner cayó de rodillas junto a Fraize.
—No.
La mujer respiraba con dificultad.
—Güner...
—No hables.
—Escúchame.
—¡No!
—Fue...
Fraize intentó hablar.
Su mirada se dirigió hacia algún lugar del salón.
Güner siguió la dirección de sus ojos.
Pero no había nadie.
La ventana estaba abierta.
El viento movía las cortinas.
—¿Quién lo hizo? —preguntó Kerem.
Emre corrió hacia la ventana.
—¡Hay alguien afuera!
Salió inmediatamente.
Güner volvió a mirar a Fraize.
—Quédate conmigo.
Denmet permanecía junto a ellos.
Su corazón latía con fuerza.
Fraize miró a Güner.
Después miró a Denmet.
Sus ojos se encontraron durante un instante.
Fraize pareció comprender algo.
Una expresión de tristeza apareció en su rostro.
—Ten cuidado...
Denmet se acercó.
—¿Qué?
Fraize intentó hablar nuevamente.
—Él...
Su voz desapareció.
—Fraize —susurró Güner.
La mujer perdió el conocimiento.
—¡Llamen a una ambulancia!
Todo se convirtió en caos.
Empleados corriendo.
Emre regresando sin haber encontrado a nadie.
Kerem llamando a la policía.
Selin permaneciendo inmóvil.
Y Güner sosteniendo la mano de la mujer que había creído muerta.
Denmet dio un paso hacia atrás.
Sintió que ya no debía estar allí.
Güner necesitaba a Fraize.
Fraize necesitaba a Güner.
Y ella...
Ella no tenía ningún lugar entre ellos.
Comenzó a alejarse lentamente.
Pero Güner levantó la mirada.
—Denmet.
La joven se detuvo.
—Quédate.
Ella lo miró.
—Güner...
—Por favor.
Por primera vez, no había una orden en su voz.
Solo desesperación.
Denmet observó a Fraize.
Después volvió a mirar a Güner.
Sabía que quedarse podía significar sufrir.
Sabía que aquella historia era demasiado peligrosa.
Pero no pudo irse.
Se acercó nuevamente.
Y tomó la mano de Güner.
Él apretó sus dedos.
Durante unos segundos permanecieron unidos.
Sin importar el pasado.
Sin importar a Fraize.
Sin importar los secretos.
Pero Selin observó aquel gesto.
Y comprendió algo.
Denmet no era simplemente una empleada.
Era una amenaza.
Una amenaza para sus secretos.
Y ahora...
También para el corazón de Güner.
Mientras la ambulancia se acercaba a la mansión, Murat observaba desde la oscuridad.
Había fallado.
Fraize estaba viva.
Pero aquello no significaba que hubiera terminado.
Al contrario.
La guerra apenas comenzaba.
Murat tomó su teléfono.
—Tenemos que cambiar el plan.
Una voz respondió.
—¿Qué ocurrió?
Murat miró hacia la mansión.
—Fraize regresó.
El silencio fue inmediato.
—Entonces elimínala.
Murat sonrió.
—Eso intenté.
—¿Y?
—Fallé.
La voz permaneció en silencio durante unos segundos.
—Entonces no falles otra vez.
La llamada terminó.
Murat guardó el teléfono.
Desde la ventana de la mansión podía ver a Güner junto a Fraize.
Y también a Denmet.
Sonrió lentamente.
Porque ahora sabía exactamente cómo hacer daño a Güner.
No necesitaba matar a Fraize.
Había una forma mucho más efectiva.
Tenía que destruir a Denmet.
Y entonces...
Güner volvería a conocer el verdadero dolor.
CONTINUARÁ...