BL!!
¿Castigar a tu lobo por llamar destinado al vampiro que se casará con tu hermana?
¿Negar el instinto , los celos y la decepción de un lobo?
Para Nyx que su lobo llame destinado a Lazarus es un error, solo es un chupasangre engreído que se casara con su hermana por el bien de ambos reinos , ¿porque importarle?
Lo mejor sería negarlo y solo proteger su reino de la amenaza externa que advierte que le quitarán su alma……
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El regreso
La luz de la mañana atravesó las ramas de los árboles.
Nyx abrió los ojos lentamente.
Durante unos segundos no recordó dónde estaba.
Entonces sintió el calor a su lado.
Giró la cabeza.
Ronen seguía dormido.
Nyx permaneció en silencio, observándolo.
No sentía culpa.
No sentía arrepentimiento.
Había sido una noche junto al lago, como tantas otras que habían compartido años atrás.
Una parte de él incluso se sentía extrañamente tranquila.
Se incorporó y comenzó a buscar su camisa entre la hierba.
—¿Buscas esto?
Ronen levantó la prenda y se la tendió.
—Gracias.
Nyx se la puso y se acomodó el cabello.
Al hacerlo, sintió una ligera molestia en el cuello.
Ronen había dejado varias marcas visibles sobre su piel.
Nyx tocó una de ellas con los dedos.
—Eso va a ser difícil de ocultar.
Ronen sonrió.
—¿Te molesta?
Nyx lo miró.
—No.
Y era verdad.
No le molestaban.
Solo sabía que en el castillo llamarían la atención.
Terminó de vestirse y se puso de pie.
Ronen también se levantó.
—¿Volverás?
Nyx se quedó pensativo.
Miró el lago.
Después a él.
—Quizás.
Ronen sonrió.
—Entonces esperaré.
Nyx no respondió.
Se acercó y le dio un último beso antes de alejarse.
—Adiós, Ronen.
—Hasta pronto, Nyx.
Nyx comenzó a caminar hacia el bosque.
No miró atrás.
No sabía que aquella despedida significaba mucho más para Ronen de lo que él imaginaba.
Para Nyx, simplemente había sido reencontrarse con alguien de su pasado.
Para Ronen, había sido recuperar algo que siempre había considerado suyo.
⸻
Cuando el castillo apareció entre los árboles, Nyx respiró profundamente.
Había recuperado el control.
Su lobo estaba tranquilo.
Y, por primera vez en varios días, Nyx sintió que podía pensar con claridad.
Entró por una de las puertas laterales para evitar a los guardias y avanzó por los pasillos.
Pero apenas dobló una esquina, escuchó una voz.
—Buenos días.
Nyx se detuvo.
Lazarus estaba apoyado contra una columna.
Sus ojos recorrieron lentamente el rostro de Nyx.
Después bajaron hasta su cuello.
Las marcas.
La sonrisa de Lazarus desapareció.
—¿Quién fue?
Nyx sostuvo su mirada.
—No es asunto tuyo.
Y continuó caminando.
Pero cuando pasó junto a él, escuchó la voz de Lazarus, mucho más fría que de costumbre.
—Tal vez tengas razón.
Nyx siguió avanzando.
Sin embargo, por primera vez desde que había vuelto al castillo, su lobo se removió dentro de él.
Y esta vez no dijo una palabra.
Solo sintió la presencia de Lazarus alejándose detrás de él.
Como si algo dentro de ambos hubiera cambiado.
......................
Nyx consiguió llegar hasta sus habitaciones sin encontrarse con nadie más.
Cerró la puerta detrás de él y se apoyó contra ella.
Por fin podía respirar.
Se miró en el espejo.
Las marcas en su cuello seguían allí.
—Genial…
Buscó una camisa de cuello alto entre sus prendas, pero antes de poder ponérsela escuchó unos golpes.
—Nyx.
Reconoció la voz inmediatamente.
Isolde.
—Pasa.
Su hermana entró y se quedó quieta al verlo.
Sus ojos fueron directamente a su cuello.
Nyx supo exactamente lo que estaba pensando.
—No digas nada.
Isolde levantó ambas manos.
—No iba a decir nada.
—Tu cara dice lo contrario.
Ella intentó contener una sonrisa.
—¿Ronen?
Nyx se quedó callado.
Eso fue suficiente respuesta.
Isolde suspiró.
—Pensé que no volverías a verlo.
—Yo también.
—¿Estás bien?
Nyx la miró.
—Sí.
Y esta vez no estaba mintiendo.
—No fue un error, Isolde. No estoy arrepentido.
Ella asintió lentamente.
—Entonces no tengo nada que decir.
Nyx se sorprendió.
—¿De verdad?
—Es tu vida.
Isolde se acercó y acomodó ligeramente el cuello de su camisa para cubrir las marcas.
—Solo ten cuidado.
Nyx sonrió.
—Siempre.
Isolde estaba a punto de salir cuando se detuvo.
—Aunque hay algo.
—¿Qué?
—Lazarus está de muy mal humor.
Nyx frunció el ceño.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
—No lo sé.
Isolde sonrió de lado.
—Pero cuando le pregunté qué le pasaba, dijo que no tenía nada que ver contigo.
Nyx soltó una risa seca.
—Entonces definitivamente tiene que ver conmigo.
Mientras tanto, en otra parte del castillo…
Lazarus estaba solo.
Había intentado convencerse de que las marcas en el cuello de Nyx no significaban nada.
No era asunto suyo.
Nyx podía estar con quien quisiera.
No existía ningún vínculo entre ellos.
Al menos, eso era lo que Lazarus se repetía.
Pero cuanto más intentaba ignorarlo, más recordaba la imagen.
La piel de Nyx.
Las marcas.
El olor de otro hombre sobre él.
Lazarus cerró los ojos.
Su mandíbula se tensó.
—Ridículo.
No tenía derecho a sentirse así.
No eran pareja.
Ni siquiera eran amigos.
Y, además, él supuestamente iba a casarse con Isolde.
Entonces, ¿por qué aquella sensación se parecía tanto a los celos?
Lazarus abrió los ojos.
—Esto no me gusta.
Una voz apareció detrás de él.
—¿Qué cosa?
Lazarus se giró.
Isolde.
—Nada.
Ella lo observó.
—Mentiroso.
Lazarus sonrió.
—Aprendes rápido.
Isolde se cruzó de brazos.
—¿Te molesta lo que hizo mi hermano?
La sonrisa desapareció.
—No.
—Lazarus.
Él guardó silencio.
Isolde suspiró.
—No tienes que fingir conmigo.
Lazarus la miró durante unos segundos.
—No sé qué me molesta.
Aquella respuesta la sorprendió.
—Entonces quizá deberías averiguarlo.
Isolde se marchó.
Lazarus quedó solo otra vez.
Y por primera vez desde que había conocido a Nyx, dejó de pensar en el vínculo destinado.
Dejó de pensar en las profecías.
Dejó de pensar en las alianzas.
Solo pensó en una cosa.
No soportaba imaginar a Nyx con otro hombre.
Y eso era mucho más peligroso que cualquier destino.